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¡Plop, bang, boom...!

Hace 120 años nació la historieta, un género que superó los prejuicios iniciales hasta alcanzar gran calidad y difusión y cuyos personajes llegaron al libro, a la televisión y al cine.

The Yellow Kid, considerada la primera historieta moderna.
The Yellow Kid, considerada la primera historieta moderna.
Peloduro, de Julio E. Suárez, la historieta uruguaya más tradicional.
Peloduro, de Julio E. Suárez, la historieta uruguaya más tradicional.
Mafalda, de Quino, un personaje que trascendió fronteras.
Mafalda, de Quino, un personaje que trascendió fronteras.
Asterix, casi un héroe nacional para Francia.
Asterix, casi un héroe nacional para Francia.
El legendario Fantasma, creado por Lee Falk.
El legendario Fantasma, creado por Lee Falk.

Hubo un día que el mono bajó de los árboles, comenzó a caminar erguido buscando su alimento y se fue convirtiendo en un ser humano. De la misma forma, las ilustraciones satíricas de la prensa del siglo XIX fueron evolucionando, adoptando nuevas formas para atraer lectores, hasta que se volvieron historieta. En este caso, no hay un eslabón perdido: se considera que el primer cómic moderno se publicó hace 120 años, con mayor exactitud el domingo 25 de octubre de 1896, en el diario The New York Journal.

Ya hacía tiempo que la prensa estadounidense y de otros sitios venía ofreciendo viñetas humorísticas, una de las pocas formas de ilustración, ya que la fotografía estaba en pañales. En Uruguay, por ejemplo, la legendaria revista Caras y Caretas tenía chistes en cuadritos. Y en el caso de la historieta original, primero nació el personaje y después su forma de expresión característica.

Se trataba de The Yellow Kid, un niño vestido con una especie de camisón amarillo, creado por Richard Outcault. Sus comentarios y pensamientos aparecían escritos sobre su vestimenta, reflejando las costumbres y situaciones de su tiempo. Salía desde febrero de 1895 en el New York World, el diario del magnate Joseph Pulitzer. El éxito de la tira llevó a que al año siguiente el otro potentado de los medios, William Randolph Hearst, lo contratara para el Journal con una importante oferta. Fue el color del camisón de aquel chico lo que definió al periodismo amarillo de ambos editores y de otros que vinieron después.

Aquel 25 de octubre, en el episodio "El niño amarillo y su nuevo fonógrafo", el chico conversa con un loro escondido en el aparato y sus voces aparecen contenidas en globitos. Fue el último paso para el nacimiento del género.

De los suplementos de los diarios, las historietas ganaron sus propias revistas. Con los años dejaron de sufrir el prejuicio cultural de "obra menor", pues comenzaron a ofrecer tramas y dibujos de gran calidad. Y llegaron al libro de tapa dura. También se hicieron dibujos animados y sus personajes pasaron a ser interpretados por actores de carne y hueso en el cine y la televisión. Por supuesto, también están en Internet.

Se llamen historietas, como en América Latina; cómic (Estados Unidos), tebeos (España) o mangas (Japón), comparten muchas de sus características. Se trata de historias desarrolladas en cuadritos correlativos, con un lenguaje muy propio. Los diálogos aparecen encerrados en globitos conectados con cada personaje. Si ellos están pensando, los globos cambian de forma, lo cual también ocurre si gritan. Y tienen sus propias onomatopeyas, desde el bang de los disparos con arma de fuego y el boom de las explosiones hasta el plop, que indica un "desmayo" por la sorpresa o impresión.

La temática se fue ampliando desde el humor original. Por supuesto, siempre fue un medio ideal para la fantasía, pues el dibujo permite desplegar "efectos especiales" convincentes y baratos. Pero el cómic recorrió también el drama, el misterio, el romance, el terror, incluso el erotismo, con guiones propios o adaptando obras literarias. Y tiene una media hermana, la fotonovela.

Superhéroes

En 1934, el estadounidense Lee Falk logró gran repercusión con su tira El mago Mandrake, un ilusionista que además combatía el crimen. Le pidieron más creaciones y se le ocurrió un personaje misterioso y enmascarado que luchaba contra piratas y ladrones. Lo llamó El Fantasma y también tuvo un éxito extraordinario. Buena parte de las grandes tiradas que tuvo El Diario de la noche se debieron a esta tira.

De alguna manera, El Fantasma fue el primer superhéroe, pero no resultó el iniciador de este subgénero, que dio origen además a la edad de oro del cómic. El mérito debe atribuirse a dos jóvenes, el escritor estadounidense Jerry Siegel y el artista canadiense Joe Shuster, quienes en 1933 inventaron a Superman (si bien la primera historieta fue publicada en 1938). El hombre de acero fue inspiración de cientos de seres dotados de poderes particulares para su lucha contra el mal. El más famoso resultó Batman, lanzado en 1939 por Bob Kane (aunque su colaborador Bill Finger tuvo una mayor participación que la que fue reconocida).

