Innovación

La uruguaya que cofundó empresa de US$ 5.000 millones y decidió volver a emprender

Evelyn Landman será una de las speakers del Punta Tech 2019. Con 21 años viajó a Israel sin saber hebreo, estudió ingeniería en electrónica, cofundó Mellanox en 1999 y hace dos años abandonó la empresa para crear Proteantecs.

Emprendedora. "Ahora es más fácil emprender, tengo la misma energía y más experiencia", aseguró. (Foto: Gentileza Evelyn Landman)
Emprendedora. "Ahora es más fácil emprender, tengo la misma energía y más experiencia", aseguró. (Foto: Gentileza Evelyn Landman)

Era 1985, tenía 21 años, no le gustaba la carrera de Ingeniería Química que había comenzado y quería salir a «ver y ampliar su mundo». Así fue que la uruguaya Evelyn Landman recaló en Israel —y sin saber hebreo— para cursar la carrera de Ingeniería en Electrónica. Casi 30 años después, ese mismo espíritu inquieto la llevó a dejar la comodidad de la empresa millonaria que cofundó junto a ocho personas en Israel para volver a emprender desde cero.

Es que a Landman, los desafíos siempre le atrajeron. Por ejemplo, le costó casi un año entender completamente qué decían y escribían en el pizarrón sus profesores. Pero la barrera idiomática no la frustró. Para sortearla, se apoyó en libros de la carrera en inglés y lo poco que había aprendido de hebreo en un curso de tres meses. Tampoco le pesó el hecho de ser una de las seis mujeres —entre casi 300 alumnos— que integraban su generación.

Ninguna de esos escollos la detuvieron y en 1988 ingresó a trabajar en Intel. Once años más tarde un nuevo desafío la llevó, junto a ocho empleados de la multinancional, a renunciar para emprender. Cocrearon entonces Mellanox Technologies, donde se desempeñó como vicepresidenta de diseño, testeo de chips, sistemas y cables ópticos hasta 2016.

Hoy la compañía es proveedora global de soluciones y servicios de interconexión inteligente basados en tecnología Ethernet e InfiniBand, y de almacenamiento e infraestructura hiperconvergente para servidores, cotiza en Nasdaq, emplea a más de 3.000 personas y está valuada en unos US$ 5.000 millones.

Sus productos —chips, cables y software, entre otros ítems— son utilizados por gigantes como Microsoft, Alibaba, Facebook, la Nasa, y centros de investigaciones de universidades de EE.UU., Europa y Japón, entre otros.

A pesar del éxito, la chispa emprendedora y las ganas de hacer «cosas nuevas» la llevaron a dejar la compañía. Durante un año estuvo realizando consultorías junto a Shai Cohen (ex compañero en Intel y cofundador de  Mellanox), con quién finalmente creó una nueva tecnología que daría forma a la startup que llevan adelante junto a otros dos exMellanox: Proteantecs.

El emprendimiento, que ya recibió US$ 10 millones de inversión, se especializa en generar productos con base en inteligencia artificial, machine learning, big data, analítica, y otras tecnologías, para «monitorear la salud» y hacer mantenimiento predictivo de chips. Landman reveló que dos veces al año visita Uruguay para descansar y visitar familiares y amigos.

La primera de este año será para participar como speaker de la onceava edición del Punta Tech, el encuentro tecnológico que tendrá lugar este lunes 14 en el Centro de Convenciones de Punta del Este. Además del interés por el evento, a Landman la une una amistad desde la infancia con Sergio Fogel y Pablo Brenner, co creadores junto a Ariel Pfeffer, del clásico tecnológico.

Como antesala, Landman conversó con El Empresario desde Israel sobre cómo fue cursar una carrera casi exclusiva de hombres, crear una empresa multimillonaria, volver a emprender después de los 50, y su visión sobre qué tiene Israel para ser referente tecnológico.

—Como mujer, ¿tuvo que sortear dificultades extras por dedicarse a una carrera casi exclusiva de hombres?

