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Uruguayas mirando a la Meca

No es fácil ser musulmana en Uruguay. Las mujeres que se han convertido admiten que, muchas veces, no son comprendidas; salir a la calles de Montevideo con hiyab (el velo islámico) implica recibir miradas de reojo y comentarios sarcásticos, y la ausencia de una comunidad musulmana gravitante incide en otros aspectos de su vida diaria, como la elección de escuelas para sus hijos o la falta de lugares donde realizar las oraciones.

El código de vestimenta islamico es respetado por las uruguayas, pese a las críticas.
El código de vestimenta islamico es respetado por las uruguayas, pese a las críticas.
Islámicas en Uruguay
Islámicas en Uruguay
Islámicas en Uruguay. Foto. F. Flores
Islámicas en Uruguay. Foto. F. Flores
Con el Corán traducido del árabe "con el sello de La Meca". Foto: F. Flores
Con el Corán traducido del árabe "con el sello de La Meca". Foto: F. Flores

Durante unos meses, Amina (30) decidió no salir a la calle, "no por vergüenza sino porque no soportaba tantas miradas ni preguntas".

Explicó que "ir a un restaurante con el cabello cubierto y la túnica resultaba incómodo a veces, porque la gente te está mirando a cada bocado que comés. En más de una ocasión me preguntaron de qué país era, y cuando respondí que era uruguaya me dijeron: ¿De qué estás disfrazada? El uruguayo no está acostumbrado a ver otras vestimentas, sobre todo las religiosas. En otros países, eso no genera sorpresa ni problemas".

Nour (Luz, en árabe) tiene 44 años y es funcionaria pública. A veces sale apurada de casa y se olvida de colorarse el hiyab. Considera que al no estar en un país musulmán, "eso no es tan relevante". En Egipto vio a mujeres musulmanas que no usaban velo; sin embargo, algunos musulmanes en Uruguay le han reprochado que no lo usara siempre. En su trabajo saben que es musulmana y la han visto con el velo desde hace años. "Algunos me han dicho que estaba loca; otros, que tenía un pelo hermoso como pa-ra esconderlo. Pero ahora están curados del espanto y es algo que tampoco me importa", dice.

Zainab (31) es operadora terapéutica en adicciones, hace teatro e integra el grupo Mujeres de Negro contra la violencia doméstica. Utilizó un tiempo el hiyab, pero luego dejó de usarlo "porque comprendo que la cultura uruguaya no está preparada para ver una mujer con el velo islámico".

"Para conseguir un trabajo no podés aparecer con hiyab porque ya estás perdiendo antes de empezar", sostiene. "Es difícil ser musulmana en Uruguay".

En cambio, Fátima, también uruguaya y docente de idiomas, lo lleva mejor quizás por provenir de una familia árabe.

"Me visto a lo musulmana y camino por 18 de Julio, subo al ómnibus y me dan el asiento y me saludan. Un señor me dijo una vez: ¡La felicito, señora!", recordó sonriente.

Se puso más seria al hablar de cómo a veces se ve al islam en Uruguay, y cómo ella lo vive. "Hay dos islam: el verdadero es el que camina hacia Alá y su respeto. El otro islam está confundiendo a Occidente. Piensan que somos malos, que nuestra religión consiste en cortar cabezas y tirar bombas; lamentablemente hay muchos fanáticos".

Yihad.

Amina se convirtió hace 10 años. "Mis padres eran ateos y no se hablaba de religión en mi casa, pero en la adolescencia empecé una búsqueda de espiritualidad por diferentes religiones, en especial entre los evangélicos". En 2002, a raíz de la crisis, se fue a vivir al Chuy, donde trabajó en un comercio propiedad de un palestino "muy religioso". Lo veía a diario hacer la oración en una oficina vidriada donde la gente lo podía observar. A todo el que podía le hablaba del islam. "Yo tenía 17 años y paraba la oreja, porque me interesaba", contó.

A los 20 años retornó a Montevideo y fue a la embajada de Egipto decidida a ingresar al islam. Sostiene que ser musulmana "es un proceso largo que nunca termina, porque abarca todos los aspectos de la vida".

Se identifica con los sunitas (la corriente mayoritaria del islam) y reivindica la yihad como "la lucha con uno mismo, el esfuerzo en el camino de Dios; y no la agresión al otro". No es, dice, "el concepto guerrero o de terrorismo con el que se asocia, sino algo sagrado".

Nour también rechaza la noción bélica de la yihad, y cree que en esto "incide mucho la política, que distorsiona" el islamismo. "Por ejemplo, algunos les dicen a otros que por Alá se hagan estallar en un avión, cuando el suicidio es pecado y está prohibido matar o violar".

En 2011, Nour —a quien desde niña le interesaba "ver mezquitas y gente vestida de blanco"— viajó a Egipto, "un país que amo con el alma". Vivió la llamada primavera árabe y dijo que fue una experiencia inolvidable que le cambió la vida. En su caso, también la embajada de Egipto fue clave para su proceso de conversión, que en su familia "se vivió de forma natural", aunque al principio hubo cuestionamientos por usar el velo.

