director de una noche sin luna

La noche de los solitarios

Una noche sin luna, tal como dice su guionista y director, Germán Tejeira, es una comedia sorda. Este relato coral cuenta tres historias de personajes solitarios que intentarán enderezar su vida una noche de Año Nuevo. César, un taxista que va a visitar a su hija (Marcel Keoroglian), Tony Jr., un mago con mala suerte (Roberto Suárez) y Miguel Ángel Molgota un músico preso (Daniel Melingo) con permiso para actuar en la fiesta del club de Malabrigo, un pueblo típico del Río de la Plata, que se pone lindo para celebrar, sufre apagones repentinos y dice ver ovnis.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Rodaje "Una noche sin luna".

—Además de dirigir sos productor, ¿cómo afecta esta doble función tu trabajo?

—Es el mecanismo que tenemos con Julián (Goyoaga, socio de Raindogs Cine). Los dos producimos las cosas que hacemos y nos cambiamos: cuando uno dirige el otro produce. Nació más de una necesidad que de una elección. Cuando empezamos a trabajar tuvimos que ponernos al hombro nuestros proyectos porque no iba a venir ningún productor a hacerlo. Y seguimos, y cuando algún amigo nos presenta un proyecto que nos parece interesante nos sumamos.

—Por ejemplo Anina, o Caddies.

—Pablo Accuosto (Caddies) era compañero de la ECU, durante la crisis se fue a Europa y volvió con este proyecto que nos encantó. Con Alfredo Soderguit (Anina) nos conocimos en la ECU buscando un director de arte para un corto. Cuando lo conocimos estaba ilustrando el libro de Anina.

—En la película se aprovechan muchos recursos que rodean a Raindogs, como la animación del equipo de Palermo Estudio, o la música de tus amigos Bruno Boselli y Gastón Otero.

—Lo de las animaciones siempre lo quise, desde que pensé la idea, pero sí, al haber trabajado en una película de animación me hice amigos animadores y supe que era viable. Las pinturas de los personajes también se las pedí a un amigo dibujante: esos retratos feo-lindos, de cosa popular un poco grotesca.

—¿Por qué la animación?

—La animación está al inicio de la película entonces predispone al espectador a que no va a ver una cosa densa, grave. Esta película no es la verdad revelada, es más una película hecha desde el corazón.

—¿Es el tipo de cine que disfrutás como espectador?

—Me gusta de todo, depende del ánimo. Pero sí, me gustan mucho las películas que son bien humanas, las de Aki Kaurismäki, las del cine italiano viejo, las de Jim Jarmush.

—En los cortos que hiciste cumpliste distintas funciones, ¿siempre estuviste decidido por la dirección?

—Me gusta mucho, pero me interesan otra áreas también: la edición, la fotografía, el sonido; todo menos la continuidad.

—¿Cómo armaste al equipo para esta película?

—Mano a mano con Julián. Alfredo decantó como director de arte. En la foto dimos con Magela Crosignani, que es una uruguaya y vive en Los Ángeles, hacía películas dentro de la industria; estaba casada con el fotógrafo de Iroman, Réquiem por un sueño, El cisne negro, Matthew Libatique. Tengo un amigo ecuatoriano que rodó con ella, me la recomendó, vi la película, me encantó y le mandé el guión. Era todo un costo traerla pero se entusiasmó.

—¿El lujo de la película fue tenerla a ella más que al tema de Tom Waits?

—Está llena de lujitos: que estén Melingo, Roberto y Marcel para mí fue el primer lujo porque escribí pensando en ellos.

—¿Cómo consiguieron el tema de Waits que incluyen en el film?

—Le mandamos un correo al manager que figuraba en uno de los últimos discos. Él nos derivó con una agencia que maneja los derechos para Latinoamérica y nos dijeron que Tom quería ver la escena. Era Año Nuevo, le mandamos un cartel de "Feliz Año Nuevo Tom" y la escena y dijo que sí. Pagamos la mitad de lo que nos querían cobrar por usar una cumbia uruguaya muy famosa.

—¿De Lucas Sugo?

—¡No! Él entendió la escala de la película, fue muy buena onda, tiró un número posible y usamos sus temas.

—¿Qué tipo de personaje te gusta?

—Me fascino mucho y me identifico con los antihéroes.

—Hay un chiste con ovnis en la película.

—Para mí están en la película. Yo nunca tuve una experiencia pero en los pueblos del interior siempre hay historias, siempre hay alguien que vio algo.

—¿Por qué enmarcar la historia en un pueblo?

