REMATE FINAL

El velorio bajo martillo de Raincoop

Los últimos bienes de la cooperativa se subastaron el jueves, entre ellos 52 ómnibus en diverso grado de deterioro que se vendieron entre 1.000 y $ 44.000. La mayoría terminará en chatarra, otros como galpones y dos honrarán su memoria con destino de museo. Tres horas duró un funeral a mejor postor.

Vea la fotogalería del fin de Raincoop. Foto: F. Ponzetto
El remate se desarrolló en el depósito y taller de Raincoop. Foto: F. Ponzetto
Foto: Fernando Ponzetto
Ómnibus de Raincoop por dentro. Foto: Fernando Ponzetto
A la mayoría de los coches les faltaba las cubiertas. Foto: F. Ponzetto
Desde el cierre de la empresa la seguridad ha sido mínima. Foto: F. Ponzetto
Remate de Raincoop. Foto: Fernando Ponzetto
Remate de Raincoop incluyó ómnibus y chatarra. Foto: Fernando Ponzetto
Así lucían los ómnibus por dentro. Foto: Fernando Ponzetto
Remate de Raincoop. Foto: Fernando Ponzetto
Flota de Raincoop. Foto: Fernando Ponzetto

Donde alguna vez usted se sentó en la línea 2 o 17 de la vieja Raincoop, ese mismo asiento gris, de plástico cuadrado e incómodo, será parte de la tribuna en una cancha de baby fútbol en Palermo. La carrocería se trozará y se venderá a $ 1,2 por kilo. Otro ómnibus que en su hora pudo haber sido 21 o 14, se convertirá en la ampliación de una próspera whiskería en Canelones. Quizás la suerte esté del lado del otrora 77 o 79 y sea restaurado por románticos del transporte para mostrarlo el Día del Patrimonio.

El tiempo es corrosivo con los fierros, pero en Uruguay hace el trabajo más rápido si consigue a sus mejores ayudantes: la quiebra, el abandono y el remate.

El jueves pasaron por el martillo los últimos bienes que le quedaban a la cooperativa Raincoop, cerrada desde el 10 de junio de 2016. Entre ellos había unos 52 ómnibus de los años 1992-1993 en estado diverso de deterioro. Algunos eran carcasas retorcidas, quemadas, sin ruedas ni puertas o ventanas. Otros presentaban un decoro intermedio, aún en situación de chatarra, y cuatro o cinco coches habían plantado digna batalla contra el tiempo (y sus ayudantes) y casi, casi estaban cerca del milagro de volver a arrancar.

Como los enfermos, una mitad de las unidades se encontraba "de alta": aquellas que en el momento del cierre de la cooperativa eran operativas y tenían y tienen títulos de propiedad y matrículas. "De baja", en cambio, significa el purgatorio del ómnibus: la compañía los desafectó antes de fundirse con lo que perdieron su condición de vehículo y llevan cinco, seis o 10 años de quietud, óxido y robos.

A la hora de los precios, hay que agarrarse del pasamanos como cuando el 21 doblaba por Bulevar Artigas: el más caro se vendió en $ 44.000, con los asientos y ventanas y el motor. Luego empiezan a bajar, alguno por $ 27.500, otro $ 26.000, aquel $ 18.000, $ 14.000 o $ 10.000. La gran mayoría se martillaron entre los $ 2.000 y los $ 8.000 y unas 10 unidades se fueron por ¡1.000 pesos! Sí, con 35 dólares se llevaron el Raincoop 68 o el 35, marca Volvo y carrocería CAIO Vitoria, que 25 años atrás habría costado 80.000 dólares.

Cuando finalizó el remate, el martillero Juan Pablo Carrau se declaró conforme con los resultados. Vendió todo lo que había al máximo precio posible: si bien no están las cuentas finales, el producido rondaría los 250.000 pesos, cifra que irá a favor de los acreedores del empresa.

