crece el abuso sexual

La infancia trunca

Uno de cada cinco delitos cometidos en Uruguay hoy son de índole sexual, dice la Suprema Corte de Justicia. El crecimiento tiene que ver con la “erotización y ‘adultización’ de la infancia”, advierte el INAU. Y las dificultades que encuentra quien denuncia una situación de abuso aún son muchas, coinciden los involucrados.

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El Pereira Rossell lleva un registro de las sospechas de abuso sexual y maltrato.

Hace dos años, el ministro de la Suprema Corte de Justicia, Ricardo Pérez Manrique, estaba en Artigas en ocasión de la visita de cárceles que se realiza anualmente, y tras la cual a algunos reclusos se les concede la libertad. Alrededor de 20 presos de un total de 100 que alojaba entonces la cárcel de Artigas desfilaron delante de los ministros. Pérez Manrique recuerda la sorpresa que sintió —casi estupor— al saber que 18 de los 20 candidatos estaban involucrados en delitos sexuales contra niños.

Esta anécdota y otras respaldan el dato de que, según el ministro, y en base a su experiencia, entre el 15 y el 20% del total de los delitos que cometen los uruguayos son de índole sexual. "Y la inmensa mayoría son a niños, niñas y adolescentes", aseguró Pérez Manrique en una conferencia que dio este jueves en el marco de un congreso de Medicina Legal.

El abuso sexual —ya sea violación o atentado violento al pudor, que es como están tipificados en el Código Penal— ha aumentado en la última década, no hay dudas. Lo que no se sabe es cuánto, ya que muchas de las situaciones, sobre todo las que se dan de la puerta del hogar hacia adentro, se callan durante años.

En la cátedra de Psiquiatría Pediátrica del Hospital Pereira Rossell llevan una cuenta que puede resultar reveladora: en 1997, el 26% del total de las interconsultas a sala de pediatría eran por sospecha de abuso o maltrato. En 2008 ese porcentaje ascendió al 53%. Es decir, se duplicó.

En Uruguay no hay un registro único de casos de abuso sexual. El INAU tiene una línea telefónica gratuita, la "Línea Azul" (0800 5050) que recepciona denuncias (anónimas o no) de violencia en general hacia niños y adolescentes. En 2014, de unas 6.000 llamadas, 70% fueron realmente de presunta violencia. Y de ese total, el 10% refirieron a abuso.

Esa cifra —10% del total de los casos de violencia—, está en el promedio mundial, dice Alejandro López, director de la División Estudio y Derivación del INAU, de la que depende Línea Azul. López también es representante regional de las líneas de ayuda en América y el Caribe en la organización Child Help International.

Por otro lado, el Sistema Integral de Protección a la Infancia y la Adolescencia contra la Violencia (Sipiav, que preside el INAU), registró que del total de la población atendida por el instituto en 2014, uno de cada cinco fueron víctimas de abuso sexual.

El spa y Tinelli.

La directora de Psiquiatría del INAU, Mónica Silva, tiene su oficina en la división de Sanidad, un lugar por el que desfilan policías con adolescentes esposados pero también madres que van con sus hijos a consulta o en busca de medicación.

Silva, una mujer expresiva y enérgica, se pone y se saca los lentes en un gesto de incomodidad: no es fácil explicar por qué viene creciendo el abuso sexual infantil.

"Las redes sociales han tendido a un manejo de la sexualidad muy complejo. Además, estamos en una época en la que cuanto más joven y más nena es, más bella y más cerca del ideal de modelo sexual está", ensaya Silva. "Se ve en las revistas, en Tinelli… También eso está habilitando paulatinamente a que nenas de 12 o 13 años estén modelando pintadas como mujeres. En los concursos de belleza de los yanquis hay unas nenas chiquitas bailando alrededor de un caño y con los ojos pintados. Se está erotizando y adultizando la infancia. Las madres las llevan a festejar su cumpleaños a un spa de nenas, ¡y van de lo más contentas! O les dan yogur light para que no engorden".

