ENTREVISTA 

Brad Smith: "No se puede romper todo en el camino"

El presidente de Microsoft cuestiona el método arrasador con que la industria tecnológica practica la innovación y a su vez confiesa su preocupación acerca de los efectos de la tecnología de reconocimiento facial en las libertades individuales. 

Brad Smith, presidente de Microsoft
Brad Smith, presidente de Microsoft

Es abogado. Nació hace 60 años en Milwaukee, Wisconsin. Con su postura conciliatoria, obtuvo el puesto de director general legal de la compañía y, a partir de entonces, se convirtió en pieza fundamental de Microsoft, al punto que, en 2015, fue nombrado presidente por el CEO, Satya Nadella. Tras ser casi un «dinosaurio» en la industria, la empresa ahora brilla gracias a una estrategia interna y externa basada en valores como transparencia con sus clientes, diversidad en sus equipos de trabajo, colaboratividad con la comunidad tech y empatía hacia los grandes desafíos de la humanidad, desde la investigación médica hasta la inmigración. Y la inteligencia artificial es su gran apuesta.

El Papa Francisco se reunió con usted en febrero. ¿Por qué cree que un líder religioso de 81 años como él podría estar interesado en una empresa como Microsoft y el devenir de la inteligencia artificial?

Estamos en una nueva era de cambio profundo impulsado por la tecnología, que está remodelando las sociedades a nivel global. Entonces, es un momento clave para que las empresas que estamos llevando adelante estos desarrollos analicemos las cosas con una mirada más abierta y abarcadora. La inteligencia artificial no es nada menos que crear máquinas con la capacidad de tomar decisiones que antes solo podían tomar los seres humanos. ¿Cómo queremos que piensen estas computadoras? Porque todos los problemas éticos que tienen las personas son los mismos que van a tener que enfrentar las máquinas. Encima, se trata de temas que la humanidad viene debatiendo no por siglos, ¡sino por milenios!, sin llegar a un consenso en muchísimas ocasiones. Así que la inteligencia artificial no va a solucionar todo mágicamente, pero al menos debe incorporar disciplinas como la filosofía y la religión, porque solo así va a reflejar nuestra humanidad. Es el gran desafío, y es enorme.

Si recordamos que la imprenta, la máquina de vapor o el auto también fueron tecnologías que transformaron el mundo, ¿por qué está la sensación de que esta nueva era es la más crucial de todas?

Sin duda, en los últimos 300 años, de la Revolución Industrial para acá, vimos un cambio increíble a raíz de la tecnología. Pero creo que la era que vivimos hoy no tiene paralelismo con ninguna otra. ¿Qué es tan nuevo y diferente? Que nunca antes habíamos contemplado a las máquinas como lo estamos haciendo ahora. Siempre las vimos como instrumentos que podían superar nuestra fuerza, pero jamás nuestro cerebro. Se acerca un salto tal en la tecnología que, en un futuro cercano, las máquinas podrían pensar mejor que las personas. Y la perspectiva no solo nos resulta novedosa sino, sobre todo, perturbadora.

¿Cómo sería esa inteligencia artificial aplicada al servicio de la humanidad?

Para empezar, muy poderosa. Quizá, la más poderosa para responder a algunos de los desafíos más grandes de la actualidad... y que vamos a tener por mucho tiempo. Por ejemplo, un problema urgente es el cambio climático y creo que hay pocos ámbitos en donde la tecnología puede tener mayor impacto que cuando se trata de monitorear, prever y gestionar el sistema natural de la Tierra. Dentro de nuestra iniciativa AI For Good (Inteligencia artificial para el bien), que incluye AI For Earth (Inteligencia artificial para la Tierra), en Microsoft impulsamos el trabajo conjunto de ingenieros de datos con científicos ambientales, para descubrir nuevas y mejores formas de entender el estado del agua, la tierra, el aire, la diversidad de flora y fauna, etcétera. Un caso concreto: imagine a un agricultor que puede saber en tiempo real —gracias a sensores en la tierra y en la estratósfera y a través de una app en su celular— si se viene una sequía o una fuerte precipitación. Esto le permite hacer un mejor uso de sus recursos, empezando por el agua, que en muchos lugares es escasa y muy valiosa. El beneficio no es solo para el agricultor, sino que puede impactar directamente en la necesidad de alimentar a la humanidad entera. Y ya estamos haciendo pruebas en distintos rincones del mundo. En Latinoamérica son cinco puntos: México, Guatemala, Nicaragua, Puerto Rico y Argentina.

La perspectiva de que las máquinas piensen mejor que las personas resulta perturbadora"

Brad Smith, presidente de Microsoft
Brad Smith Presidente de Microsoft

Desarrollos así demuestran que las empresas tecnológicas tienen un impacto que trasciende su industria y la búsqueda de una ganancia solo económica. ¿Coincide?

Sí, y soy un convencido de que, por sobre todas las cosas, tenemos una responsabilidad enorme. La industria tech siempre se jactó de ser rápida, de ir muy por delante de todo lo demás. Y llevó la bandera de la disrupción de una manera que, personalmente, nunca me hizo sentir muy cómodo. Hubo un eslogan, que usaba el equipo de Facebook, que se volvió muy famoso: «Movete rápido, rompé cosas». Pero mi postura es que la tecnología hoy es tan importante para nuestras vidas que no puede darse el lujo de ir a una velocidad que rompa todo en el camino. Si tuviera que reversionar ese mantra, diría: «No te muevas más rápido de lo que te permite la velocidad del pensamiento». Eso implica reflexionar más y mejor, con un análisis profundo, con una mirada abarcativa. Por supuesto, necesitamos que la innovación sea rápida, pero de una manera cuidada para que las preocupaciones más amplias de la sociedad sean contempladas.