El remate, que fue sin base, se desarrolló en el depósito y taller de Raincoop, en Avenida Corrientes, en La Unión. Además de los ómnibus, se subastaron herramientas, chatarra variada, neumáticos, escritorios, faxes y una cafetera... todo en un grado más abajo que el abandono: revuelto y vandalizado. A la mayoría de los coches le faltaban las cubiertas y los tableros. En los talleres todo estaba tirado como si hubiera pasado un huracán.

Desde el cierre de la empresa, la seguridad ha sido mínima y desarmada, lo que no impidió los múltiples robos y destrozos. Lo único que se conserva en este velorio empresarial, como un altar del fierrero, son los clásicos pósters de chicas con supercurvas desnudas en las paredes.

Por kilo.

"Son los últimos requeches. Lo poco que queda de la cooperativa", dice Carrau antes de empezar el remate y lo hace con algo de pena porque a su juicio las subastas más interesantes y dignas de esta crónica fueron en el pasado.

El predio se remató en junio en 1.725.000 dólares, al igual que los mejores ómnibus de la compañía, sin contar que muchos están ahora mismo rodando para los colores de otras empresas.

En cambio, en la mañana de este jueves de llovizna y viento, la mayoría de los interesados en el remate provienen del reino de la chatarra.

Héctor ha sido enviado por su patrón, dueño de un desarmadero en Ruta 8, a comprar barato todos los ómnibus que pueda. O mejor dicho: todo el metal que pueda. El destino final será una metalúrgica, que paga $ 1,20 el kilo de chatarra metálica. Un ómnibus pesa entre 5.000 y 8.000 kilos, así que si el rematador accede a buenos precios, puede haber un negocio. Aunque tiene sus matices: hay partes plásticas o de fibra de los coches que no sirven para nada, como también se puede vender el aluminio de los ventanas en la codiciado suma de $ 20 por kilo. "Vamos a ver, vamos a ver", dice Héctor.

El chatarrero es una especie de forense de lo inanimado. Tiene que hacer autopsias y cálculos sobre qué valor tiene el interior de cada objeto y cuanto le costaría trasladarlo y/o desarmarlo para evaluar si conviene o no comprarlo. Todo eso mientras otro hace el mismo ejercicio, el rematador alienta la puja y todo se recalcula entre los segundos de cada oferta.

EL DATO

Los deudos fanáticos de la cooperativa

Santiago Machado, de 15 años, recuerda que el 10 de junio de 2016 el último servicio de Raincoop lo prestó el coche 95 y en la línea 2. Maximiliano Priggione, de 24, se declara en Facebook como el "fan número 1 de Raincoop". Comparte fotos y recuerda anécdotas como pasajero. Porque ni Machado ni Preggione han sido funcionarios: los moviliza un sentimiento de hincha. En las redes alimentan grupos nostálgicos y comparten sus impresiones. Machado sueña con que algún día vuelva la cooperativa. Luego del cierre, la mayoría de los funcionarios de Raincoop se reubicó en Cutcsa, Coetc o Ucot cuando no se jubilaron. En el último tiempo casi no cobraban su sueldo por lo que son también acreedores de la cooperativa, aunque tienen pocas esperanzas de cobrar en la medida que se terminan los bienes y no dan las cuentas. Karen Fernández, hoy en Cutcsa, sonríe de incredulidad cuando se entera que el coche que manejó todo la vida (el 47) se vendió en $ 6.500 en el remate de este jueves.

Trabajar así, tan cerca del final de las cosas, seguramente influya para una visión poco entusiasta del futuro. "Yo he ido a todos los remates de fábricas y empresas. No sé cómo va a levantar este país. La industria está liquidada. Todo se cae y se vende por chirolas", asegura José. A él ya casi no le interesa el negocio por kilo porque lo considera trabajoso y poco redituable. "Quiero un ómnibus como casilla o galpón. Vamos a ver, vamos a ver".

Héctor y José son chatarreros de experiencia, pero a la hora de los bifes, cuando el rematador Carrau empieza con los lotes, se despega un tal Aníbal, joven, de ropa deportiva y querendón. En total, compra 16 ómnibus: todos "de baja" y en la peor condición. La mayoría los paga a $ 1.000 y el más caro, a $ 3.800.