Dice la psiquiatra que, al parecer, en tren de "romper tabúes", la sociedad contemporánea también está rompiendo con el tabú del incesto, "que tiene que ver con que la sexualidad es del mundo adulto", y a su entender esta es una tendencia "de muchísimo riesgo". Las investigaciones muestran que el incesto ha estado presente históricamente, pero que ha sido escondido por vergüenza. "Ahora ya no está tan contenido", alega Silva.

A eso hay que agregarle el afán de "tener por tener", y cierto empobrecimiento del "marco normativo ético interno" ("parecería que nada está del todo mal"). Simplificando, el resultado de este "combo" es el que reflejan las cifras.

El panorama empeora cuando el abusador es un adulto de referencia para el niño. En el congreso de Medicina Legal, la profesora adjunta de la cátedra de Psiquiatría Pediátrica, Matilde Di Lorenzo, dijo que el abuso intrafamiliar representa entre el 60 y el 89% del abuso sexual infantil. Además, cuando el abusador es cercano, el 77% de las veces es el padre o la madre de la criatura. Los estudios demuestran que es más frecuente en niñas y que atraviesa todas las clases sociales.

¿Cómo se explica el abuso a un hijo? "Eso viene del vínculo amoroso —responde Silva—, de no poder deslindar lo amoroso de lo erótico. Es algo perverso, obviamente. No es normal".

En estos casos los niños "no tienen las herramientas emocionales ni racionales para decir que no, porque no lo logran entender". Cuando viene del entorno familiar, el abuso está "cargado de seducción y afecto", y eso "es terrible", lamenta Silva. "Porque el niño, si es chiquito, entiende que eso está bien. Si lo dice su papá, ¿por qué va a creer que está mal? Y aunque se sienta incómodo —no solo por la amenaza, que siempre está, más o menos encubierta, sino también por el conflicto de lealtades que se le genera—, es difícil salir de ahí".

Si fuera mi hijo.

Una adolescente y una señora se presentan en la seccional de madrugada. "Vengo a denunciar que la violaron", dice la señora. El policía que la atiende mantiene su rostro de piedra y le contesta: "Va a tener que venir mañana en otro horario, así declara ante el juez". Eso es todo. Se retiran.

La escena —real— es, para Pérez Manrique, evidencia de "las dificultades reales que tiene una persona en el Uruguay real en esas circunstancias".

El ministro de la SCJ cree que "la Policía ha mejorado", pero también reconoce que si el día de mañana le tocara denunciar que un hijo o un nieto suyo fue abusado, se la saltearía. "Si yo me viera en una situación de esas, sería confuso decir dónde, cuál es la puerta que toco primero a los efectos de no contaminar el relato, y de que el relato llegue a quien tiene que decidir de la manera más rápida posible", dice a El País, y se toma unos segundos para "articular una respuesta que les sirva a todos". Luego concluye: "Si fuera un hijo mío, lo llevaría a un médico que me certifique el relato y con eso hago una denuncia directamente ante el juzgado".

López, de INAU, discrepa con esa postura. Para él, la Policía es una garantía sobre todo para población de contexto crítico. "Yo, si viene una niña y me dice que la violaron, la acompaño a la seccional", dijo. López explicó que cuando una situación de abuso es detectada en la escuela, los maestros dan cuenta al INAU y allí derivan al juez. Si se encuentra en un centro de salud, los médicos suelen certificar el abuso y luego dar cuenta al INAU y a la Justicia. Son diferentes procedimientos en función de la "capacidad exploratoria" de los involucrados.

De todas formas, el hecho de que ni un ministro de la Corte tenga del todo claro cómo proceder ante un caso así revela, cuando menos, ciertas fallas del sistema.

Aún sucede que la víctima debe repetir su relato dos, tres veces o más, hasta que finalmente llega al juzgado y se somete al interrogatorio del juez. Y quizás deba volver a repetirlo si el abogado defensor se lo solicita.