—Es cierto que no hay muchas mujeres en esta carrera, se ven más en Ingeniería en Computación. De hecho, en mi generación de 300 personas que hicimos el curso, solo seis éramos mujeres. Por suerte, cuatro éramos amigas y eso ayudó. De todas formas ser mujer no me jugó en contra, no tuve problemas ni en la carrera ni para encontrar trabajo.

—Hoy Mellanox cotiza en Nasdaq y está valuada en unos US$ 5.000 millones, ¿cuál fue el diferencial que llevó al éxito global de la compañía?

—La compañía hace chips, cables, software, entre otros productos, para conectar computadoras o discos para que intercambien datos de una manera rápida. Lo que hicimos fue como «sacarle trabajo» al CPU (procesador de las computadores) porque antes no solo debía hacer cálculos sino también transferencia de datos. Hicimos que otra parte lo hiciera en forma rápida y sin que se pierda nada. Creamos un nuevo protocolo de intercambio de información, InfiniBand, porque Internet no daba para procesar esos datos. En 1999 era fácil conseguir inversiones y como nuestra empresa era de hardware y no la afectó la crisis de las «puntocom». Ganamos mercado rápidamente porque cuando sos chico sos más ágil y rápido, y podés hacer cosas antes incluso que un grande pueda moverse. Y si lo hacés bien y llegás primero, tenés una oportunidad. Pero no todo fue perfecto, tuvimos altibajos. En 2003 nos quedamos solos en el mercado y eso no fue bueno. Los demás que competían (IBM e Intel) se fueron y eso es como una señal de que el mundo confía menos en esta tecnología. En 2008 fue otra época difícil porque bajó la bolsa (Nasdaq). Pero sorteamos esos problemas y hace años que está muy consolidada.

—Recibieron ofertas para adquirir la empresa, ¿por qué dijeron que no?

—Hay muchas startups que se crean con la meta de venderlas pero no queríamos hacer eso sino crear una para que fuera grande en Israel y genere trabajo. Ocurre a veces que vende la startup muy rápido, la empresa (compradora) se la llevan del país y mucha gente se queda sin empleo. Buscamos ser algo que mantenga a la gente trabajando.

—A fines de 2015 abandonó la empresa para emprender de nuevo, ¿por qué?

—Siempre quise hacer otra cosa, tenía ideas en mi cabeza que quería llevar a cabo. Además, me pareció que estaba haciendo demasiado de lo mismo. Después de 17 años había hecho todo lo que me parecía que podía hacer en Mellanox. Otros compañeros también se fueron y dijimos «es ahora o nunca». Ahora es más fácil emprender y tengo experiencia y la misma energía. Con el acceso a la información se ve rápidamente qué hay, se chequea si existe o no una patente del producto que uno creó. Y la idea no es casual. Durante nuestra estadía en Mellanox pudimos entender qué pasaba y qué hace falta en esta industria. Se utilizan procesos más avanzados porque ahora todo es servicios, desde el cloud hasta el auto que una vez que sea autónomo será un servicio con la parte de electrónica que trabajará 24/7. Entonces creamos una solución que estudia el diseño del chip y aprende con machine learning, simulaciones rápidas, analítica, deep data (información que viene desde dentro del chip), sobre su salud para hacer mantenimiento predictivo. La tecnología también se puede implementar en la fábrica de chips para mejorar la calidad de los productos que salen, detectar si tienen algún defecto.

—¿Qué tiene Israel que permite crear compañías tecnológicas globales?

—Acá comenzó todo porque algunas empresas grandes llegaron convencidas por personas de Israel que viajaron por el mundo. Cuando llegué solo estaban Intel, IBM y Motorola. Ahora ya maduró el ecosistema, todo está preparado para que las cosas pasen. Pero también es un tema de que a la gente le gusta la aventura, hacer sus propias cosas, probar, son menos conservadoras. Y a los que le va bien le gusta compartir y eso contagia a otros. Así se ha creado una red de contactos muy fuerte, y si necesitás ayuda para empezar es fácil conseguirla, así como inversión del exterior. Además, trabajar en empresas globales enseña a las personas cómo se hacen las cosas bien y así, cuando salen al exterior, hacen trabajos de calidad.

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