"Un lote grande de los asientos los vamos a dar para la cancha de baby fútbol del Enrique López y otro tanto lo donaremos a otros de la Liga Palermo. El resto, a desguace", asegura Aníbal.

¿Y los costos? ¿Y el traslado? "No, no. Los vamos a picar acá mismo. Traemos el camión y en un día los desguazamos", dice con energía, con superación.

Un tal Martínez se lleva varios, igual que Enrique y también Víctor... a las 13:00, cuando hubo terminado el remate/velorio, todos los chatarreros han comprado al menos uno de los ómnibus. En este oficio hay un componente de adicción. "A veces comprás de más", dice José.

Por amor.

Pero no solo con la calculadora se venden los últimos coches azules y blancos de Raincoop. Facundo Martí trabajó cinco años en la cooperativa y vino para llevarse una unidad con el objetivo de transformarla en pieza de museo.

El día anterior, durante la exhibición, Facundo examinó minuciosamente las opciones y ha llegado al remate con tres o cuatro números de coche en la cabeza, todos de "alta" y bastante enteros.

Cuando aparece el primero de ellos (el 102) se pone a pujar con nervios. Ofrece 10.000, luego 12.000, le presentan competencia y sube la apuesta a 20.000 y luego 22.000. Lo termina pagando $ 26.000.

Una vez suyo, sale a tomarle fotos que comparte con sus socios del incipiente Museo del Ómnibus. Llueve ahora más fuerte y con viento, pero Facundo, de unos 30 años, está feliz. "A lo mejor me apuré un poco, pero no importa. Ya está".

Esteban Martínez, 38 años, buscaba una pieza casi única. Un coche Volvo con carrocería Thamco, año 1993. La puja lo lleva a pagar $ 8.000 por la unidad 98, una de las que perseguía. Cuando llega a su casa, comparte una foto con el comentario: "Señores... les presento la nueva adquisición de la Amdet".

En el pasado, era la sigla para la histórica compañía de transporte municipal, pero hoy significa "Asociación Montevideana De Entusiastas del Transporte", integrada por Esteban y otros 20 "entusiastas". Ya restauraron un trolebús, están haciendo lo mismo con un Leyland. Y ahora van por el Thamco. El objetivo: mostrarlo los días del patrimonio.

Bruno no puede comprar nada. No solo por dinero, sino porque no tendría dónde ubicar semejante mastodonte. Pero es tan aficionado a los ómnibus que ha sido el primero en llegar y, libreta en mano, apunta los valores en los que se liquidan los coches. De a ratos no puede creer. "Se están vendiendo muy baratos", dice el adolescente de 17 años mientras continúa subiendo y bajando el martillo.

Por un techo.

Sin asientos, un ómnibus se puede transformar en una superficie de 50 metros cuadrados. Si un contenedor marítimo cuesta unos US$ 3.000, Claudio hace negocio al comprar el coche 88 de Raincoop por $ 14.000.

Claudio tiene un campo cercano a Cuchilla Alta y ha venido a buscar una casilla para galpón de herramientas. Después del remate se queda porque ya arregló con el guinche para llevar el ómnibus a su destino final. Hay que actuar rápido porque si el predio tenía poca seguridad, después del remate no tendrá ninguna. Y el próximo 28 será entregado al Ministerio de Vivienda, que lo compró y lo destinará a soluciones habitacionales.

Hugo tiene ideas más creativas. Compró dos ómnibus por $ 7.500. Es mecánico pero tiene experiencia en el rubro nocturno de la diversión. Pasó de los pósters a la acción y regentea una whiskería en Canelones. Como la clientela aumenta, necesita ampliar el local y en ello usará una de sus adquisiciones, que será dividida y acortinada para mejor intimidad.

Así que el coche 27 de Raincoop, el mismo que quizás usted se tomó como línea 76 o 71, dedicará sus horas finales a placeres insospechados. Así de incierto es el futuro, después de la quiebra, el abandono y el remate.

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