MARIO TUCCI - SOCIO FUNDADOR DE MVD CONSULTING

"Hoy o te globalizás o te globalizan"

Tiene 53 años y nació en Montevideo. Llevó su expertise a Tata Consultancy Services (TCS) donde llegó a ser vicepresidente para Iberoamérica,;desde 2013 está con MVD Consulting

Desde siempre le gustó la tecnología y, siguiendo esa vocación, se recibió de analista de sistemas (UdelaR). Su primer trabajo fue en la empresa de billares y floppers de su padre; con el tiempo ingresó a Tata Consultancy Services (TCS) donde llegó a vicepresidente para Iberoamérica. Con su actual proyecto de consultoría de negocios asesora tanto a empresas locales como a gobiernos y organismos multilaterales donde busca «hacer que las cosas pasen». Asegura que Uruguay ya no atraerá grandes tecnológicas sino negocios de nicho. Destaca que los extranjeros valoran que en el país los empleados pregunten «por qué» y no simplemente acaten órdenes. Tiene dos hijas y en su tiempo libre le gusta viajar y mentorear emprendedores.

Llegó a ser vicepresidente de TCS para Iberoamérica, ¿cómo ingresó a la empresa?

Desde muy temprano aprendí lo que eran negocios vinculados a la tecnología, y eso me llevó muy rápido a tener un rol en la industria muy cercano al cliente. Muy joven fui el mecánico del negocio de mi padre que eran los billares y los flippers (pinball). Luego, ingresé a Arnaldo Castro donde fui responsable de los productos que se traían del exterior, entre los cuales estaban los de la marca Novell (de EE.UU.) con los cuáles me destaqué porque me salían bien las presentaciones y ganaba muchos clientes. Eso le llamó la atención a Novell y un día me ofrecen ir a Buenos Aires a comenzar las operaciones para Latinoamérica. Me fui y llegué a ser vicepresidente para el continente. Luego, mientras vivía en EE.UU., en uno de mis viajes me crucé en San Pablo con Gabriel Rozman y le comenté que tenía intenciones de irme porque a nivel familiar tenía que tomar la decisión de quedarme a vivir en EE.UU. para siempre o retornar a Uruguay. Me ofreció volver con TCS, en un proyecto que pretendía expandirse a toda América. Así, en 2003 regresé y a inicios de 2014 comencé en TCS.

En 2010 deja TCS y en 2013 crea MVD Consulting, ¿por qué decide abandonar una multinacional y emprender?

En casi todos mis trabajos me sentí emprendedor. Por suerte los empresarios con los que trabajé nunca me hicieron sentir como empleado y siempre me puse la camiseta de la empresa, siempre me dieron espacio para tomar decisiones y equivocarme. Pasar de TCS a tener mi empresa tiene un sentido lógico. Fue la primera operación de la compañía de India fuera su país y se transformó en algo que Uruguay tenía para contarle al mundo, todos los países de América Latina preguntaban cómo hicimos. Entonces, en mis siete años en TCS estuve trabajando para la empresa pero también colaborando para que la industria de servicios globales en Latinoamérica creciera. Por ejemplo, fui invitado por (el gobierno de) Perú para dar una charla sobre cómo atraer inversiones en servicios y TCS no tenía operaciones ahí al inicio. Trabajar en esa empresa era como ser consultor porque estaba ayudando a un tercero. Y yo me preguntaba por qué en Uruguay no había más empresarios locales con esta habilidad de hacer que las cosas pasen. Entonces cuando salgo de TCS comienzo a hacer consultorías independientes y luego se suma mi socio Martín Bouza y fundamos MVD Consulting. Hoy tenemos unos 60 clientes en MVD Consulting y nos dedicamos a hacer crecer el ecosistema, no solo a hacer nuestro negocio. Eso lo aprendí de la cultura de TCS.

MVD Consulting ya tiene cuatro años, ¿cuáles conforman sus principales negocios?

