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"Algo muy caserito puede terminar en una cadena hotelera muy grande"

De crear blends para el Dalai Lama a emprender con Tealosophy, Inés Bertón se la juega a innovar. En el primer año de la empresa, pasó de producir de 500 kilos a 14.000 kilos de té.

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Ingredientes. El secreto es saber comprar y consolidar, asegura Inés Bertón. (Foto: Gentileza Tealosophy )

Haciendo gala de su diagnosticado olfato absoluto y sus estudios de la milenaria cultura del té, llegó a crear blends para el Dalai Lama, la realeza europea y afamadas cadenas hoteleras. A Inés Bertón le iba muy bien en Nueva York, pero en 2002 decidió soltarlo todo y volver a su Argentina natal, donde creó Tealosophy, con más de 100 variedades de blends. En 2004, desarrolló té en saquitos premium para Inti Zen y Chamana, que hoy están en una veintena de países. Al visitar Montevideo para disertar en la actividad "Un tropezón no es caída" del programa Más Emprendedoras (de Endeavor y BID-Fomin), Bertón dialogó sobre su trayectoria con El Empresario.

—¿Es cierto que en Tealosophy empezaron envasando en bolsitas de garrapiñada?

—Sí, cerradas con chinche de mariposa. Uno se da cuenta de quiénes están hace mucho tiempo porque todavía tienen marcada la mano de la chinche (risas). Era tremendo. Las pymes están hechas en un 80% de pasión y un 20% de capital. Cuando de editorial Santillana me llamaron para escribir unos fascículos con los que salían 900.000 latas de té éramos cinco para envasar. Tuvimos que tercerizar. Fue un cambio muy grande en nuestra estructura.

—El primer año pasaron de 500 a 14.000 kilos de producción. ¿Qué papel juega la logística?

—Es muy importante, porque requiere saber muchas cosas. La entrada a los puertos no es fácil. Traemos ingredientes de todas partes del mundo; la documentación requiere de alguien muy capacitado. Nos hemos hecho especialistas en mover ingredientes responsablemente. Estamos muy atentos a lo que pasa en las cosechas que compramos. El secreto es comprar en el momento exacto y consolidar todo junto para moverlo.

—¿De qué regiones importan y dónde consolidan?

—Las bases son casi todo el noreste de India, Sri Lanka y Darjeeling para tés negros, Japón y el pie de los Himalayas (entre Nepal, Bután y China) para los tés verdes y Taiwán para los semifermentados. A partir de ahí empieza cada ingrediente: verbena del sur de Francia, frutos rojos de la Patagonia, manzanilla egipcia, especias de Birmania, vainillas de Madagascar, cacao de Venezuela… Consolidamos mucho en Hamburgo y Rotterdam, por un tema de puertos. Y tenemos dos plantas industriales en Argentina.

—El negocio del té fue afectado por la enfermedad de SARS y tsunamis. ¿Cómo lo enfrentó?

—En ese momento no existía Inti Zen ni Tealosophy, aún trabajaba en EE.UU. para Tea Emporium de New York y como buyer de una compañía alemana, donde diseñaba el té para muchísimos hoteles y restaurantes. Con el tsunami aprendí que en cada proyecto necesito hasta un plan D. Estábamos con una cosecha en Sri Lanka, teníamos que salir, los puertos se vieron afectados y nos vimos obligados a cosechar en otra región con gente que no estaba acostumbrada a hacerlo. La velocidad de reacción es importantísima en esto. También cuando trabajás con la naturaleza se aprende mucho a leer la letra chica en los contratos.

—¿Qué mecanismos usan para innovar en Tealosophy?

—Dicen que la creatividad es el coraje divirtiéndose y es muy así. En Tealosophy hacemos dos semanas que se llaman think outside the box, donde revemos cada cosa que hacemos y pensamos qué haríamos igual y qué cambiaríamos. Después tenemos una semana que se llama come fly with me donde vale decir todo. De ahí han salido proyectos geniales. Una vez entrando en casa corté de mi jardín una ramita de romero, una lavanda, lo até con un poquito de lemon grass y lo tiré a la bañadera. La segunda vez, até un colador al tapón de la bañadera y adentro le puse lavanda, eucaliptus y manzanilla. Y la tercera vez puse unos saquitos gigantes como tub teas y lo vendimos a toda la cadena Ritz Carlton a nivel mundial. Lo que comienza muy caserito termina en una cadena hotelera muy grande.

—¿Qué se ve haciendo en los próximos años?

—Sueño con que Tealosophy sea el Hermès del té. Me gustaría que alguien viniera a manejar la empresa para poder destinar el 100% de mi energía como directora creativa y brand ambassador.

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