Nombres del Domingo

Beatrice, la novia perfecta

La futura esposa de Pierre Casiraghi disfruta de su linaje patricio al tiempo que rompe los moldes. Fue modelo, es periodista y viste de jeans.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Beatrice Borromeo, nueva integrante de la realeza.

Cuando faltan pocos meses para la boda entre Pierre Casiraghi, el nieto de Raniero de Mónaco y Grace Kelly e hijo de Carolina y Stefano Casiraghi, y Beatrice Borromeo, descendiente de una de las dinastías más poderosas de Milán, se conocen muy pocos detalles sobre el enlace. Casi todo son rumores. En Italia la tradición es que las novias se casen en su tierra, y uno de los posibles escenarios es una de las mansiones de los Borromeo en el Lago Maggiore. Tras marchas y contramarchas, lo poco que se sabe es que finalmente tanto el matrimonio por civil como la gran boda por iglesia se celebrarán en agosto.

La futura esposa no consigue disimular con su porte patricio el apellido que heredó de sus antepasados. Condes, marqueses, cardenales y hasta un santo, cuyas hazañas salpican los libros desde el Renacimiento o, incluso, antes. Hasta llegar al conde Carlo Borromeo, nacido en 1935, y padre de la novia, que se unió a dos mujeres de linaje plebeyo, perdiendo el título nobiliario pero ni una pizca de su peso y de su riqueza.

Primero llevó al altar a la modelo alemana Marion Sybille Gabriele Zota, con la que tuvo tres hijas, pero a principios de los años ochenta la dejó para dedicarse a un nuevo amor, Paola Marzotto, hija de un aristócrata y de una influyente mujer del jet set italiano, Marta Marzotto. Las dos relaciones se solaparon y Borromeo tuvo hijos con las dos de manera intercalada y casi simultánea. En 1983 Paola dio luz a Carlo. Solo cinco meses después, de su esposa nacía Matilde. Dos años después, Beatrice, hija de Paola, la más pequeña de un clan unido y compacto pese a tener un padre que saltaba entre dos amores.

Fruto de ambas relaciones, sus cuatro hijas parecen la versión menos alegórica y evanescente de las criaturas pintadas por Sandro Botticelli en La primavera o una declinación menos melancólica y enigmática de las Vírgenes suicidas de Sofia Coppola. Rubias, esbeltas, ataviadas de grandes firmas de alta costura, nunca excesivas, las hermanas Borromeo son la flor y la nata de la alta sociedad italiana. Viajan en yate, acuden a regatas, organizan galas benéficas, dosifican sonrisas. Nunca un escándalo, un divorcio, una pelea que haya trascendido. Un milagro de equilibrio chic sin grietas aparentes. Como manda la etiqueta. Las cuatro "eligieron gente de su linaje a la hora de casarse", dice Lavinia Orefici, periodista del blog Briocherie.

Aristocráticas de a pie, frecuentan a los delfines de la burguesía. Isabella y Lavinia son esposas de grandes industriales. Matilde y Beatrice han escogido hijos de príncipes. Además de organizar campañas y fiestas benéficas o desfiles para sensibilizar sobre temas comprometidos como la anorexia, están involucradas en la gestión de las empresas familiares. "La fortuna no solo se hereda, hay que merecérsela", comentaba Beatrice a Giovanni Andiffredi, de Vanity Fair. De las cuatro hermanas es la que tiene un comportamiento más informal.

La futura nuera de Carolina de Mónaco trabaja en la redacción de un diario izquierdista, Il Fatto Quotidiano, en un piso al lado de la estación de Milán. Lo mismo entrevista a una abuela que gobierna un clan de la mafia calabresa que se sube a un avión rumbo a París para presenciar unos desfiles de moda a pie de pasarela. De los informales jeans pasa a un largo vestido plateado con el que deslumbra en Montecarlo, en una fiesta que parece sacada de una escena de El Gran Gatsby.

Nacida como su hermano Carlo en 1983, Beatrice es hija de una relación larga y conocida pero que nunca llegó a ser oficializada en matrimonio.

La muchacha que en su día fue modelo y dio su primer voto a Antonio di Pietro —el juez que luchó contra la política corrupta con el juicio Manos Limpias y luego se hizo político con escaso éxito—, va de progre, siempre en vaqueros y camiseta, maquillaje imperceptible y libreta de periodista en mano. No piensa votar a Matteo Renzi, porque le parece demasiado de derechas, "contagiado de berlusconitis, alérgico al debate y la oposición", comentó a su colega Selvaggia Lucarelli. "No le voto porque apesta a autoritarismo. Prefiero gente más marginal pero con otra actitud".

Tiene en su celular números de la farándula italiana y otros registrados como mafioso1 o mafioso2, fruto de sus investigaciones para el documental que dirigió, Lady ndrangheta, sobre las mujeres de la mafia calabresa. De pequeña contaba historias y escribió su primer librito, Incontri, observando la gente que subía y bajaba del tranvía que tomaba para ir al colegio. "Mi hermana me llamaba 10 cum laude", confió al diario Libero.

Serpentea sinuosa y fresca entre las contradicciones heredadas de su familia. El verano pasado las redes sociales la lapidaron porque contó que había regalado tres almohadas a un sin techo y que por ello se había peleado con un cura que la criticaba. "La Borromeo que defiende a los indigentes es una merced divina para los enemigos de los radical chic", le hacía notar a una periodista italiana. "Honestamente, si yo fuera otra persona, Beatrice Borromeo me caería fatal" —le contestaba transparente la futura Casiraghi—. "Está claro que existen contradicciones entre mi vida laboral y mi vida familiar y la de mi novio. Quienes me critican tienen sus razones, puedo sonar poco creíble, pero al final soy más normal de lo que parece", alega. Según Giovanni Andiffredi, "su trato vehemente, de alguien que no se duerme en los laureles, ha conquistado a Pierre y a la futura suegra". 

UNA SOLA PAREJA Y DOS BODAS

El hijo pequeño de Carolina de Mónaco y la hija pequeña del conde Carlo Borromeo se conocieron en el 2008 en la Universidad de Milán, donde ambos estudiaban. A pedido expreso de la princesa Carolina, quien quiere que sus hijos sigan sus pasos, la ceremonia civil de Pierre y Beatrice se celebrará en el Palacio de Mónaco, igual que la del mayor de los Casiraghi, Andrea. La boda religiosa, que ya tiene fecha oficial para el 1° de agosto, tendría otro escenario, no menos lujoso: las Islas Borromeas, en lago Maggiore, propiedad de la familia de la novia.

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