Siendo 100% honesto: ¿su opinión es la que predomina en Silicon Valley, la cuna global de la innovación tecnológica?

La industria tecnológica es muy grande y tiene muchas personas con visiones diferentes. Sin embargo, percibo que la mirada está cambiando, aunque, obviamente, todavía falta que cambie mucho más. Creo que el sector se está despertando, va abriendo los ojos a la transformación que es necesaria. Es un trabajo todavía en construcción.

Microsoft
"En Microsoft somos muy claros en esto: buscamos ser socios en lo que se pueda y separarnos cuando se deba", dijo Smith sobre la relación de la compañía con Donald Trump.

¿Por qué suele hablar fuerte y claro sobre inmigración, diversidad y demás temas incómodos sobre los que otros líderes prefieren no opinar?

Creo que las empresas tenemos una voz y usarla. Por supuesto, ninguna persona ni organización debería estar por encima de la ley. Pero primero hay que pensar: ¿cuál es la ley? Es una pregunta válida y todos podemos participar en el debate de esas leyes, sobre todo en algo tan incipiente como lo es, por ejemplo, la ciberseguridad y la privacidad de nuestros datos, ya que todavía falta mucho para que estén completamente reguladas. Entiendo que, a veces, las personas tienen miedo de que las empresas tengan demasiado poder en la definición de cuestiones políticas; me parece una preocupación válida. Pero, si llevamos adelante nuestro negocio de manera transparente y opinamos de la misma manera, es bueno para la sociedad que las empresas demos nuestra opinión en el debate público. En cuanto a hablar de cosas incómodas, mi postura es que una organización no debería salir a opinar sobre todo, sino solo sobre aquellos temas que le competen o que involucran a quienes se relacionan con ella. Pero, cuando pienso en la intersección entre tecnología y derechos humanos, por ejemplo, me parece que el principal peligro no es que haya empresas con pensamientos malos, sino compañías cuyos líderes no piensan lo suficiente en estos temas, y que no se hagan a sí mismos y a la sociedad las preguntas difíciles, aun cuando no tengan todas las respuestas.

Necesitamos que la innovación sea rápida, pero de una manera cuidada"

Brad Smith, presidente de Microsoft
Brad SmithPresidente de Microsoft

The New York Times lo llamó «el embajador de facto de la industria tecnológica». ¿Cómo vive el desafío de relacionarse con (y, muchas veces, enfrentarse a) la administración de Donald Trump?

En Microsoft somos muy claros en esto: buscamos ser socios en lo que se pueda y separarnos cuando se deba. En temas de ciberseguridad, por ejemplo, estamos alineados al gobierno estadounidense y colaboramos activamente. Pero hay otras cuestiones, como la visión que tiene sobre la inmigración, en las que no estamos de acuerdo y no solo nos separamos, sino que incluso nos enfrentamos, como cuando presentamos una demanda judicial contra el gobierno para evitar que se cancele DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia). Y no fue la primera vez que nos tocó hacer algo así: demandamos a la administración Obama varias veces, para proteger la privacidad de datos de nuestros clientes y, a pesar de ello, con ese gobierno tuvimos una buena relación. Lo más importante es no hacer de estas cosas algo personal. Nunca nos van a escuchar criticar a un determinado político o funcionario, sino que lo que hacemos es disentir en políticas públicas y defender lo que creemos que debemos defender, de manera clara y directa, aunque sin perder el respeto.

¿Qué peligro ligado con la tecnología le viene dando vueltas en la cabeza últimamente?

Por primera vez, con la tecnología de reconocimiento facial, hay una herramienta —aún no regulada por ley— que le podría dar a los gobiernos la habilidad de seguir a cualquiera a donde sea, y a todos a todos lados. Esto tiene profundas ramificaciones, que podrían afectar las libertades básicas con las que las sociedades funcionan. No se trata de no desarrollar esta tecnología (Microsoft lo hace, como muchas otras empresas), sino de que pensemos juntos qué tipo de mundo queremos y generemos el marco legal para hacerlo bien, antes de que nos despertemos en el año 2024 y se parezca demasiado a la novela 1984.

En temas de ciberseguridad estamos alineados con Trump"

Brad Smith, presidente de Microsoft
Brad SmithPresidente de Microsoft

"La privacidad no murió, cambió de naturaleza"

Brad Smith, presidente de Microsoft
Smith cita a Dickens para definir el estado de situación de la privacidad: "Es el mejor de los tiempos y es el peor de los tiempos".

Con el auge de redes, apps y toda la información que circula en diversas plataformas, ¿no es hora de admitir que la privacidad murió?

Acá pasa algo que siempre me hace acordar al inicio de Historia de dos ciudades, de Charles Dickens: «Es el mejor de los tiempos y es el peor de los tiempos». Por un lado, todos estamos creando más datos que nunca, y hay más información de cada uno de nosotros, y más y más personas tienen acceso a esa información. En ese sentido, podríamos decir que la privacidad está bajo amenaza. Por otro lado, las leyes están avanzando, los gobiernos están tomando acción, y eso es un cambio fundamental. Pero, por sobre todas las cosas, lo que cambió es el significado de la privacidad. Antes, algo era considerado privado si era secreto. Ahora, pasa más por una cuestión de control. O sea, quizá quiero mostrar mis fotos a mis amigos en Facebook, pero me enojo si a esas mismas fotos acceden otros, o peor: si se venden a terceros sin mi consentimiento ni conocimiento. Así que no diría que la privacidad está muerta, pero sí que cambió de naturaleza.

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