—Es por el cine italiano de los 50- 60. Los pueblos chicos tienen una cosa ensoñada, de distancia con la realidad, eso de la pequeña escala, con objetos lindos y el tiempo detenido. El plan era buscar lugares venidos a menos pero que se pusieran lindos para la fiesta. Lo mismo el vestuario: un ámbito oxidado vestido para la ocasión.

—Uno de los personajes se llama Miguel Ángel Molgota, ¿te divierte buscar nombres?

—Sí, entro a las páginas de nombres de bebés, busco nombres armenios, italianos...fueron muchas horas perdidas en eso.

—Se citó a los relatos corales y pueblerinos de Carlos Sorín y al tono costumbrista de Juan José Campanella para referirse a tu película, ¿qué opinás?

—No puedo sentirme incómodo con que me comparen con dos trayectorias bárbaras, aunque no me gusta todo lo que hacen. Entiendo por dónde puede venir la comparación pero la película venía por otro lado.

—La idea nació cuando viste un concierto de Melingo y cantó Sin luna durante un apagón.

—Fue en el 2004 en la Zitarrosa y hubo un apagón y cantó y cantó y cuando llegó la luz toda la gente de la platea empezó a quejarse. Me contó que a partir de ese show con su banda coordinaban apagones falsos, porque se generaba un ambiente buenísimo. Yo venía pensando en una estructura de tres historias, y quería hacer una para cada uno de ellos y lo fui a ver y quedé con la imagen de Melingo tocando a oscuras. Esa escena quedó así.

—¿Cómo lo convenciste de participar?

—Fuimos a Buenos Aires por 2011. Nos llevó a una fábrica de pastas, Lo de Don Ciccio. Tenía el techo roto, una bandera de Italia despintada que decía "1913", y había una vieja haciendo fusiles y un afiche de Melingo todo elegante -dice como si hablara del escenario de su próxima película-. Y ahí estaba Melingo de chancletas, bien desprolijo. Le contamos la película y se colgó. Un fenómeno.

—La mayoría de tus actores tienen voces particulares, ¿qué tanto influyen en tu imaginario?

—Para mí lo más importante en el cine son los actores, porque son el motor de la emoción entonces si veo a un actor blandito yo no me meto en la historia. Busco miradas y voces pesadas, que hagan notar que hay una vida caudalosa afuera de la película. También hay un tema con la edad de los personajes: todos pasan los 40 y es gente que tiene un volumen de experiencias en su vida.

—Empezaste a escribir en 2006 con 23 años, ¿pensando en gente que te doblaba en edad?

—Estoy a favor de los viejos. Mis amigos me llevan 10 años.

—¿Cómo mantenerse fiel a una historia después de tantos años?

—Bueno, ahí antes de filmar la agarré de nuevo y cambié pila de cosas porque uno no es el mismo que hace 10 años.

—A tu productora le pusiste el nombre de un disco de Tom Waits, escribís un personaje para Melingo, ¿qué tan importante es para tí la música?

—Creo que es el arte que en menos tiempo te puede emocionar tan contundentemente.

—¿Esa condensación la trasladás al cine?, por ejemplo cuando escribís una escena.

—No conscientemente. Hay varias etapas. Cuando escribís crees que está lista hasta que notás en el ensayo que le falta ritmo, que los diálogos no le calzan a los actores, entonces ahí rearmás con ellos. Y en el montaje volvés a escribir: cambiar de lugar algunas cosas te puede dar más tensión, más humor o más ritmo. La escena es una construcción en tres partes.

—¿Cuántas reescrituras tuvo el guión?

—Si te digo 10 me quedo corto. Julián, amigos, Marcel y Roberto, opinaron mucho sobre el guión. Melingo también e incluso el cómico Héctor Perry: una anécdota que me contó quedó en la película.

—Durante esos años de espera, ¿llegaste a perder el interés?

—No. No había forma.

Si no puede ver el video haga click aquí.

Una fila de ideas.

Raindogs Cine es una de la productoras más activas en proyectos de cine y de TV. Con 32 años Tejeira participó junto a su socio Julián Goyoaga en cortos como Tanto tiempo, Gol, Matrioshka, Irma o El hombre muerto. Produjeron el documental de TV Caddies y la animación Anina. Están a punto de terminar el documental Roslik. Sospechosamente rusos, y buscan financiamiento para la adaptación de Variaciones de Koch (relatos de Manuel Soriano) y para la serie Hombre Público. Acaban de ganar un fondo para rodar el documental Autómatas.

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