ENTREVISTA

Alfonsina, poeta del presente

La cantante se sube al escenario el 22 de setiembre se subirá al escenario de La Trastienda para cantar los temas de Pactos.

Alfonsina. Foto: Difusión
Alfonsina. Foto: Difusión

—¿Es cierto que siempre tuviste oído pero no disciplina?

—No me gusta la teoría de la música. Tal vez sea una manera de resguardarme para que no esté todo el conocimiento estandarizado. Estoy en quinto año de Bellas Artes, pero en la música quiero dejar un espacio donde no haya una convención que me ate. Quiero que sea un poco más instintivo y vinculado al presente, lo cotidiano, y no a lo que otros estudiaron en otro tiempo y decidieron que estaba bien o mal.

—¿Siempre supiste que vivirías de tus canciones, aun cuando tenías terror a tocar en vivo y cantabas encerrada en tu cuarto?

—No pensaba que iba a hacer música pero sí que iba a continuar por el lado de la sensibilidad. Escribo poesía desde niña. Estudié Comunicación y pensé que me iba a dedicar al cine, pero advertí que el trabajo en equipos tan grandes y las extensas jornadas se me dificultaban. De ahí salí para la música.

—¿Qué sentías cuando en tu casa te oían cantar y decían que eras un perro?

—Lo hacía con la puerta cerrada, me escuchaban porque gritoneaba, pero como no estaba buscando aprobación no me importaba mucho.

—O sea que nunca te tiró para atrás…

—Todas las resistencias en la vida las he tomado como impulso. Si te tiran para atrás un poquito y cedés, no tenías tantas ganas. Pero si realmente estás convencido vas a salir como un proyectil.

—¿Qué dice tu familia ahora?

—Están atentos a lo que hago. Ya me tienen confianza.

—Lo que más te importa es conectar con la gente, ¿hubo algún show en el que bajaste tan desanimada que dijiste, largo todo?

—Sí, entre un disco y el otro tenía una gran confusión. Quería terminar con la etapa anterior y hacer los temas nuevos, pero todavía estaba en esa transición. Creo que no conectaba del todo con mis propios tiempos e ideas, entonces pensé en dedicarme a las artes visuales y dejar la música. Hasta que salió el disco nuevo y llegó la primavera.

—A los 13 años te encontraste con sensaciones que no comprendías y empezaste a usar la música para investigar, ¿hoy sigue siendo un refugio personal?

—Lo llamaría un laboratorio. El arte te puede dar la posibilidad de ver distintas formas de existir en el mundo, de transformar los lenguajes, de desarmarlos y reconstruirlos, de comunicar y conectar desde distintos ángulos.

—¿Y de conectar con vos misma a nivel introspectivo?

—Existir para mí es muy introspectivo. Hoy pienso que soy una relación de muchas cosas: la conversación que tengo contigo, la película que vi ayer, el texto que leí, el cuadro que vi. Todo lo que está alrededor se vuelve una herramienta de introspección para entender las peculiaridades de existir.

—En tu primer show en Cabo Polonio tenías un grado de inocencia y vulnerabilidad enorme, ¿se mantienen esas sensaciones aunque hoy tengas muchos más escenarios encima?

—La vulnerabilidad es completa siempre, pero en aquel momento me pasaban cosas que hoy no permitiría, como por ejemplo parar en la mitad del tema y decir, perdón, tengo que volver a empezar.

—Dijiste "a veces escribo pero no soy escritora, a veces canto pero no soy cantante", ¿seguís sin saber qué sos?

—Hoy me pienso como poeta contemporánea. Defino la poesía como una relación entre formas y silencios. A veces esas formas son palabras, otras son colores que pinto en un cuadro o espacios que fotografió.

—No te gusta encasillarte en géneros y estilos. Anticipabas que tu segundo disco iba a llamar la atención, ¿eras consciente de que había un cambio en vos?

—El cambio es radical en lo personal y en lo filosófico. En el disco anterior (El bien traerá el bien y el mal traerá canciones) tenía mucho más arraigada la noción de destino. En Pactos se revirtió y está patente la voluntad: construí tu vida y da el paso porque depende de vos. Y sin embargo, a veces el destino se intercala y aparece en forma de inspiración, predicciones extrañas, poesía, cosas que no logro entender y son propias de la sensibilidad. Pero hago fuerza para seguir pensando que tu vida es lo que hagas con ella.

—¿Tenés predicciones?

—Sí, muchas. Hace poco soñé que una amiga tenía un accidente. Me desperté, la llamé y le dejé un mensaje: no sabés el sueño que tuve, chocabas, te veía tratando de frenar y no podías. Cuidate. A las horas me contó que se había comido un cartel de pare y le habían hecho pelota el auto.

—¿Hubo premoniciones en Pactos?

—Las canciones muchas veces me adelantan el futuro. Tal vez es mi subconsciente que me habla de lo que ya está procesando. Es difícil explicar cómo lo vivo. En la canción Ese frío vacío escribo, entre los mil poetas que se quedan algo se abre en otro lugar, y eso me está hablando sin que lo sepa en el momento de que necesito volver a traer a los poetas, ponerlos en diálogo con la realidad en un mundo que está hecho muy para las redes sociales.

—La mañana es el momento de mayor inspiración para vos, ¿compusiste Pactos en esas horas?

