SAMIR SELIM

"Cada semana por lo menos un uruguayo se convierte al islam"

Es el principal referente del Centro Islámico Egipcio de Uruguay y la figura más representativa de la comunidad musulmana en el país. Va vestido con un atuendo árabe que lo distingue en las calles montevideanas. Tiene 34 años de edad y hace dos años y medio que está en Uruguay.

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Samir Selim. Foto: Francisco Flores

Es un sheikh o imán, una suerte de sacerdote que se encarga de dirigir la oración y promover la fe islámica. Durante una década se ocupó de estudiar la teología islámica en El Cairo. Está concentrado en conseguir un espacio dentro del Cementerio del Norte para poder sepultar a los uruguayos que se sumaron al islam. Estima que el predio podría medir unos 100 metros de largo y que tendría capacidad para 20 tumbas.

La Intendencia de Montevideo le pidió disponer de unos US$ 70.000 para poder reservar las parcelas, pero la comunidad islámica local, dicen, es pobre. Le recomendaron que lo discutiera con la Junta Departamental. Los ediles le dijeron que su proyecto es “difícil” porque hace poco tiempo le negaron a la Iglesia Católica la posibilidad de colocar una estatua de la Virgen en la rambla del Buceo.

“No es lo mismo una estatua que tener un lugar para los muertos que vivieron según sus creencias”, aseveró. La comunidad musulmana en Uruguay crece a un ritmo lento pero sostenido. Selim asegura que, cada semana, un uruguayo se convierte al islam. No obstante, destaca que es un grupo “pobre” en términos económicos y no está en condiciones de afrontar el gasto que le pidió la Intendencia.

—¿Desde hace cuánto tiempo se encuentra en Montevideo?

—Hace dos año y cinco meses que resido aquí.

—¿Cómo se ha sentido en Uruguay?

—Bien, muy bien.

—¿Cuál es su misión?

—Mi misión es llegar y enseñar religión para los musulmanes uruguayos. También estoy aquí para responder las preguntas de los uruguayos interesados en conocer el islam. Yo recibo en este lugar a los uruguayos que buscan saber sobre el islam y el idioma árabe. Además, recibo a otros musulmanes; rezamos las cinco oraciones diarias y especialmente practicamos el sermón del viernes. Ese día es para los musulmanes como el sábado para los judíos o el domingo para los cristianos.

—¿Qué edad tiene?

—Tengo 34 años.

—¿Cómo está compuesta su familia?

—Mi familia estaba conmigo hasta el año pasado pero ahora está en Egipto. Tengo esposa y tres hijos.

—¿Por qué están en Egipto?

—Tengo dos hijas autistas. Busqué mucho un centro especial para ellas en Montevideo, lo que encontré es muy caro. Dos horas de tratamiento cuestan US$ 250, es mucho. Además, mis hijas no hablan español. Por eso en Egipto están mejor.

—¿Qué tan grande es la comunidad musulmana en Uruguay?

—Más o menos, son 1.500 personas. Todos uruguayos convertidos al islam.

—¿Gente joven? ¿Mayores?

—Todas las edades y clases sociales. Mujeres, hombres.

—¿Qué vienen a buscar en la fe islámica?

—Vienen a buscar el camino recto para adorar a Dios y hacerlo correctamente. Han encontrado que el islam es el camino recto.

—¿Por qué están pensando en un cementerio islámico?

—Porque es un derecho humano. Las personas tienen que vivir según su creencia y morir según su creencia. En un país laico y libre como Uruguay cada uno puede vivir según su fe. Aquí hay musulmanes que viven, rezan. Pero cuando mueren no se cumple con los derechos islámicos porque el gobierno no lo permite. No es posible enterrar a los musulmanes uruguayos según la creencia del islam.

—¿Cómo es el ritual fúnebre musulmán?

—El musulmán muerto tiene cuatro derechos: se lava su cuerpo con agua pura, usando perfumes; luego el cuerpo se amortaja; el tercer derecho es rezar la oración fúnebre. Lo que falta es poder cumplir con el cuarto derecho que es enterrar el cuerpo en contacto directo con la tierra de manera inmediata, como lo indica la fe islámica. Eso significa que el cadáver no está en un cajón. Dios nos creó de la tierra, por eso el cuerpo tiene que volver a ella, a su fuente. Eso es lo que no podemos hacer en Uruguay. Hace 35 años que se fundó el Centro Egipcio, cada vez que muere un musulmán cumplimos con los tres primeros derechos pero cuando vamos a enterrarlos nos dicen que no. Hay que pedir un permiso porque hay una ley al respecto. Muchas veces lo pedimos. La Constitución uruguaya dice que todas las religiones tienen libertad de culto. Nunca respondieron por sí o por no.

—¿Qué están buscando ahora?

—Yo llegué en 2015 y formulé una petición para que se habilite un lugar en el Cementerio del Norte de unos 100 metros de largo, con espacio para 20 fosas. Puede ser otro lugar. Nos dijeron que sí, pero hay que pagar US$ 70.000. Nosotros no poseemos ese dinero, los musulmanes uruguayos son pobres, no son ricos.

—¿Qué sucede cuando fallece un musulmán extranjero?

—Para los extranjeros no hay problema. Yo, como egipcio sé que la embajada se va a encargar de enviar mi cuerpo a Egipto. Estamos luchando por los derechos de los musulmanes uruguayos en su país.

—¿Hizo una solicitud formal?

