Stephani Correa

Stephani Correa: la esposa de Sebastián Sosa se lanza a la moda

Sebastián Sosa (arquero ex Peñarol y actual Vélez Sarsfield) y Stephani Correa se casaron a fin de año luego de más de seis años de relación. La mujer define la boda como un sueño cumplido y anuncia que se lanza al mundo de la moda con su propia marca de carteras. "De botinera no tengo nada", dijo.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Stephani Correa

Sebastián Sosa (arquero ex Peñarol y actual Vélez Sarsfield) y Stephani Correa se casaron a fin de año luego de más de seis años de relación. Son padres de Milagros, de cinco años. En entrevista con Sábado Show, Stephani define la boda como un sueño cumplido y anuncia que se lanza al mundo de la moda con su propia marca de carteras. “A toda mujer le gusta verse atractiva, sin descuidar la casa o la carrera”, dice sobre su presente. Vive en Buenos Aires y se anima a su primera producción de fotos.

—¿Cómo recuerdas el 27 de diciembre, día del casamiento?

—Fue un sueño hecho realidad. Una noche mágica. Salió todo como pensábamos: estaban todos los seres queridos que queríamos. Inolvidable. Nos casamos después de seis años de relación y con Milagros, nuestra hija de cinco. Nos íbamos casar en un momento pero justo llegó Milagros y nos dedicamos a eso. Después surgió el pase de Sebastián a Boca primero y luego a Vélez y con ello, la mudanza. Y ahora, como unidos ya estábamos, lo que queríamos era celebrar el amor. Como nos gusta festejar, queríamos hacerlo a nuestra manera. Lleva su tiempo de organización. El festejo fue doble: la fiesta en el Sofitel. y el civil fue en Casapueblo, en Punta Ballena. Fue mágico. Tuvimos en definitiva tres fiestas, porque la despedida de soltero que también lo hicimos juntos.

—¿Cómo se conocieron?

—Éramos compañeros de escuela, después estuvimos un tiempo sin vernos y luego, ya grandes, con 18 años nos volvimos a encontrar. Y desde ese momento somos inseparables. De niños nos conocíamos pero no fuimos noviecitos ni nada. Después sí, fue un flechazo. Él salía de un asado y nos encontramos en la casa de un amigo en común. Después, me buscó por el viejo Messanger, que era la red social de aquel tiempo.

—¿Qué significó para vos ser su pareja a la luz de su carrera como futbolista?

—Realmente, ha sido un placer acompañarlo en toda su carrera, que siempre fue en ascenso. Peñarol fue nuestra casa por mucho tiempo. Después nos tocó salir del país para venir a Boca Jr. y ahora a Vélez, pero siempre con la humildad y la tranquilidad y la unión de la familia. Es la base de todo. El fútbol es una pasión, pero también para mí es un trabajo. Cuando él llega a su casa, estamos en familia y necesita otro apoyo como persona.

—¿Cómo definirías tu vida en Buenos Aires?

—Vivimos en Puerto Madero desde hace cuatro años. Ya estamos muy instalados. Una vez que me pude acostumbrar a la vida de acá que es un poco loca en comparación con Montevideo, me pude poner a estudiar. Empecé nuevamente con mi carrera de Contador público. La había empezado en Uruguay, estuve un tiempo yendo y viniendo y ahora me revalidaron las materias.

—¿Qué fue lo que más te costó en la adaptación?

—Cuesta todo: Montevideo es muy chiquito y todo está a la mano. Aquí hasta las tareas cotidianas, como llevar a la nena al colegio, insume 45 minutos. O vas a hacer un trámite y te lleva toda la tarde. El tránsito complicado... todo es distinto. Pero me recibieron muy bien.

—¿Cómo es un día normal en tu vida?

—Estudiar, hacer las tareas de ama de casa y de madre y dedicar un tiempo a cuidarme como mujer. Ahora estoy lanzando una línea de carteras de cuero, que son muy usadas. Aquí se consume mucha moda. Las chicas cambian de accesorios continuamente. Me gusta ese mundo y hacia allí me quise enfocar.

—¿Esta marca sería tu primer paso en el mundo de la moda?

—Sí. Esto me sorprendió. Mi carrera está enfocada en el objetivo de convertirme en contadora. Sin apuro porque la prioridad está en la familia. Esto surgió a raíz del casamiento, a partir de que empezamos a salir en las redes, en la TV y me empezaron a llamar de muchos lados a ver si tenía material, si me dedicaba a esto, si era o había sido modelo... Empecé a responder que no era mi palo, pero que me divertía. A toda mujer le gusta tener esa lado atractivo, así fue que surgió.

