UNIÓN EUROPEA, 60 AÑOS: UN FUTURO DESAFIANTE

Euro, modelo de éxito de un continente líder

Falta implementar la unión bancaria y la garantía de depósitos.

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Encuentro de líderes de la UE en Roma para conmemorar los 60 años del organismo. Foto: Reuters.

La Unión Europea (UE) celebró ayer en Roma sus 60 años de historia, una cita de revisión del pasado y reflexión sobre el futuro en la que el euro se presentó como éxito comunitario y ejemplo de las ventajas de una Europa que permite a sus países avanzar a distintas velocidades.

En la cumbre de Roma, que reunió a los veintisiete países que siguen a bordo una vez se consume la salida de Reino Unido, los líderes adoptaron una declaración en la que destacan los logros, retos y líneas de acción futuras de la UE, y abogan por progresar juntos y a distinto ritmo cuando sea necesario, siempre en el marco del Tratado.

En este documento, con mucho valor simbólico pero poco legal, queda reflejado que la moneda única es un logro y se expresa la voluntad de seguir reforzando la Unión Económica y Monetaria, de la que forman parte diecinueve países.

Y es que, 25 años después de su nacimiento con el Tratado de Maastricht, son numerosas las ventajas que se le reconocen al euro: la estabilidad de la divisa, el control de la inflación o el haber facilitado los intercambios comerciales, entre otros.

En el otro lado de la balanza, la política monetaria del Banco Central Europeo no funciona igual de bien para los Diecinueve, ya que persisten los desequilibrios entre sus economías y es difícil atajarlos porque sigue siendo una construcción incompleta.

Pese a ello, la evaluación global es de éxito, especialmente después de que la moneda única haya sobrevivido a los envites más duros de la crisis -la desconfianza de los mercados, los rescates a varios países y la amenaza de la salida de Grecia- no solo sin romperse, sino reforzando su estructura en el proceso.

"El euro tiene ahora una base mucho más estable que antes de la crisis y la economía de la eurozona es mucho más resistente", dijo en un reciente discurso el director gerente del fondo de rescate de la eurozona (el MEDE), Klaus Regling, que conoce bien la labor titánica que ha sido mantener a flote a Irlanda, Portugal, Chipre, España y, aún hoy, a Grecia.

"No podemos dar la impresión de que estamos perpetuamente en un proceso de reparación", defendió Regling, para quien la superación de la crisis en la eurozona es un motivo de "optimismo" sobre la capacidad de Europa frente a otros retos.

Tanto es así, que el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, o el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, defienden el euro como ejemplo de las bondades de una UE a varias velocidades, en la que los países que quieran puedan profundizar en su integración en ciertas áreas sin que los demás estén obligados a hacerlo.

"El euro determinará la primera velocidad, y los países de la UE que estén fuera serán la segunda", opina la subdirectora del centro de estudios europeos Bruegel, María Damartzis, para quien otros Estados no comunitarios como Reino Unido o Turquía podrían ser la "tercera velocidad".

Decisivo.

Damartzis considera que "en temas económicos el euro será el mínimo de cooperación" e insiste en que la UE debería reflexionar sobre si conviene obligar al resto de países a que adopten la moneda única, tal y como exigen hoy los tratados. "Quizá sería beneficioso que esto no estuviese en un puesto alto en la lista de prioridades", opinó.

La construcción de una "alianza" en torno al euro cobra especial relevancia en un contexto de tendencias desintegradoras como el Brexit, auge de partidos euroescépticos y nacionalistas, e incertidumbre global por los vientos proteccionistas que soplan desde Estados Unidos.

Más allá de estos desafíos, la Unión Económica y Monetaria sigue aquejada de la falta de una unión bancaria y un sistema común de garantía de depósitos, ya acordados pero aún sin implementar por las diferencias entre países, y de una unión fiscal que por el momento ni se plantea.

De los avances que se consigan en este sentido dependerá el futuro de la moneda única y, en buena medida, el de la UE.

Debate.

Además de las ventajas del euro, en este aniversario está presente la idea de una Europa a varias velocidades, a geometría variable o en círculos concéntricos, distintas expresiones para hablar de lo mismo. Se trata de permitir que varios países colaboren en determinados ámbitos sin que resulte necesaria la participación de todos los Estados de la UE.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, presentó esa opción como uno de los cinco escenarios posibles opara el futuro del proyecto europeo tras el Brexit, durante la publicación de su Libro Blanco sobre el futuro de la UE, a comienzos de este mes.

