MEDIO ORIENTE

Aumenta la tensión en la "guerra fría" saudí-iraní

Por ahora un enfrentamiento armado entre las dos potencias rivales del Golfo es limitado.

Soldados en una trinchera durante la primera guerra del Golfo Pérsico en 1982. Foto: AFP
Soldados en una trinchera durante la primera guerra del Golfo Pérsico en 1982. Foto: AFP

La guerra verbal entre Arabia Saudita e Irán refleja una rivalidad creciente entre esos dos países del Golfo, pero el riesgo de un enfrentamiento militar directo entre ambas potencias regionales es por el momento limitado.

Arabia Saudita, en donde predomina el wahabismo, doctrina rigorista del islam sunita, y la República Islámica de Irán, chiita, rompieron relaciones diplomáticas en 2016 y, en su lucha por la influencia, apoyan a bandos rivales en Líbano, Irak, Siria y Yemen.

Desde el 4 de noviembre la tensión entre los dos países se reavivó luego de la dimisión del primer ministro libanés, Saad Hariri, que, desde Riad, acusó a Irán de injerencia en su país a través del Hezbolá, movimiento chiita apoyado por Teherán.

La tensión se acentuó cuando el príncipe heredero saudita, Mohamed bin Salmán, acusó a Irán de agredir a su país, responsabilizándolo del disparo de un misil por los rebeldes hutíes de Yemen interceptado cerca de Riad.

Irán niega toda implicación y llamó a Arabia Saudita a no jugar con fuego y a tener cuidado de la "potencia" iraní.

Más allá del antagonismo entre persas y árabes, la competencia entre Riad y Teherán se exacerbó con la revolución iraní de 1979 y la instauración de la República Islámica, portadora de un mensaje revolucionario de emancipación popular ferozmente antiestadounidense, percibida como una amenaza por Arabia Saudita, monarquía conservadora aliada a Estados Unidos.

Arabia Saudita fue uno de los principales financistas del dictador Saddam Hussein durante la guerra Irak-Irán (1980-1988).

Con el debilitamiento de Irak luego de la guerra del Golfo (1991), Arabia Saudita e Irán se convierten en "las dos principales potencias regionales", destaca Clément Therme, investigador del International Institute for Strategic Studies (IISS), para quien la rivalidad es primero "geoestratégica".

Arabia Saudita ve como una amenaza a su propia seguridad la influencia regional cada vez mayor de Irán en las guerras en Irak y en Siria, y su programa balístico.

Para Irán, que se estima rodeado por las bases estadounidenses y amenazado por los arsenales constituidos por sus vecinos con Estados Unidos, los misiles que desarrolla son solo defensivos.

"La primera causa de las tensiones actuales está relacionada al enfrentamiento indirecto entre Irán y Arabia Saudita", estimó Therme, citando Irak, Siria y Yemen.

Para Max Abrahms, profesor de la universidad estadounidense de Northeastern Boston, la rivalidad "irano-saudí es aún más marcada" con el debilitamiento reciente del grupo Estado Islámico en Irak y en Siria.

Esta competencia "define la organización de alianzas en Medio Oriente, recordando tiempos de Guerra Fría, que dividía a los países en dos bandos", dijo a la AFP.

Para Therme "la llegada de Donald Trump a la Presidencia en Estados Unidos liberó las energías antiiraníes en la península arábica" ya que Estados Unidos "tomó partido por su aliado saudita" y contra Irán.

Una actitud estadounidense totalmente diferente a la de la administración de Barack Obama, marcada por la firma del histórico acuerdo nuclear con Irán.

Las tensiones religiosas "emergieron como un parámetro mayor de la rivalidad irano-saudí" luego de la invasión estadounidense de Irak en 2003, que favoreció que los chiitas tomaran el poder en Bagdad, "pero sobre todo luego de las primaveras árabes de 2011", observó Therme.

"Los Estados árabes aparecieron entonces como vulnerables e Irán fue definido entonces como la principal amenaza a la estabilidad regional", agregó en referencia al apoyo de Teherán a las reivindicaciones de las importantes minorías chiitas en las monarquías del Golfo.

"Arabia Saudita va a intentar utilizar el último disparo de misil (hutí) para movilizar apoyos a favor de sanciones adicionales contra el programa balístico iraní", estimó Graham Griffiths, analista de Control Risk.

Pero "el estallido de un conflicto regional más amplio es improbable", afirmó a la AFP. "El riesgo de escalada parece atenuado por el miedo a una guerra", estimó Therme, recordando que "Irán tiene la experiencia" dolorosa "de la guerra con Irak". En cuanto a Arabia Saudita está "inmersa en Yemen", en donde lidera una coalición desde marzo de 2015 para frenar el avance de los hutíes.

Para el grupo Eurasia Group "la retórica no refleja necesariamente un interés por la guerra". Pero el argumento "nacionalista" contra Irán podría ser instrumentalizado por el príncipe heredero.

Hariri dice que volverá a Líbano

El primer ministro libanés, Saad Hariri, aseguró ayer en su primera entrevista tras haber dimitido el pasado fin de semana, desde Arabia Saudí, que regresará "muy pronto" a Líbano. En una entrevista con la televisión libanesa Al Mustaqbal, Hariri admitió que presentar su dimisión desde otro país "no es la manera usual" de hacerlo, pero se justificó asegurando que está "tomando medidas de seguridad" para protegerse, al mismo tiempo que busca alertar a los libaneses de que "están en peligro".

Hizbulá dice estar lista para una guerra

Dos representantes del grupo chií libanés Hizbulá afirmaron ayer domingo que esta organización está preparada para cualquier eventualidad, en especial, una guerra con Israel, en medio de la tensión entre Arabia Saudí y Líbano por la dimisión del primer ministro libanés, Saad Hariri.

"Estamos preparados para todas las eventualidades y no dejaremos pasar ninguna ocasión para obtener victorias", aseguró el jeque Nabil Kauk, vicepresidente del Consejo Ejecutivo de Hizbulá, en declaraciones recogidas por la televisión Al Manar, portavoz del grupo chií. "El enemigo israelí conoce perfectamente las consecuencias de una guerra (contra Hizbulá) y no puede asumir una eventual ofensiva contra el Líbano", agregó, aludiendo al último enfrentamiento con Israel, en julio-agosto de 2006.

En las últimas semanas, crecieron los rumores sobre un posible ataque israelí contra Hizbulá. De hecho, el propio líder del grupo, Hasan Nasralá, acusó a Arabia Saudí de pagar a Israel miles de millones de dólares para que lance una ofensiva contra el Líbano. Por otra parte, el diputado de Hizbulá, Hasan Fadlalá, afirmó que el brazo armado del grupo chií está preparado para defender el Líbano. EFE

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