—Las imágenes que acompañan esta nota forman parte de tu primera producción de fotos, ¿cómo te sentiste?

—Muy bien. Extrañamente no me costó mucho. También hay mucho de la mano de Daniel (Ayala, el fotógrafo), que es un genio.

Si no puede ver las fotos, haga click aquí.

—¿Tienes amigas modelos?

—Sí, casi todas las chicas que son esposas de los compañeros de Seba son modelos, chicas muy lindas. Eso te incita a estar bien también. En el grupo está Nicole Neumann, estuvo Natalie Weber, también en su momento Isabel Macedo... Son personalidades muy importantes, así que una no se puede quedar atrás.

—¿Cómo las definirías?

—Son personas normales, madres como una, solo que su trabajo es público. Tienen las mismas dificultades de una mujer normal. Llevar la casa, los niños... Es admirable cómo hacen una cosa y la otra.

—¿Tienes buena relación con todas?

—Sí, muy buena. Trato de aprender y ver y que también me involucren en su mundo. Después de todo, este es su país, no el mío. Así que todo lo que pueda aprovechar de escuchar y ver, me suma en todos los aspectos. Son personas que nacieron en el mundo de la moda, la imagen, las fotos. Es como contar con una profesora permanente.

—¿Te han dado consejos?

—Sí, para el casamiento, para la marca. Son muy buenas asesoras. También tengo amigas del barrio, como la modelo Lara Bernasconi, que están todo el tiempo dándote tips. También vive cerca Paula Chaves. Ese entorno me ayudó mucho para todo.

—¿Imaginabas en tu niñez o adolescencia un presente así?

—Y... Toda mujer sueña con ser un ángel de Victoria Secret. Quien te dice que no, es mentira. Siempre nos miramos el pelo, el cuerpo. Realmente, no sé en qué va a terminar esto pero por ahora es muy divertido.

—¿Extrañas Uruguay?

—Sí. Pero lo más lindo de vivir en Buenos Aires, es estar cerca de mi país. Vamos muy seguido.

—¿Qué opina Sebastián de tus inicios en el mundo de la moda?

—Le parece bien. Me apoya. Hace años que generamos una confianza, que es lo fundamental en la pareja. También le divierte. Él sabe que soy su mujer y estamos unidos.

—¿Es celoso?

—Sí, es celoso. Pero la confianza puede más. Mira con atención cada cosa que voy a hacer o decir o a qué mundo me voy. Pero como sabe que sigo siendo la misma, no hay conflicto. En las fotos se ve que se puede ser ama de casa y a la vez una mujer atractiva o sexy. En mí entran los dos roles. Se puede cumplir con lo que es el día a día y también jugar con la belleza, los medios. De eso se trata.

—¿Lavas los pisos?

—Sí, por supuesto.

—Y tú, ¿eres celosa de él?

—Sí, pero es lo normal de cuidar la familia. El celo enfermizo no me va. Tengo mucha seguridad en la pareja.

—Han pensado en la llegada de otro hijo?

—Está en nuestro planes, pero no sé si ahora. Él está muy metido en su carrera, yo también. Pero siempre está en los planes ser más y apostar a la familia.

—¿Vas a acompañarlo a la cancha?

—Sí, el apoyo es fundamental. Creo que es importante que él sienta que está su hija y su mujer. Vamos siempre que podemos. Nosotras le decimos que también estamos bajo los tres palos. Los tres tiramos para el mismo lugar. La gente de Vélez nos trata como en casa. Es muy familiero el ambiente en la cancha.

—¿Cómo sigues los partidos? ¿Nervios?

—Como hincha, soy hincha de él. Vivo el partido a través de lo que le pase a él. Pero trato de mantener la calma y transmitir serenidad.

—¿Qué piensas del término botinera?

—Con una amiga que también tiene un esposo arquero, decimos que estamos excluidas de la categoría "botinera". En todo caso, seríamos "guanteras". No siento que sea para mí esa definición. Acá es muy normal que nos tilden así, pero...

—¿Pero no te gusta?

—No es mi perfil. Se refiere a personas que son oportunistas, que buscan otra cosa, no formar una familia. Con Sebastián iniciamos una historia de amor hace mucho tiempo y formamos una familia. Creo que de botinera no tengo nada.

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