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¿Por qué son tan populares los videos en los que se rompen cosas?

Los videos en los que se destrozan o hacen explotan objetos atraen millones de visitas. Según los expertos los contenidos que escapan de toda lógica generan cierto descanso mental y una cuota necesaria de consumo de contenidos livianos.

En 2007, Tom Dickson, fundador de la compañía norteamericana de licuadoras Blendtec, decidió comenzar a hacer unos videos breves para probar la calidad de sus productos. Con un delantal blanco, anteojos protectores, una cámara fija y su poderosa licuadora, ha triturado en estos años desde teléfonos hasta canicas, pasando por anteojos y libros. En diciembre de 2015, su canal de YouTube ya contaba con 275 millones de vistas y hace unas semanas participó de un evento de Youtube Live para destrozar el reloj inteligente de Apple. Dickson cuenta en su página web que jamás imaginó que lo que iban a ser unos videos de marketing terminarían siendo la insignia de su marca. ¿Acaso le puede gustar tanto a la gente mirar una licuadora destrozando cosas? La respuesta es sí.

Existen muchos casos más, como el reciente experimento del medio digital Buzzfeed que decidió hacer explotar una sandía con un evento en vivo a través de Facebook Live, y que convocó a más de 800.000 seguidores en vivo, que vieron como la sandía se iba deformando por la presión de cientos de bandas elásticas hasta explotar en varios pedazos.

O el desopilante canal de Youtube The Hydraulic Press Channel donde la voz en off del finés Lauri Vuohensilta explica cómo destroza con una prensa hidráulica desde una muñeca hasta una moneda, y se ríe cada vez festejando su ocurrencia. No hay un manejo de la estética ni calidad del video. Sin embargo cada uno de sus experimentos genera millones de visitas y es casi imposible no tentarse para ver el video que sigue, y el que sigue, en una suerte de tensión morbosa por ver qué otra cosa se romperá, y cómo (porque aunque terminan siendo parecidos, no hay dos objetos que se destruyan de la misma manera); una curiosidad infantil por saber qué le pasará al objeto siguiente. 

Para María Adela Bertella, Directora de la Carrera de Psicología de la Universidad Austral, son videos que te convocan desde lo absurdo. "Estos contenidos no siguen la lógica del pensamiento habitual, sino que tienen como un canal cognitivo de otro orden. Te sacan de caja, no te hacen pensar desde lo racional o convencional, sino desde un lugar más bien disparatado", explica. Como vivimos ocupados, preocupados, creando contrastes, ordenando lógicamente, cuando nos encontramos con este tipo de videos se rompe el mundo lógico y se produce una cierta relajación mental, una especie de descarga que te vacía la cabeza. "Aparece la sensación del "sin sentido", o, en otros términos, del absurdo que siempre está desprovisto de argumentos lógicos. Producen algo así como una detención del pensamiento racional, y uno pasa a la expectativa de que algo distinto a lo esperable lógicamente va a suceder, con la capacidad de sorprenderte desde su condición de ridículo o tonto", describe.

Alejandro Artopoulos, profesor y sociólogo de la universidad de San Andrés (UDESA), reflexiona sobre el poder de las transmisiones en vivo: "Generan pertenencia, porque que sea en vivo permite compartir a distancia. Es el instinto de verlo en simultáneo para luego contarlo o comentarlo. Uno puede apropiarse el contenido sin estar físicamente en el evento. En ese sentido, reproduce el viejo valor de dar testimonio. Todos queremos ser apóstoles digitales de estos nuevos géneros propios de plataformas como YouTube hacia donde se está desplazando todo el consumo de contenidos".

"Pero mirar cómo explota una sandia es un morbo que no dista de mirar bloopers, como un porno de la vida -dice Artopoulos-. Tampoco dista de ver demos de Minecraft. Son nuevos géneros propios de YouTube. El fenómeno es el desplazamiento al consumo de YouTube y Netflix."

"Desde un punto de vista sociológico, nos llegan muchos mensajes de personas conocidas que tienen especial dedicación a prestar atención a estas "novedades continuas" y se transforman en los canales intermedios entre el producto original y los millones de usuarios finales. Gracias a estos "intermediadores-reintermediadores" podemos saber de videos o imágenes que divierten, asombran, enojan a millones de personas", reflexiona Luciano Elizalde, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Pero no se sabe con exactitud cuáles son las condiciones o variables que se deben tener en cuenta para que un mensaje se expanda, se viralice y sea percibido por millones de personas, aunque existen hipótesis de qué es lo que a la gente le llama la atención ligadas a anormalidades, humor, sexo, ridiculización, etc.

Para Elizalde estos mensajes son relevantes y cognitivamente "económicos". Es relevante para activar emociones y es "económico" porque es muy fácil de comprender. En esta línea, Gertrudis Wyss, profesora de la licenciatura en Psicología de la Fundación UADE, explica que las personas no podemos consumir todo el tiempo información compleja: cada tanto necesitamos un descanso. "En las redes sociales consumimos contenidos profundos, livianos y afectivos. Por otra parte el ser humano es curioso y tiende a imitar lo que hacen los demás. Antes este tipo de consumo liviano se daba en la TV y ahora se corre a este tipo de videos".

El escritor español Claudio Guillén propone en su libro "Entre lo uno y lo diverso" una idea referida a las tres características que tiene que tener un texto que maneje el artificio del absurdo: Un contexto o trasfondo verosímil y «realista», un elemento extraño a ese contexto que irrumpe, y una aceptación o falta de asombro, por parte de los personajes, del narrador o de ambos, con respecto a dicho elemento, que no se condice con el extrañamiento que debería producir. Estas características forman parte de muchos de los videos viralizados. "Apelan a lo impensable y justamente por ser impensable, y fuera de toda lógica, te sorprende provocando paradójicamente alivio mental y sensación de diversión. En ese rato que se mira el video, uno estuvo con la cabeza en otro lado, dado que la razón lógica se ha tomado un descanso", completa Bertella.

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