Según Pérez Manrique, "el sistema actual se caracteriza por ignorar a la víctima". Además, la Justicia tiene "un déficit de psiquiatras infantiles" y "serias dificultades en el interior". "Muchas veces las pericias las terminan haciendo peritos no especializados o se traslada a la víctima a Montevideo, lo cual es una auténtica revictimización", advirtió en el congreso.

Las pericias son otra arista de un sistema con flaquezas. De hecho, la conferencia que dio la psiquiatra Di Lorenzo en el congreso se tituló, precisamente, "Controversias periciales en el abuso sexual".

"Estamos en un momento en el que se cuestiona el valor de la pericia", planteó Di Lorenzo, que además de trabajar en el Pereira Rossell se desempeña como perito psiquiatra forense en el Instituto Técnico Forense (ITF). "¿Existen indicadores específicos que permitan certificar un abuso? ¿Qué validez tiene el relato del niño y quiénes deberían hacer esa evaluación?", se preguntó ante un auditorio compuesto de médicos y operadores judiciales.

La especialista dijo que idealmente la pericia debe ser un trabajo conjunto entre un pediatra, un psiquiatra, un psicólogo, un especialista en trabajo social y un médico legista. El objetivo es esclarecer el delito y para eso se valoran los signos, los síntomas y el relato de la presunta víctima, agregó Di Lorenzo. Sin embargo, de una revisión de 45 estudios surge que entre el 21 y el 49% de los niños víctimas de abuso son asintomáticos. Y aún si no lo son, "el abuso no produce un único conjunto consistente de síntomas", es decir, "no hay indicadores específicos".

Esto coloca al relato del niño en un lugar fundamental, pero ¿qué tan confiable es? Tampoco está libre de controversias. Di Lorenzo advirtió que solo un técnico capacitado es capaz de distinguir si un relato es válido, veraz, auténtico o confiable. El hecho de que el niño no diga la verdad no necesariamente significa que mienta. Más bien lo frecuente es que su relato esté contaminado de "informaciones erróneas" provenientes del mundo adulto. Las falsas denuncias pueden llegar al 35% de los casos. La manipulación o mentira intencional va del 6 al 8%.

En tanto, si la denuncia es "libre y espontánea" (sin interferencias previas), en el 92% al 98% de los casos el abuso realmente ocurrió, aseguró Di Lorenzo.

Tras su presentación, un fiscal preguntó si a la vista de las limitaciones no debería ser el juez el que, mediante su interrogatorio, "pericie al niño". Se armó una discusión y varios terminaron gesticulando, hablando por lo bajo y sonriendo con ironía. "Se pudrió, siempre se pudre", comentó el médico legista Hugo Rodríguez Almada, intentando descontracturar.

La palabra final la tuvo el ministro Pérez Manrique, que concluyó: "Hay una cantidad de grises. Pero jueces y fiscales no estamos capacitados para esas pericias. Yo creo que es insustituible. No veo otra forma de aproximarse a la verdad. Hay que mejorarlas. Y si son asintomáticos, terminaremos en absolución por falta de pruebas".

Línea azul va al lugar denunciado en 24 horas

Cuando la Línea Azul (0800 5050) recibe una llamada denunciando una situación de violencia hacia un niño, niña o adolescente, lo primero es una orientación telefónica que dé "inicio a la exploración", según el director Alejandro López. Luego, si persiste la sospecha, se le pide a la persona que al menos brinde una dirección a la cual poder acudir (no es necesario dar nombres). En 24 o 48 horas un equipo de INAU visita a la familia y allí se evalúa si citar a consultorio. "Con ese proceso te vas aproximando hasta llegar a la dinámica más propia de la familia, y se decanta si existe o no (la violencia denunciada). Luego se ve si continúa dentro del INAU y si se deriva a la Justicia", describió López. Siempre que hay abuso sexual termina en juez porque es un delito. En este caso, el equipo del INAU realiza una revisión médica básica, pero no una pericia. Esto último le corresponde a la Justicia, ya que el objetivo es constatar el hecho delictivo. López dijo que corresponde recurrir a la Línea Azul en casos de "presunción" de violencia, pero que si el daño es evidente hay que acudir directamente a la Policía.

