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El foco en las habilidades acaba con el estigma de la educación vocacional

La dificultad para cubrir vacantes y el elevado desempleo impulsan la formación por competencias. Existen cursos que incluyen sistemas de pago por tasa de éxito.

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EE.UU. Un creciente número de egresados de universidades se siente frustrado. (Foto: Google Images)

Por décadas, la educación vocacional ha sufrido las maldiciones gemelas de un bajo estatus y una innovación limitada. Los políticos equiparaban la educación superior con las universidades tradicionales del tipo a las que ellos asistieron. Los padres han alejado a sus hijos de los "talleres de artes manuales". Y se ha dejado languidecer a los estudios vocacionales, como residuos de una era industrial.

Hay buenas razones por las que la educación vocacional debería ganar terreno. El mundo está plagado por el desempleo juvenil. Al mismo tiempo, las empresas se quejan por la escasez de habilidades: un 27% de los empleadores europeos sondeados por la consultora McKinsey había dejado una vacante abierta el último año porque no encontró a alguien con los atributos correctos; un tercio dijo que la falta de habilidades les está causando grandes problemas.

La democratización de las universidades resultó una forma costosa e ineficiente de ofrecer educación superior masiva. Un creciente número de estadounidenses piensa que recibió poco por su dinero: con clases impartidas por estudiantes de doctorado y no profesores; forzados a subsidiar costosos programas de investigación y recibiendo, al final, un título universitario que ya no conlleva automáticamente un empleo deseable.

La frustración con el statu quo está conduciendo a un estallido de innovación. La "educación basada en competencias" suena tediosa, pero revierte la mayoría de los principios básicos de la enseñanza académica. Trata de transmitir el dominio de las habilidades relacionadas con el trabajo en vez del dominio de una disciplina académica en particular. Está diseñada para un mundo de aprendizaje continuo en vez del sistema universitario de "tres o cuatro años y acabaste". El conocimiento se divide en "módulos" y los estudiantes los toman a su conveniencia –a lo largo de meses o años, en las noches o asistiendo a cursos de tiempo completo– y los combinan en cualquier forma que resulte tener más sentido para su carrera.

La evaluación es continua conforme los estudiantes dominan diferentes habilidades, en vez de representarse en un solo certificado de título. Un currículo ofrece un resumen constantemente actualizado de las habilidades que la persona ha adquirido.

La mezcla de tecnología nueva y métodos de enseñanza diferentes está atrayendo a una veintena de participantes. El Colegio de América de la Universidad del Sur de Nueva Hampshire allanó el camino ofreciendo títulos basados en competencias por US$ 2.500 al año. Udacity, una empresa de educación por Internet, se ha unido a empresas como AT&T para ofrecer "nano-títulos": certificados relacionados con empleos que pueden completarse en entre seis y 12 meses por US$ 200 al mes.

Dev Bootcamp ofrece un curso de nueve semanas para programadores computacionales pagado en parte por un sistema de pago por tasa de éxito. La empresa cobra a los empleadores por cada graduado contratado, después de que completan 100 días en el puesto, y al mismo tiempo reembolsa a los estudiantes una parte importante de sus pagos de colegiatura.

En un nuevo libro electrónico, Clayton Christensen, de la Escuela de Negocios de Harvard, y Michelle Weise, del Instituto Christensen, argumentan que esto presagia una revolución: un nuevo enfoque de aprendizaje que haga mucho uso del Internet, pero vincule la educación más estrechamente con el trabajo. El énfasis en competencias en vez de en temas hará a la educación vocacional más adecuada para las economías postindustriales. También desafiará al dominio de las universidades conforme los estudiantes se den cuenta de que ya no tienen que amasar enormes sumas para adquirir habilidades negociables. (En base a The New York Times)

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