Vecinos.

En cada país surgieron historietas que reflejaron su cultura y su época. Es famoso el Condorito chileno, Mortadelo y Filemón son emblemáticos en España, Asterix casi es héroe nacional en Francia, Mónica tuvo gran éxito en Brasil y Tintin quizás sea el belga más conocido.

En la prolífica producción argentina, debe comenzarse por Mafalda, la inquieta niña de Quino, traducida a más de 30 idiomas y que se sigue publicando aunque hace más de 40 años que el autor ya no la dibuja. El indio Patoruzú y su padrino Isidoro Cañones (así como sus versiones infantiles Patoruzito e Isidorito) divirtieron a varias generaciones. Inodoro Pereira, de Fontanarrosa, alcanzó la cumbre del humor. Y los personajes de Divito se convirtieron en espejo de los diversos tipos del porteño, como Fúlmine, Pochita Morfoni, Fallutelli o el Dr. Merengue.

Uruguayos.

La lista de historietas hechas por uruguayos es extensa, aunque muchas veces sus autores hicieron su carrera en el exterior. El caso más claro es el de Eduardo Barreto, que llegó a dibujar a Batman y otros personajes famosos en Estados Unidos. Tabaré Gómez se destacó en Argentina con sus singulares Vida interior y El cacique Paja Brava, entre otras.

Seguramente, la historieta más famosa y duradera fue Peloduro, de Julio E. Suárez, que arrancó en El País en la década de 1930 y pasó por varios medios hasta tener su propia revista, con vigencia 30 años más tarde. Otra tira legendaria fue Pelopincho y Cachirula, del británico-uruguayo Geoffrey Eduardo Foladori (Fola), también con difusión internacional. Más breve (entre 1959 y 1960 en El Día) fue Ismael, adaptación de Eduardo Acevedo Díaz por José Rivera, recordada sin embargo por la calidad de sus dibujos. Hoy, el cómic uruguayo vive y lucha, sobre todo a través de las librerías.

El repaso no representa una antología, sino la cita de algunos ejemplos al pasar: el mundo de la historieta va mucho más allá de algunos cuadritos.

Un niño de amarillo.

La primera historieta moderna fue The Yellow Kid. Lanzada en 1895, pese a su éxito duró solo hasta 1898, aunque el personaje reapareció esporádicamente en otros trabajos. Además del género, estrenó el merchandising, porque se vendían muñecos y cuadros con el famoso niño.

Peloduro y El Pulga.

Peloduro, futbolista de campito que llega a los Juegos Olímpicos, y su amigo El Pulga, un vendedor de diarios, fueron los personales principales de Peloduro, de Julio E. Suárez, que mostró en clave de humor la vida y las preocupaciones de los uruguayos de sectores populares al promediar el siglo XX.

La inefable Mafalda.

Joaquín Lavado (Quino) diseñó a una niña y su familia para una campaña publicitaria. Mafalda terminó convirtiéndose en uno de los personajes más conocidos de la historieta latinoamericana.

Rebelde y cuestionadora, observaba con una mirada infantil los temas de la clase media argentina de los 60.

El poderoso Asterix.

La historieta más famosa de Francia y quizás de Europa es Asterix, las aventuras de un galo del año 50 A.C. que resistía la invasión romana. Fue creado en 1959 por René Goscinny (guiones) y Albert Uderzo (dibujos). Se han editado hasta ahora 36 álbumes, traducidos a más de 100 idiomas.

El Fantasma, el precursor de los superhéroes.

"El duende que camina", como se lo apodaba, está hoy relativamente olvidado y todavía se espera una gran película sobre él, pero representó un personaje clave para la diversión de los niños que hoy peinan canas. Miles de uruguayos pedían a sus padres El Diario porque traía las aventuras de El Fantasma. El responsable desde 1936 hasta su fallecimiento en 1999 fue un escritor estadounidense llamado Leon Harrison Gross, que adoptó el seudónimo de Lee Falk. Los dibujos fueron responsabilidad de diversos artistas a lo largo del tiempo. Se trataba de un hombre de hace cuatro siglos que sobrevivía a un ataque de piratas. Y entonces juraba dedicar su vida y la de sus descendientes a combatir el mal. Por eso, era una figura inmortal: cuando un Fantasma envejecía o moría, lo reemplazaba su hijo. Se supone que para llegar al actual pasaron ya 21 generaciones del personaje. Con un ajustado traje violeta y máscara, anticipó una de las características de los superhéroes de la historieta. También tenía una personalidad secreta. Y, a diferencia de casi todos sus colegas, llevaba dos pistolas, pero nunca las usaba para matar.

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