Víctimas que hablan tras el horror


“Mucho antes de que me empezara a tocar ahí abajo, ya hacía algunas cosas medio desubicadas… Qué sé yo, pasaba por atrás mío muy cerca frotándose contra mi cola, y por ahí me pedía disculpas, como que se había tropezado. O entraba al baño cuando yo me estaba sacando la ropa para bañarme y se hacía el distraído, como que no sabía que yo estaba adentro. Él no quería que hubiera llaves ni pasadores en el baño porque decía que si uno se queda encerrado adentro, ¿cómo sale?”.

 “Él me dijo que todos los papás revisaban a sus hijas como él me revisaba a mí, y a mí no se me ocurría que eso no era cierto. ¿Cómo se lo iba a discutir si él era doctor?”.

“¿Vos sabés lo que significa que una persona como él, que podía elegir a cualquier chiquilina como yo, me eligiera a mí? A mí en mi familia nadie me miraba, no existía, era un fantasma, pero, eso sí, me hacían lo que querían… Yo pensaba de verdad que él me iba a rescatar. Cuando me dijo que lo toque ahí, yo pensé que no podía decirle que no, después de todo lo que había hecho por mí”.

 “Cuando mi mamá se murió yo estaba tan sola… Ella no sabía nada de lo que mi papá me hacía, pero por lo menos cuando estaba en casa yo podía hablar con ella, hacer cosas con ella, aunque no supiera nada. Después, cuando se murió, mi papá me dijo que quedábamos solo él y yo. No pude ir más a visitar a mis tías ni a mi abuela… Ellas tampoco venían, porque nunca se habían llevado bien con mi papá, entonces ahí fue donde de verdad me quedé sola. Mi papá me dijo: ‘Ahora la mujer de la casa sos vos’, y que por eso tenía que dormir en su cama, al lado suyo. A mí me daba miedo dormir sola, por eso me lo aguanté eso de dormir con él. Si total él cuando quería hacerme eso, me lo hacía igual”.

Me habían regalado un diario y yo ahí empecé a escribir todo lo que sentía, todo lo que me pasaba. Una vez mi papá lo descubrió, pero yo lo tenía muy bien escondido… Igual lo encontró. Se enojó mucho por lo que yo había escrito ahí y le arrancó todas las páginas, pero me lo devolvió. Yo dejé de escribir un tiempo, pero igual él venía y lo revisaba casi todas las noches”.

(Fragmentos de “Abuso sexual infantil. Cuestiones relevantes para su tratamiento en la justicia”, de Unicef y otras organizaciones)

SABER MÁS

Indicios para detectar si un niño fue abusado


En el “Mapa de ruta para las situaciones de maltrato y abuso sexual en niños, niñas y adolescentes detectadas en el ámbito escolar”, publicado por Unicef, Primaria y Sipiav en 2013, se detallan los indicadores físicos que podrían ser observados en caso de estar ante un niño víctima de abuso sexual.

Estos son: dificultad para sentarse o caminar por molestias en los genitales, ropa interior manchada o sangrienta, dolor o picazón en la zona genital, dificultad para contener orina o materia, y embarazo.

Entre los indicadores conductuales el abanico es más amplio: agresividad, sometimiento ante otros, permanencia excesiva en la escuela o institución de confianza, desconfianza respecto a las figuras significativas, tristeza extrema, trastornos del sueño, evita cambiarse de ropa frente a otros o participar en actividades físicas, conducta o conocimiento sexual sofisticado o inusual para su edad, entre otros.

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