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Cárceles para inocentes

Reabre el zoológico


@| Hoy me desayuno con que el gobierno uruguayo gastará 2,8 millones de dólares en reabrir el Zoológico de Villa Dolores.

Por un tiempo fui un ingenuo al creer que se cerraría definitivamente y que el enorme, céntrico y hermoso predio sería destinado a actividades culturales, recreativas y culturales.

Pero está visto que estamos en plena Edad Media mental.
Somos incapaces de comprender que los zoológicos (todos ellos) son las únicas cárceles en que todos los cautivos, sin excepción, son absolutamente inocentes.

Ni en las peores prisiones se les condena, sumariamente, a todos los reos a cadena perpetua. Nuestra crueldad y ceguera (prefiero no decir estupidez) nos impide apiadarnos de un tigre de Bengala, un oso polar, una llama peruana, un elefante asiático, un hipopótamo del Nilo, un emú de Australia, una cobra de la India y mil ejemplares que, nacidos para vivir y morir libres, subsistirán y morirán en el Atlántico Sur sin haber nunca vivido.
Focas y osos de cristalinas aguas árticas condenados ¡de por vida! a un charco de aguas verdosas y malolientes.

¿Así pretendemos educar en valores universales a nuestros futuros ciudadanos, hoy niños?

Protestamos públicamente, con razón de sobra, en contra el maltrato a las mujeres y los niños, por saberlos inocentes de toda inocencia, pero no nos conmueven estos seres que esclavizamos para nuestro morboso placer, por pura ignorancia.

También los “cultos” franceses de los años 1830 miraban con curiosidad en la Casa de Fieras de París y Lyon a aquellos cinco seres desgraciados que se parecían a los seres humanos. La única hembra del grupo alimentaba, de su reseco seno, al quinto integrante de la extraña tribu.

Por si no lo sabés, eran indígenas uruguayos que muy pronto morirían enjaulados por dar gusto a quienes pagasen (creo que cinco francos) por tal “atracción” circense.

¿Podremos comprender, algún día, cómo se sintieron esos hermanos enjaulados? ¿Despertaremos, algún día, y nos compadeceremos de quienes ningún mal nos han hecho?

Pero, ¿por qué extrañarnos de ese comportamiento gubernamental, cuando es el fiel reflejo del soterrado comportamiento de cientos de ciudadanos que, faltos de comprensión por los más desprotegidos, obligan a distintos animales a vivir en condiciones humanas cuando son animales? ¿Acaso los humanos, en un inesperable gesto de amor, aceptarían vivir como perros?
Un perro o un lobo nunca entenderán que hoy les festejamos su cumpleaños, por eso les ponemos un coqueto gorrito, pero entienden y valoran lo que es correr en libertad.

Por suerte los uruguayos, en general, hemos ido perdiendo aquel mal gusto de tener pájaros enjaulados, como si fuéramos los dueños de sus vidas. Y aprendimos (a la fuerza) a envenenarnos en solitario con nuestra nicotina. Algo es algo.

Un día, ya lo verás, comprenderemos que un perro es un perro, un oso es un oso y un niño es un niño y todos necesitan vivir como tales.
Dejemos que los animales sean animales y ocupémonos de hacer ciudadanos dignos, que aborrezcan las prisiones, todas las prisiones, zoológicos incluidos.

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