—Sí, Pactos se compuso, se produjo y se interpretó en la mañana. Ese umbral donde se está muy cerca del subconsciente lo encuentro en esas horas. Llevo una vida muy sana. Me duermo temprano, me levanto, desayuno como una piraña, tomo unos mates y se da una instancia de enamoramiento con el mundo que suele ser diaria.

—En el álbum debut le diste importancia a la numerología, ¿acá sucedió igual?

—Eso es parte de la noción de destino y acá no está presente. En el disco anterior estaban muy patentes todas las abstracciones del mundo de la sensibilidad que estudian los cabalistas o gente que cree en otra dimensión de la realidad. Con toda la enseñanza de la espiritualidad quiero hacer tierra. Ya no me interesa si los números son maestros o no. En cada canción quiero forjar una realidad hecha con voluntad, con arreglos, mensajes y texturas concretas.

—Le diste mucho más espacio a la creación de ambientes y la experimentación de sonoridades que a las letras, ¿no?

—Ahora las dos tienen la misma importancia. La palabra y la poesía tienen mucho de lo abstracto. Quise juntar eso simbólico con lo concreto, que es, por ejemplo, cómo suena el bajo si lo toco con esta púa. Ponerle tierra al símbolo, y realidad a la idea.

—¿Es madurez?

—Sí, lo siento como un proceso de maduración.


Foto: Karin Topolanki

—Pactos es un disco ágil, repleto de texturas, ambientes, sugiere, interpela. Hace falta escucharlo más de una vez para captarlo y digerirlo, ¿te consta?
—Por suerte. Eso me alegra mucho. Es un disco que llevó mucho crear. Tiene pensamientos uno arriba del otro que están entramados y solapados. Pensamientos en forma de música y de palabra. Son movimientos que hay que escuchar varias veces para poder captarlos. La idea es que no sea un disco descartable.

—En Fuego hay un recitado sobre tu generación, ¿de dónde parte?

—Es una historia muy loca. Lo grabé en 2009 con un micrófono de computadora sentada en mi cuarto con una repentina coherencia de las palabras y ese texto dictándose muy rápido: "Todo es una bomba cuya cuenta regresiva no acaba, es un abismo de ansiedad de historias que ya fueron". Una catarata que salió así, tal cual. En Fuego quería repetir y repetir, soy lo que doy y soy un nudo tenso cuando sobre pienso. Fabrizio Rossi, con quien mezclé y co produje el disco, me dijo, para mí no hay que seguir repitiendo eso. Y yo le mostré ese recitado. Me daba gusto poder hacer converger dos tiempos: en 2009 yo estaba hablando de 2017. Esa manera en la cual todo se entrecruza. Incluso hablo de cosas que hoy estudio en facultad acerca de lo que es el arte contemporáneo. En esos términos fue como predictivo.

—¿Sentís que lograste conectar con ese costado espiritual y esas epifanías que suceden en vos y te inspiran?, ¿era un objetivo?

—Eso lo respeto siempre. No lo fijo como objetivo porque no tengo cómo llegar hacia él. Lo recibo. Trato de estar disponible y abierta sensiblemente para que esas inspiraciones ocurran. No hago canciones porque se me dio la gana a las tres de la tarde. Tengo algunas que son más ejercicios y no las muestro. Si no nacen de un lugar profundo no las saco.

—¿Tenés muchas guardadas?

—Tengo un montón de grabaciones que nunca van a ver la luz porque son como ejercicios incompletos. Fragmentos, intentos.

—Definiste el momento de inspiración como una terapia mágica, ¿qué miedos trabajaste con Pactos?

—Puse en duda toda mi realidad, el mundo espiritual y me abandoné al abismo del libre albedrío total, donde todo depende de vos. Abandoné todas las creencias y eso fue terror puro. Por un momento no sabía quién era. Dije, quiero abandonar todo lo que está escrito en libros. Quiero ser un mundo nuevo. Construí de cero, como quien teje. Y logré un trabajo mucho más honesto y con un mayor nivel de profundidad que en el disco anterior.

—Cuando escuchabas el primer disco percibías cierto desfasaje entre lo que sentías y lo que cantabas, eso mismo te sucedía cuando eras niña y te grababas, ¿por qué crees que pasa eso?

—Tal vez justamente porque existe una visión de cómo tenés que sonar pero todavía no estás preparada para conseguirlo. Cuando era bien chica me grababa y yo sentía que cantaba de una manera pero no sonaba así. Mi cuerpo no estaba preparado todavía para hacerlo. Después me siguió pasando. Hoy escucho Pactos y estoy completamente sincronizada con eso.

—Has dicho que hay cuestiones que sentís al grabar que tienen que ver más con lo humano y el micrófono no puede transmitir...

—Mi idea fue hacer todo lo posible para que lo intransmisible se pudiera transmitir. Lograr armar espacios donde la comunicación se pueda dar entre el universo de la batería, el bajo, la guitarra, las teclas, la voz, las palabras, el significado, las texturas. Para poder encontrarnos con lo indecible el arreglo tiene que ser muy concreto.

—Sería como captar lo invisible.

—Y lo que está entre una palabra y la otra. Por eso pienso en el ser como una relación. Porque lo interesante no sos vos, ni yo, es lo que va a pasar en el medio. El pacto.

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