—Me dijeron que van a mandar el proyecto a la Junta Departamental de Montevideo porque ellos pueden conceder gratis el terreno de 100 metros. Ya me dijeron que la mayoría de los ediles va a votar que no. ¿Por qué a los musulmanes nos dicen que no? Nosotros no estamos en contra de darle a los otros. Este es un país laico y libre, las personas deben poder morir según su fe. En todo el mundo es posible que los musulmanes tengan sus cementerios (en terrenos) del gobierno.

—¿Con quiénes hablaron?

—Con todo el mundo. Hablé con el intendente (Daniel Martínez) y con algunos ediles de la Junta Departamental.

—¿Qué le respondieron?

—Que es difícil porque hace dos meses rechazaron un proyecto de la Iglesia Católica para colocar una estatua de la virgen. Es por el mismo motivo, no quieren nada religioso. Nada para cristianos, nada para musulmanes. Pero no es lo mismo una estatua que un lugar para que alguien pueda descansar según su fe. No es lo mismo.

—En Uruguay los cementerios son públicos y no hay espacios diferenciados para creencias. Usted le está pidiendo al sistema político que innove.

—Yo conozco el espacio común. ¿Por qué no permiten que se los entierre según su fe?

—A esos cementerios van todos los uruguayos.

—El método de enterramiento es en cajón, es cristiano.

—Sí, pero desde hace más de un siglo se entiende que hacerlo de esa forma es una solución higiénica que no tiene que ver con la cuestión religiosa.

—Bueno, pero es más cercana a la forma cristiana. En Egipto, que es un país islámico, se permite enterrar de acuerdo a la religión. Todos iguales. Además, el viernes todo el mundo tiene libre pero los cristianos pueden salir un rato de sus trabajos los domingos para ir a misa.

—En Uruguay tendría que haber una ley que habilite a salir de los trabajos el día viernes. ¿Lo van a pedir?

—No, por favor. Después dicen que los musulmanes están reclamando algo. Estamos hablando del cementerio para poder enterrar a los musulmanes uruguayos.

—¿Qué pasa hoy cuando muere un musulmán uruguayo?

—Podemos lavar su cuerpo, amortajarlo y rezar las oraciones. Entregamos el cuerpo a la Intendencia para que lo entierre como los cristianos. No podemos cumplir con su derecho, es algo complicado para nosotros. Pedimos un lugar pequeño para enterrar a los musulmanes uruguayos en un cementerio común, no en uno privado, de acuerdo a la ley islámica.

—¿Por qué los uruguayos tendríamos que donar un predio para que los musulmanes puedan cumplir su ritual?

—No es una donación. Buscamos un derecho para los musulmanes uruguayos. ¿Por que los cristianos uruguayos pueden morirse en su fe y los musulmanes no? Es lo mínimo de los derechos humanos.

—Los musulmanes no paran de crecer en todo el mundo. ¿Cuánto estima usted que pueda crecer el islam en Uruguay?

—No lo sé. Entre los celebrantes (que van al centro islámico) hay gente de Turquía, Siria y otros países. Muchos uruguayos preguntan, quieren tener el Corán en español. Con el tiempo deciden convertirse al islam. Un uruguayo por semana se hace musulmán. Todavía somos muy pocos.

—Desde la década de 1980 la periodista italiana Oriana Fallacci advirtió el incremento de la presencia islámica en Europa, algo que con los años se confirmó. ¿Usted cree que se producirá un aumento en el número de musulmanes en América del Sur?

—No sé. Todavía en América Latina son menos que en Europa, probablemente aumenten. Hay musulmanes en todo el mundo, hasta en el Vaticano.

—¿Cómo cree que el uruguayo medio ve a los musulmanes?

—Muy bien, no hay problema. Hay mucho positivo en Uruguay. No hay discriminación por la creencia islámica. Pasamos por las calles tranquilos, en paz. No se nos discrimina en los trabajos. Lo único que falta es que nos permitan enterrarnos de acuerdo a nuestra ley.

—¿Qué significó para la comunidad islámica la llegada de los prisioneros de Guantánamo?

—Ni idea.

—Fueron los musulmanes más expuestos a los medios del país.

—Son seis personas, no tienen efecto en la comunidad.

—Algunos de ellos tuvieron dificultades a la hora de conformar una familia. Varios fueron denunciados por violencia doméstica ante la Justicia.

—No tengo mucha información al respecto. En todo caso sé que tres de ellos son personas casadas que viven en paz. Uno tiene dos hijos. Los otros tres tienen problemas, pero no sé qué tipo de problemas tienen.

—¿A usted como líder religioso no le incumben sus problemas?

—No.

—¿No va y pregunta por la relación familiar? ¿Quién se ocupa de eso?

—Ellos mismos. Es algo personal y del gobierno uruguayo.

—Se casaron con uruguayas.

—Sí, se casaron y viven con uruguayas. Algunos se divorciaron. Son problemas entre dos personas, no tiene nada que ver la comunidad islámica. Ellos reciben ayuda del gobierno, los demás no.

No esperan aportes financieros del exterior.

Si bien dentro del mundo árabe hay multimillonarios que profesan el islam y realizan importantes aportes para la comunidad religiosa, los musulmanes uruguayos no esperan una colaboración de ese origen para poder tener su espacio en el Cementerio del Norte. Un ejemplo cercano es la importante mezquita que se está construyendo en Chuí (Brasil) a pocos metros de la frontera con Uruguay. "Acá estamos hablando de un asunto interno. Si hay una comunidad egipcia en Uruguay, entonces la embajada podría ayudar. Pero esto es uruguayo, uruguayo. Es gente de su país que tiene derecho a morir según su fe. No estamos pidiendo un cementerio, queremos un lugar para descansar según la creencia", dijo Samir Selim. Consultado sobre el futuro de su comunidad, el líder religioso aseguró que "seguirá creciendo".

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