La idea suscita debates entre dirigentes nacionales, divididos entre fervientes defensores, observadores circunspectos y feroces opositores.

En realidad, la UE a varias velocidades ya existe. Con las sucesivas ampliaciones, la necesidad de permitir distintos niveles de integración se volvió indispensable y los tratados introdujeron en 1999 la "cooperación reforzada". Este procedimiento permitirá, por ejemplo, el lanzamiento de una fiscalía europea, especializada en los fraudes relacionados con el IVA transfronterizo y los fondos europeos. Los países interesados (suman 17 hasta la fecha) podrán participar de esa iniciativa, pese a la oposición de los demás, que podrán permanecer al margen.

La "cooperación reforzada" es un procedimiento que habilita que un mínimo de nueve países de la UE establezcan una cooperación o integración avanzada en un ámbito de las estructuras europeas, sin que se requiera para eso la participación de los demás miembros. Por ejemplo, algunos países lo aplican para armonizar los regímenes matrimoniales o el sistema de concesión de patentes, pero su uso es poco frecuente.

La eurorozna (incluye a 19 países) y el espacio Schengen de libre circulación (comprende a 22 países) son ejemplos de "cooperación reforzada", aunque no se les denomina así.

Al abordar este debate, la Comisión Europea obliga a todos los Estados miembros a decir con claridad si quieren avanzar en determinados ámbito o si, por el contrario, prefieren mantener el statu quo.

Con la llegada de la "cooperación reforzada" en nuevas áreas, la UE podría superar los bloqueos en algunos proyectos. Pero, el riesgo radica en aumentar las diferencias de derechos entre los ciudadanos europeos y en complicar aún más el funcionamiento de Europa, avisó Juncker.

La Comisión mencionó una serie de ámbitos de cooperación posibles: la armonización fiscal y social, la defensa o la seguridad (con intercambios obligatorios de datos para luchar contra el terrorismo y el crimen organizado.

La UE nace con la firma de un libro en blanco.

Los seis países fundadores de la Comunidad Europea, que dio origen a la actual Unión Europea, firmaron en 1957 un libro en blanco en lugar del Tratado de Roma. El hecho fue revelado a AFP por David Willey, que entonces tenía 24 años, y fue uno de los periodistas que hace 60 años asistió al acontecimiento. Willey, que está jubilado, tuvo su debut periodístico en Reuters en ese acto.

"Lo más divertido es que nos dimos cuenta después que el Tratado de Roma, de hecho, estaba formado sobre todo por un montón de páginas en blanco, ya que se había negociado a toda prisa y la organización no había sido perfecta, por lo que se vieron obligados después de la firma a llenar las hojas en blanco", contó el periodista a AFP.

Albert Breuer, uno de los organizadores de la firma, confirmó la anécdota en el sitio web de la Unión Europea. Fuente: AFP

Desconfían de los grandes y se oponen a reubicar a refugiados.

Más de una década después de su integración, la mayoría de los países que estuvieron medio siglo bajo el dominio de la Unión Soviética siguen buscando el equilibrio entre las ventajas y las obligaciones de pertenecer a la UE.

En 2004 fue la mayor ampliación hasta ahora. De los diez nuevos socios, ocho eran del Este: República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania y Polonia. Su ingreso se interpretó como el triunfo de la democracia y el capitalismo y sus economías se han beneficiado del mercado común y de los fondos de cohesión. Pero, en crisis, como la del rescate de Grecia o la de los refugiados, algunos de ellos han rechazado políticas comunes, vistas como una imposición exterior. La diferencia más visible ha sido por los planes de reubicación de refugiados, a los que se oponen Eslovaquia, Hungría, Polonia y República Checa. En general, estos países desconfían de una mayor integración que, creen, solo beneficia a los grandes Estados. "Ese proceso, por desgracia, ha estado unido a una UE muy tecnócrata y economicista en la que se han acentuado, sobre todo, las ventajas económicas de la adhesión", dice el analista político checo, Jiri Pehe. "Muchos no entienden hasta hoy el principio básico de solidaridad y cooperación".

A su vez, Vesela Cherneva, del Consejo Europeo de Política Exterior, con sede en Sofía, señala que la integración de Europa Central y Oriental en la UE fue una vuelta hacia su identidad". Fuente: EFE

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