Tenemos dos áreas de negocios. El internacional, que en 2016 representó entre un 30% y 35% de la facturación, implica ayuda a países y agencias multilaterales en sus estrategias para captar inversiones en servicios. Por ejemplo, hicimos un trabajo para Costa Rica para ver cuál es la próxima versión atractiva de ese país a nivel de inversión en servicios. También hicimos un trabajo en Colombia para un programa que busca dar trabajo a personas muy desfavorecidas en la sociedad. En materia de asesoramiento en el exterior, tenemos una alianza con Everest Group —especialistas en asesoría de servicios globales— por la cual somos sus representantes para América Latina. El otro 60% o 65% del negocio está en Uruguay e involucra tres áreas: ayudar a clientes a vender más —en el 90% de los casos implica internacionalizarse—, bajar costos —hacer más eficiente un negocio— y darles agilidad —que «vayan más rápido» en su modelo de negocio—. En resumen: ganar más, gastar menos y ejecutar más rápido. Estamos gestionando 12 proyectos simultáneos, trabajamos con un 50% Pymes y otro 50% empresas grandes. Las primeras generalmente se apoyan en subsidios y el gobierno uruguayo tiene varios (Inefop, Ministerio de Industria, ANII, Uruguay XXI, entre otros) que muchas veces no se conocen, no se aprovechan.

Asesoran solo a empresas de la capital, ¿por qué?

El año pasado participamos de un evento en San José, fue nuestra primera aproximación al Interior y vimos que hay una oportunidad impresionante en cualquiera de las tres áreas donde asesoramos. Pero también detectamos que falta adaptación cultural porque nuestra forma de trabajo es un poco «gringa» y choca en algo con el Interior. Que no quiere decir que sea buena o mala, sino que es diferente, es más cadenciosa. Hemos pasado cotizaciones pero aún no hemos ejecutado proyectos.

¿Están dadas las condiciones para atraer otro TCS al país?

No. La industria de servicios globales se separa en lo que son proveedores, que brindan servicios a terceros, y los centros de servicios compartidos, o sea la optimización de un área de soporte de la compañía en un lugar conveniente (por costos, disponibilidad de las personas o geopolítica). Ya no se ve la llegada de jugadores como TCS sino operaciones que llegan a Uruguay y buscan menos personas, más especializadas, con una buena sonrisa y ganas de trabajar. Hay espacio para proveedores y operaciones más de nicho, para empresas de 120 personas y no de más de 1.000 como TCS.

¿Por qué?

Si precisás mucha gente te vas a países que tengan mucha gente. Uruguay tiene el atractivo de que es tranquilo y para algunos proveedores es conveniente porque tiene menos problemas, no hay que darle «cometa» a nadie, las cosas se consiguen, no hay sorpresas jurídicas, ni de moneda, ni de regulación laboral. La llegada de empresas globales elevó el nivel de la industria en Uruguay, por lo menos en servicios. Además no tenemos buen costo, Uruguay es caro y con un dólar deprimido más aún.

¿Cree que la globalización juega a favor o en contra de las empresas locales?

Hoy o te globalizás o te globalizan. Por ejemplo, todos usan WhatsApp y ya hay empresas montadas sobre esta plataforma (hacen el contacto, pasan presupuesto, envían fotos, etcétera). ¡Y hace tres años no existía! Lo que pasa es que tenemos de desenchufar el miedo que hay a la palabra globalización. Globalizarse es salir a buscar oportunidades en el mundo y prepararse para cuando el mundo venga a competir.

¿Y cuál es el diferencial con el que Uruguay puede competir?

Las personas que «hacen» en Uruguay poseen una dosis de empatía muy buena y no solo con su trabajo sino con la persona con la que trabaja. Ya no solo te tiene que importar lo que estás haciendo sino el por qué lo estás haciendo y el cómo. Cuando recibo a extranjeros que llegan a invertir aprecian eso, el hecho que el uruguayo necesita saber por qué está haciendo lo que está haciendo, a diferencia de un asiático que hace lo que le mandan hacer y nunca, por una cuestión de jerarquía, pregunta por qué. Ese «por qué» en el mundo moderno tiene un gran valor, se trata de personas que analizan y ayudan a resolver, el «hacé esto» se le dice a un computador y lo hace. Además, como se compite por conocimiento, no deberíamos tener límites, las ideas pueden venir desde cualquier lugar. Nosotros decimos un poco en broma un poco en serio que las fronteras las pusieron los políticos, no los empresarios. Tenemos clientes que viven dentro de un país pero les inyectamos tecnologías globales porque les van a venir a competir.

