Naomi Campbel

Yo quiero ser otro

Nicolás Videla, codirector junto a Camila José Donoso de la película chilena Naomi Campbel, es difícil ser otra persona, empezó su carrera haciendo un film atípico para los espectadores de su país: el retrato de una travesti que desea cambiarse de sexo y reinventarse. “Aquí no tenemos leyes que apoyen la causa, son temas atrasados que no se aceptan. Se matan travestis todas las semanas y la gente no se entera, esa es la realidad”, asegura.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La película de Videla y Donoso.

Cinemateca estrenó Naomi Campbel a pocos días de la muerte del artista Pedro Lebemel, el más emblemático de los luchadores por el respeto de la homosexualidad en un país que sigue temeroso con los cambios. Si la gran mayoría de la ficción chilena estrenada, que la hay de realización independiente (financiada por fondos estatales) e industrial (como el caso de las productoras Sobras y Fábula, que suelen estar vinculadas a los grandes mercados del norte del continente) ha sido acusada por algunos críticos, cineastas y espectadores de ser un cine de elite que no refleja los males de la sociedad menos afortunada, los exponentes del género documental son quienes vienen saldando la deuda.

El racismo, machismo, homofobia, individualismo y un miedo casi crónico a los cambios, suelen ser los principales defectos atacados por los realizadores más preocupados por la salud de su sociedad.

Naomi Campbel tiene dos puntos de análisis. "En esta película había una doble intención, por un lado de hacer un retrato de una persona que es Paula Yermén, protagonista que para mí se configuró como una musa, y por otro lado hablar de un montón de cosas que están sucediendo en Chile y delatar a una sociedad que sigue excluyendo", anticipa su director.

Esta dupla elige la postura de hacer un cine urgente, con pocos técnicos, dinero, una historia disparada a partir de una persona real, con ansias de denunciar y sin definir formatos. A lo largo de un año filmaron 10 días, a veces con un equipo básico de rodaje conformado por cuatro personas y otras veces incluyendo a un contundente equipo de dirección artística.

Mala hembra.

Paula, como la llama Nicolás, o Yermén, como se hace llamar en la pantalla, se siente una mujer y en la mayoría de las escenas lo parece realmente. Fuma mucho y es una persona solitaria. Luce una fortaleza emocional admirable. Es tarotista, trabaja como una "amiga esotérica" en una línea telefónica mientras que en la intimidad de su hogar cultiva una profunda espiritualidad que mezcla religiones. Devota de Santa Sara, pide que se le conceda el regalo de sentirse completamente mujer, "un consuelo para tanto sufrimiento vivido".

En su barrio, el emblemático La Victoria, la consideran una bruja y varios temen acercarse por miedo a recibir una maldición. "La Victoria es un lugar muy simbólico de Santiago, fue un espacio de resistencia política muy fuerte durante la dictadura, muchos de sus vecinos fueron desaparecidos y la represión militar sigue siendo un tema cotidiano. Paula en su vida real se mueve por ese barrio y esos ambientes, y como la película tiene que ver con la resistencia a los cuerpos, si son moldeados o no por una sociedad, quisimos hacer cierta analogía con esa comunidad".

En el film, Yermén se presenta a unas pruebas psicológicas para postularse a un reality que ofrece operarla frente a cámaras. De concretar la vaginoplastía, lo primero que haría sería dejar esa comunidad, que a pesar de su historial aplica una mordaz represión a los que son distintos, a los que "los confunden". En una de esas entrevistas Yermén conoce a Naomi Campbel, una morena colombiana que quiere operarse para ser igualita a la modelo. Noami es una de las tantas inmigrantes de color que llegan al país para mejorar su vida y terminan empleadas en los "cafés con piernas". Una es una "trans" y la otra una "negra", sinónimo de prostituta, en el Chile que denuncia la película.

Cruces.

Paula y Nicolás eran amigos antes de que él buscara una temática para rodar su cortometraje de egreso. Eligió filmar a esas inmigrantes de los cafés con piernas. Luego, Paula, que había tenido malas experiencias contando su historia frente a otros cineastas, le insistió en actuar para él en un proyecto mayor, que incluyó a Camila José Donoso y unió los dos universos investigados atravesados por una misma esperanza: ser otro, literalmente, transformando el cuerpo, tomándolo como un molde meramente físico.

"A mí me interesa un cine naturalista, con personas personajes, con guiones escritos en base a los diálogos reales de estas personas, no inventando". Paula fue esencial para el armado de este film, y es que Yermén es un personaje: la casa donde vive en el film no es su casa, sus amigas mayores no lo son: se trata de familiares y amigos de los directores que actuaron para el film, nunca hubo un reality, de hecho Videla asegura que "la verdadera Paula nunca se hubiera presentado a un casting así".

Consultado sobre si quiso alguna vez operarse, responde que sí pero que no ha podido por temas económicos. "Como parte de una investigación, le dimos a Paula una cámara casera para que filmase lo que quisiese. Solo le enseñamos apretar el botón de REC y no sabíamos con qué nos íbamos a encontrar. Fue un gesto intuitivo y cuando nos devolvió la primera cinta nos encontramos con algo sublime: un material que reunía teórica y temáticamente muchos conceptos que queríamos abordar y tomamos esos videos como un código". Las escenas filmadas por los directores se intercalan con las tomadas por Paula, mostrando el lado más oscuro y dolido de Yermén, que retrata una población donde hasta los perros actúan como castradores.

Híbrido.

El espectador vive la película como una historia documental, que aunque no es testimonial construye un retrato de su protagonista mientras atraviesa el casting y espera la respuesta de la productora. Presenta también a Naomi, un personaje arrollador que introduce otra problemática social relacionada a la inmigración. La forma en que fue construida ubica a esta obra en la cada vez más visitada categoría del "docuficción" o "transficción". "Nunca hubo una discusión de hasta dónde llegar con la ficción y hasta dónde con el documental. Siempre he trabajado con personas alrededor de su historia y buscando ciertos dispositivos de ficción como una excusa para entrar en esa historia.

Se rodó con un guión. Algunas escenas tenían los diálogos escritos y otras no. Nosotros hicimos una película sobre la identidad defendiendo la visión de que está en constante transformación, no pensamos en términos de hombre y mujer y de la misma manera no pensamos en diferenciar ficción y documental".

Esta metodología tiene su reflejo en el cine local. Aldo Garay, quien ha retratado a lo largo de su cinematografía la historia de Julia Brian, la primera transexual del Uruguay, comentó en alguna entrevista que al rodar suele provocar escenas que no tienen por qué suceder espontáneamente frente a su cámara pero que sí forman parte del universo de sus protagonistas.

Un paso más lejos dio Alicia Cano con El Bella Vista (2013), donde utilizó a los protagonistas de la historia original como actores que representaron frente a cámara viejos acontecimientos. Naomi Campbel recorrió festivales con éxito y en pocos meses se estrenará en su país; este director dice no saber responder cómo cree que será recibida la historia por el público chileno.

A continuación, el trailer de la película. 

Si no puede ver el video, haga click aquí

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te puede interesar
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)