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Mina Starsiak, la renovadora de casas que brilla en Discovery Home & Health

Mina Starsiak conduce junto a su madre Karen Laine el programa de televisión para abonados Las renovadoras. 

Mina Starsiak
Mina Starsiak

Mina Stasiark es uno de los más recientes ingresos a ese universo televisivo de gente que repara, renueva o reconstruye viviendas. El programa que conduce junto a su madre Karen Laine se llama en español Las renovadoras, una traducción incorrecta y reduccionista del título original Good Bones, literalmente “Buenos huesos” y que viene de la frase “esta casa tiene buenos huesos” (la frase se usa en inglés generalmente para describir una casa que reúne varias características arquitectónicas).

El tipo de programas que conduce Starsiak es parte de un subgénero que se hizo popular con la moda de los reality y que desde entonces ha sido inamovible en toda programación de televisión por cable que se aprecie. Algunos de los más populares fueron o son programas como Enchúlame la máquina o Extreme Makeover. El de Starsiak es como Hermanos a la obra: uno conducido por familiares.

Las renovadoras todavía no han llegado al sostenido éxito de este último, que ya va por su temporada número 15 (Las renovadoras lleva seis temporadas al aire). Y se trata de programas que respetan a rajatabla un formato que, con algunas mínimas variaciones, podría describirse así: se presenta la casa a renovar (con sus dueños o habitantes), se hace un montaje del equipo de trabajo (albañiles, carpinteros, diseñadores de interiores y otros oficios) y todo eso se va intercalando con intervenciones de los conductores e invitados.

Al final, se muestra el resultado desde todos los ángulos posibles. Cuando termina, a uno le quedan varias ideas rondando en la cabeza, entre ellas la principal: “Cómo me gustaría que le hagan algo así a mi casa”. Esto es “aspiracionalismo” puro y duro.

Aunque la fama de Starsiak es relativamente reciente, ella la viene remando desde hace más de 10 años como renovadora de casas, sin cámaras. Luego de recibirse en la Universidad de Indiana, la de su ciudad natal Indianápolis, se tomó un tiempo para definir qué quería hacer con su vida. “Al final, me compré una casa. Todos mis amigos ya estaban haciendo cosas ‘de adultos’ y fue lo que se me ocurrió hacer”, dijo en alguna entrevista. La casa la compró por algo menos de US$ 40.000 y con la firma de su mamá (abogada de profesión) como garantía.

Como era una casa un poco venida a menos, Starsiak se puso a renovarla. No sabía nada de albañilería, carpintería, cuidado del jardín u otros oficios relacionados, pero no se amilanó. Recurrió a YouTube y buscó cuanto tutorial hubiera para aprender cómo hacerlo. Y cómo no, su madre la ayudó en todo ese proceso. Tanto hija como progenitora descubrieron que les gustaba eso de renovar y rehacer y su pusieron su propia PYME en el rubro, a la que bautizaron Two Chicks And A Hammer (“Dos chicas y un martillo”).

Así estuvieron varios años: renovaban una casa allá, otra acá… Hasta que un productor televisivo dio con ellas y les propuso hacer un programa a partir de lo que ellas hacían como emprendedoras. Aunque la primera reacción de Starsiak fue escéptica, finalmente la convencieron y empezó su camino hacia la fama televisiva, que llegó enseguida. Porque en este mundo hay que tener éxito de entrada. Si no, no hay segunda temporada.

Esa repercusión es la que la llevó a las tapas de las revistas como People, a tener medio millón de seguidores en Instagram y, claro, a convertirse en millonaria, entre otras cosas. Aún así, ella dijo que le llevó bastante tiempo llegar a ganar cuantiosas cantidades de dinero: “Al principio, los que salen en cámara no ganan bien”, declaró en una entrevista para un diario de Indiana, y agregó que buena parte del dinero obtenido en el programa lo canalizó a su empresa, que ya no es tan PYME y cuyo lema, de acuerdo a la web oficial de la compañía, es “Revitalizar a Indianápolis, una casa a la vez”.

Las claves del éxito de Starsiak son las habituales: se trata de una mujer que cumple con las convenciones de lo que se entiende por bella, habla con propiedad y el ida y vuelta entre ella y la madre es entretenido porque es la hija la que exhibe el carácter más formal y terrenal de las dos, aunque se ha reconocido como una persona controladora. “En realidad, la madre soy yo”, ha dicho medio en broma, medio en serio.

Las redes sociales son una exigencia profesional para Starsiak, pero también funcionan como una ventana hacia la vida personal de la protagonista. Dice que conoció a su actual marido a través de Facebook y en su cuenta de Instagram se la pasa compartiendo fotos y videos de su vida personal y familiar. Eso, como se sabe, puede acarrear alguna que otra consecuencia menos agradable. Cuando luego de tener su segundo hijo se hizo una abdominoplastía, algunos la criticaron por haberse sometido a una intervención quirúrgica que tiene detractores. Starsiak también comparte sus problemas de salud: cuando se embarazó de su segundo hijo (tuvo que recurrir a la fertilización in vitro) desarrolló la enfermedad diástasis abdominal (o separación excesiva de los músculos del abdomen). Algunos también le tiraron pálidas por la decisión, anunciada en una historia de Instagram, de no tener más hijos (su marido se hizo una vasectomía).

Cosas que, como dicen en el país de Starsiak, “vienen con el territorio”. Ella respondió con diplomacia pero firmeza: “Los juicios déjenlos en casa”. Por lo pronto, esas desventajas parecen poca cosa en comparación con los 13 millones de espectadores que tiene cada episodio de Las renovadoras. Y eso solo en Estados Unidos. A esa cifra hay que sumarle todos los que ven el programa en otros países. Eso sí, ella y su madre forman parte de una empresa de contenidos que le exige a sus empleados cumplir con una serie de reglas

Hay que trabajar

HGTV. Home & Garden Television, la señal que emite Las renovadoras, forma parte del conglomerado Discovery y una de sus jerarcas la ha definido como “el menú reconfortante de la grilla televisiva. Acá nadie muere ni se lesiona”. Otro slogan de la empresa: “La gente necesita más felicidad en sus vidas, no más estrés”.

—No es que Mina y su madre llegan, renuevan una casa y se van dejando todo como quedó luego de la remodelación. Si quien vive ahí quiere mantener la casa tal como la dejaron las conductoras, tiene que ponerse y comprar los muebles nuevos.

—Más allá de que Las renovadoras es uno de los programas más exitosos de la señal (luego de, claro, Hermanos a la obra, de Drew y Jonathan Scott), el programa ha recibido críticas por una costumbre que tienen las conductoras: la tendencia a prestarle mucho más atención a la cocina que otros espacios de la casa. “Al final, las casas terminan con dormitorios pequeños porque siempre priorizan la cocina”, es una queja recurrente hacia ellas.

—HGTV les exige a sus estrellas (o “talentos”, como le dicen allá) varias cosas: tener una presencia destacada en redes sociales, en particular Instagram. También le exige cosas como “tener una buena personalidad” (?), ser parte profesionalmente del rubro renovación de casas, no ser polémicos o controversiales y siempre consultar antes de hacer declaraciones. La consulta y su respuesta, además, tienen que ser por escrito, como para que no haya dudas. También se les pauta a las figuras cómo deben vestirse. Por último: tienen que trabajar, por contrato, de 10 a 12 horas por día.











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