¿Cómo ve el papel del gobierno en ese sentido?

El gobierno tiene que ser un facilitador. Desde que volví del exterior en 2003, he visto un gobierno pro negocio sano. O sea, si viene un inversor busca que vengan más; si hay un problema, busca la forma de solucionarlo. Uruguay tiene apoyos para emprendedores mucho más sencillos y más efectivos que países más avanzados y con más dinero.

¿El desempleo cero en las TIC le juega en contra al sector?

Estaría bueno que existieran más recursos humanos porque eso haría que bajara el costo, pero hay muchos extranjeros o personas del Interior que se están conectando, hay varias iniciativas para iniciar tempranamente en programación. Hoy se puede generar una persona empleable en la industria de la tecnología en un año. Este va a ser un país de tecnología de nicho, de calidad, y es un estatus muy lindo de tener. Uruguay produce unos US$ 1.000 millones en software por año, de los cuales se exportan US$ 350 millones y esta parte puede crecer aún más. A los que piensen que la tecnología es difícil, se terminó, hoy solo hay que saber usarla, vivir en ella.

¿Cuáles son las tendencias a las que tienen que mirar las empresas locales?

Lo primero es que las personas están viendo que pueden llegar a sus destinos en forma más directa. O sea, pueden comparar precios y comprar productos del exterior, pueden elegir la butaca del cine o hasta arreglar una cita desde el teléfono. El «yo puedo» empodera, el péndulo se mueve hacia el usuario que comienza a actuar de manera independiente. Lo que va a suceder es que el modo de la economía y la interrelación van a cambiar fuertemente, las propuestas de valor de las compañías se acercan a que el usuario pueda hacer todo. En cuanto a las tecnologías, las que van a seguir creciendo son las que atienden un problema de negocio y lo ponen en las manos de los individuos y no en las empresas. Blockchain —una base de datos de la que nadie tiene el control ni se puede destruir— se viene muy fuerte. Permite almacenar información en un lugar público, es segura, nadie es su dueño ni la puede quebrar ni alterar. Otra tecnología que va en ese camino es lo cognitivo, tecnología que permite tomar decisiones al responder preguntas en forma más eficiente que un ser humano, como los autos que se manejan solos gracias a que existen suficientes datos y sensores que permiten inferir a una muy rápida velocidad cuáles son los próximos movimientos.

<b>Mario Tucci</b>, socio y cofundador de MVD Consulting. (Foto: Marcelo Bonjour)
Mario Tucci, socio y cofundador de MVD Consulting. (Foto: Marcelo Bonjour)

«En dos años vamos a tener dos empresas de US$ 100 millones»

¿Las empresas locales logran ser competitivas en el exterior?

De Uruguay han salido muchas personas a las que les ha ido muy bien en arte, medicina, fútbol, arquitectura, etcétera, pero empresarios saliendo al mundo hay muy pocos. El uruguayo no toma riesgos financieros importantes, no está acostumbrado a apalancarse en dinero para que su sueño se ejecute más rápido. Las argentinas Mercado Libre, Despegar, Globant se comen al mundo y ejecutaron dinero a riesgo, se endeudaron brutalmente. Hay excepciones, pero en general somos conservadores.

¿Hay capacidad para generar otro PedidosYa?

Hay un apetito para que esto ocurra y eso ya es un buen primer paso. A las empresas exponenciales cada vez les es más fácil conseguir 50 millones de usuarios, pero esto es imposible sin dinero. Si no se queman US$ 100.000 o US$ 300.000 no te vas a mover. Ahora comienzan a aparecer los propios emprendedores que hicieron un exit y vuelven a poner dinero, hay un «embrioncito» de cosas que hace tres años no estaban. Creo que de acá a dos años vamos a tener dos empresas más de US$ 100 millones.

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