Fanny Trylesinski
Fanny Trylesinski

Mentime que me gusta

Con la proximidad de las instancias electorales los distintos actores políticos aumentan su exposición en los medios de comunicación. Tratan de convencer a los ciudadanos de las bondades de su gestión en el caso del gobierno, y, de sus propuestas, en el caso de la oposición. En relación a los gobernantes, el esquema que plantean es simple y sencillo y no requiere demasiada sofisticación por parte del auditorio, para ser comprendido. En lo que hace específicamente a la economía la cuestión es así: antes del 2005 gobernaban los “neoliberales” (nadie sabe muy bien qué son, pero no importa. Se sabe que son pérfidos). Todo era estancamiento, pobreza, desempleo y mala distribución del ingreso y en los pocos momentos en que hubo crecimiento del Producto, los capitalistas se apropiaban del mismo y los pobres no se beneficiaban. La década del 90 es el símbolo de toda esta insensibilidad y el caballito de batalla del “relato” oficialista.

Con la proximidad de las instancias electorales los distintos actores políticos aumentan su exposición en los medios de comunicación. Tratan de convencer a los ciudadanos de las bondades de su gestión en el caso del gobierno, y, de sus propuestas, en el caso de la oposición. En relación a los gobernantes, el esquema que plantean es simple y sencillo y no requiere demasiada sofisticación por parte del auditorio, para ser comprendido. En lo que hace específicamente a la economía la cuestión es así: antes del 2005 gobernaban los “neoliberales” (nadie sabe muy bien qué son, pero no importa. Se sabe que son pérfidos). Todo era estancamiento, pobreza, desempleo y mala distribución del ingreso y en los pocos momentos en que hubo crecimiento del Producto, los capitalistas se apropiaban del mismo y los pobres no se beneficiaban. La década del 90 es el símbolo de toda esta insensibilidad y el caballito de batalla del “relato” oficialista.

Sin embargo, la realidad es bien distinta a esa mentira que nos cuentan.
En 1986, el porcentaje de personas cuyo ingreso era inferior a la línea de pobreza era de 46%. Al culminar el mandato del Dr. Sanguinetti había disminuido al 26%. Cinco años más tarde, el Dr. Lacalle deja ese indicador en un valor de 15%. O sea que el porcentaje de pobres se redujo a la tercera parte.

En relación a la distribución del ingreso, el indicador más utilizado para su medición (el Indice de Gini) muestra en ese período una absoluta estabilidad. O sea, que la distribución claramente no empeoró.
En la segunda mitad de la década del 90 se hizo sentir el efecto de la crisis mexicana de 1995 y de las asiáticas y rusas hacia el final del período. El porcentaje de pobreza aumentó levemente y la distribución del ingreso siguió sin modificarse.

Lo que acabamos de reseñar es lo que nos indican las estadísticas oficiales. Y estas no avalan lo que el oficialismo y sus acólitos pregonan y repiten hasta el hartazgo.

Es cierto que a partir de comienzos de los años 2000, el país ingresó en una etapa crítica con una caída en el nivel de actividad muy importante y un aumento en los índices de pobreza. Pero el Uruguay no nació en el año 2002 y hay una historia previa que es la que se intenta distorsionar.
Se atribuye al Ministro de Propaganda del régimen nazi la idea de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Parecería ser que varios de los candidatos, ministros y voceros del oficialismo aprendieron muy bien esa lección.

Más aún, el candidato del gobierno no solo utiliza este recurso, sino que acusa a la oposición de hacer lo mismo. Según su visión, la educación en el Uruguay está fantástica y la inseguridad que padecemos los ciudadanos es pura sensación térmica. Para fundamentar, utiliza indicadores parciales que no dan cuenta de la realidad tal cual es y, por lo tanto, presenta una visión distorsionada que sólo sirve para defender el statu quo y no proponer ningún cambio.

De esta forma, quizás logre su objetivo primordial que es volver a ganar la Presidencia de la República y mantener al Frente Amplio en el gobierno. Si eso sucede nos podemos despedir de los cambios que resultan imprescindibles en seguridad y en educación. Si se sigue haciendo más de lo mismo, los resultados no podrán ser diferentes y seguiremos resbalando por la pendiente.

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