La mayor influencia, para Zainab, no provino de Egipto sino de otro uruguayo, Juan Pedro Ribas, creador de la Fundación Winners. "Él viajo a Irán hace unos cuatro años y volvió distinto, cambiado, más pacífico y aún mucho más solidario de lo que era. En algunos aspectos, era una antítesis del Juan Pedro que se había ido. Todos los que le conocíamos vimos ese cambio y no entendíamos el porqué. Le pregunté la razón y me respondió que había conocido el islam".

Desde entonces empezó a leer libros sobre esa cultura "y me empezó a atrapar, desde el arte islámico hasta sus pilares éticos. Me pareció fascinante", expresó. "Cuando quise acordarme, era musulmana sin saberlo".

Zainab considera que para ser buena persona "uno no necesita estar dentro de una religión; sí considero que uno debe pulir su escultura como hace el alfarero para lograr la perfección, aunque nunca se alcance del todo".

Fátima ve en la humildad una de las virtudes esenciales del islam. "Lo que no encontré en el cristianismo, lo encontré en el Corán que nos dice que seamos humildes".

Integra un grupo de quince musulmanas que además de estudiar el Corán y otros textos religiosos de referencia, llevan comida y ropa a pacientes en hospitales o personas que viven en la calle.

Anteayer fueron a visitar y a llevarle una torta de cumpleaños a uno de los refugiados de Guantánamo que están acampados frente a la Embajada de EE.UU. "Son nuestros hermanos", dijo.

Sumisión.

Amina dice que le "duele" cuando escucha que se habla de sumisión y destrato a la mujer en el islam. "Estoy casada con un musulmán y en el islam el grado de la mujer es superior", afirma. "No tiene nada que ver con el sometimiento. Nos duele que se diga eso. Estar tapadas es una señal de que se nos debe respetar. Que una mujer enseñe el 70% del cuerpo en la calle es una atrocidad, es faltarse el respeto a sí misma", dice.

Según explica, en las reuniones que hace en su casa "puede parecer raro al principio que los hombres estén en una habitación y las mujeres en otra, pero luego ves que es sano y evita problemas. Es muy difícil que haya casos de infidelidad entre nosotros".

Una de las preocupaciones de Amina es la educación de sus hijos (dos niñas y un niño). "No hay escuelas islámicas, ni mezquitas donde reciban clases de árabe y religión" y tampoco un cementerio islámico.

Todas coinciden en que la mujer musulmana "no es sumisa" como se cree.

Zainab tuvo la oportunidad de viajar a Irán hace dos años. "Comprobé el respeto que hay hacia las mujeres", aseguró.

"Los varones musulmanes nos respetan como nosotros a ellos. Tenemos voz y voto", dice Fátima, y agrega que "mujeres sojuzgadas y destratadas puede haber en Arabia, pero en Irán, Siria o Palestina eso no pasa".

"En occidente se piensa que todos somos malos..."


La mayoría de las entrevistadas para esta nota admitieron la influencia que supuso, para su conversión, haber viajado a países como Egipto e Irán, donde captaron una realidad distinta a la que muestran las noticias de la prensa, centradas en atentados terroristas o lapidaciones. "En Occidente piensan que somos malos, que los musulmanes hacen estallar aviones, pero en nuestra religión se prohíbe matar o violar, y el suicidio es pecado", dijo una de las uruguayas convertidas al islam, para quien la cultura de esos países, su arte y sus principios éticos son "fascinantes".

CREENCIAS Y PRÁCTICAS.


Ramadán: el esfuerzo del ayuno.


"Me despierto antes de que salga el sol y me siento a comer. Después no pruebo alimentos ni agua hasta la noche", dice Nour en referencia al ayuno que prescribe Mahoma durante el Ramadán, noveno mes del calendario musulmán. Este año, el mes sagrado se inicia el 18 de junio y finaliza el 17 de julio. El objetivo es enseñar la paciencia y la humildad. "Es supersaludable para el cuerpo", asegura Nour, quien también se abstiene del mate durante las horas de sol. Ni el enfermo ni el menor, ni las embarazadas están obligados a ayunar.

En busca de La Meca, con brújula.


Todos los días, los musulmanes deben orar en dirección a La Meca, situada hacia el Noreste desde Uruguay. Nour nunca tuvo problemas para ello cuando vivía en su antiguo barrio, pero luego se mudó a un apartamento en Gruta de Lourdes, hace cuatro años, y al principio estaba un poco confundida. "Para orientarme tuve que comprarme una brújula", admitió. Ella utiliza un libro del Corán en español, "traducido del árabe y con el sello de La Meca", principal ciudad de la región del Hiyaz, en Arabia Saudita.

"Uruguay es abierto", dice el Sheik.


"Uruguay me parece un país abierto; no existe ningún fanatismo contra la religión. Al contrario, se respeta a todos, incluso a los musulmanes", dice el sheik Khaled Elqot, imán y maestro, y director del Centro Islámico Egipcio en Uruguay desde 2011 hasta el año pasado.

"La comunidad musulmana, aunque es muy poca, tiene existencia en el país. No sabemos exactamente cuántas personas musulmanas hay en Uruguay, pero las mujeres son cerca de 300. A veces algunas se convierten porque conocen a un novio musulmán, pero son pocas".

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