TEMA DE ANÁLISIS

Las dificultades en la industria se generalizan

En los últimos años, si se excluyen la refinería y la celulosa, el resto de la industria cae -6,7%.

Industria manufacturera. Foto: Pixabay
Industria manufacturera. Foto: Pixabay

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El cierre de algunas empresas de marcas reconocidas provocó el debate sobre los problemas que enfrenta la industria manufacturera en nuestro país. El punto principal en la discusión pública giró sobre el concepto de evolución natural de las empresas por la cual es habitual que algunas cierren y otras abran. Esta evolución existe y es el motor del progreso, sin embargo en este caso hay otras fuerzas por detrás: el cambio tecnológico global y el encarecimiento en dólares de nuestro país. Los resultados de la encuesta industrial que realiza el INE dan cuenta de esto y del impacto que está teniendo en el mercado laboral.

El volumen físico de producción de la industria sin considerar a la refinería de Ancap registró una caída del -2,9% en el año 2018. De las 71 industrias encuestadas hay 9 que en la actualidad no se dispone información porque están representadas por una sola empresa y el secreto estadístico oficial limita su publicación. Por lo tanto, además de la refinería de Ancap hay 61 industrias de las cuales 39 registraron caída en su producción en el promedio del año pasado. De las 22 que no cayeron en el año hay 7 que se mantuvieron estables o subieron menos del 1,5%.

Las dificultades parecen ser más generalizadas de lo que sugiere la hipótesis de la evolución natural de la vida de las empresas. La producción de bienes con las nuevas tecnologías se hace más intensiva en capital y en conocimiento. En muchos casos la ganancia de eficiencia está en producir a escalas muy grandes, lo cual para el tamaño del país es insuficiente. En ese contexto es lógico que se achique el sector industrial del país y que cierren más empresas industriales de las que abren.

Por detrás de lo que ilustran los números del INE y las noticias del cierre de algunas fábricas hay otro tema muy relevante que es la pérdida de competitividad de las empresas uruguayas debido al incremento de los costos medidos en la moneda de sus competidores globales. Producir en Uruguay es cada vez más caro en dólares y no hay ganancia de productividad que lo compense.

Quizás algunas ramas y empresas pueden profundizar en este concepto de competitividad y poner el énfasis solamente en el costo laboral. En este caso, además de la suba del costo de la hora trabajada hay que destacar una normativa para contratar trabajo de terceros que tiene una carga impositiva importante. Además el marco regulatorio es complejo y con el objetivo de otorgar derechos a los trabajadores genera un estado de incertidumbre tal sobre qué se podrá encontrar en el futuro la empresa que desestimula la contratación de personas.

Estos dos efectos, la falta de escala y el encarecimiento, son muy fuertes y desde 2013 están pegando en la producción nacional en forma gradual pero sostenida. En el gráfico de la zona superior del cuadro adjunto, se puede observar la evolución del índice de volumen físico sin la refinería de petróleo. Este sector se excluye debido a la distorsión que provoca en las comparaciones por sus períodos de cierre por mantenimiento. Hay un crecimiento hasta el año 2015 que se revierte en los tres años siguientes.

En los últimos cinco años, el aumento en la producción industrial sin la refinería creció tan solo 1,5%. Esta variación es muy magra pero toma dimensiones dramáticas si se excluye de la misma la producción de celulosa ya que, en ese caso, hay una contracción del -6,7%.

El impacto negativo llegó en 2018 incluso a la producción de Alimentos y Bebidas, un sector bien diversificado en rubros y en mercados de destino. El consumo doméstico se sostuvo pero la competitividad con el exterior comienza a pegar en forma negativa. En el gráfico de la izquierda de la zona media del cuadro se ilustra la tasa de variación anual para este sector que estaba oscilando en el 0% cuando registra una contracción del -3,6% en el 2018. Junto a este sector se presenta el Textil que tiene su base en la Lana como insumo y en este caso la evolución es dramática y la mejora del 2018 apenas logra empatar la producción luego de varios años de caída.

Cuando se pone la lupa en Alimentos y Bebidas para el último año se observa impactos negativos fuertes en industrialización de Frutas y Legumbres, Molinos de Arroz, Productos Panificados, Bebidas sin alcohol y el rubro de Otros alimentos. Hay otras ramas que también registran caídas de producción y solo se destacan los aumentos en Pescado, Frigoríficos de ganado y aves y la producción de Cervezas.

Víctimas: las principales víctimas de los robos eran los supermercados y los artículos eran en general objetos de consumo caros. Foto: Fernando Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto

En los primeros años de la última década, el dinamismo particular de la industria provenía de dos actividades: la fabricación de pasta de celulosa y la industria de sustancias y productos químicos. En el gráfico de la derecha de la zona media del cuadro se ve que esa fuerza se comenzó a agotar y que las tasas de variación convergen a cero. En el caso de la celulosa es lógico pues el ingreso de cada planta produce un salto muy grande en la producción que luego se sostiene. De esta forma, en términos de tasas, el 0% significa que seguimos produciendo a plena capacidad en las dos empresas principales. En sustancias químicas se encuentra la industria de la Pintura que está enfrentando dificultades.

Entre los sectores de menor peso global hay algunos que crecen como ser Plásticos (+4,4%) y las industrias de Minerales no metálicos (+4,1%). En los casos de las industrias Metálicas básicas, Productos metálicos y Maquinaria las variaciones fueron negativas y en algunos casos de dos dígitos.

Los problemas están instalados en varias empresas y año a año la industria se achica en su producción. Simultáneamente también el trabajo humano destinado a estos sectores cae más que proporcionalmente. Es que los sectores que sobreviven son menos intensivos en mano de obra, mucho más dependientes de la tecnología y el capital. Esto tiene mucho que ver con las nuevas condiciones tecnológicas de producción y con el aumento del costo en dólares de incorporar trabajo a la producción.

En el gráfico inferior del cuadro se muestra la evolución de las horas totales trabajadas en la industria de acuerdo a la encuesta del INE. Desde el año 2012, la tendencia es decreciente. Hay un primer período hasta el año 2015 donde las horas trabajadas caen junto con una suba de la producción que de acuerdo a los números del cuadro superior acumula 9% en el período. En este período hay un cambio estructural hacia industrias que utilizan menos el trabajo y más el capital y dan cuenta del cambio importante en el mundo del trabajo que señalara el gobierno en la última semana.

A partir del año 2015, los problemas se agravan pues cede la producción y la cantidad de horas trabajadas. Esta situación coincide con el agravamiento por la suba en los costos de producción que se fue acumulando a lo largo de los años.

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