JAVIER DE HAEDO

Como la ley de la gravedad

Es habitual encontrarse con razonamientos asimétricos en materia económica, lo que me es difícil de comprender. Quizá se deba a que se piense que todo es opinable, o fruto de la ideología o, más aún, que la economía no es una ciencia.

Reglas económicas. Foto: Pixabay
Reglas económicas. Foto: Pixabay

Que sea una ciencia social no la desmerece como ciencia y tiene leyes, como la ley de la gravedad, que se cumplen aunque no se lo desee.

Algo de esto ha de estar, seguramente, detrás de los conceptos vertidos recientemente por la presidenta chilena Michelle Bachelet, que viene confirmando la regla (que tiene excepciones, como toda regla) de que "segundas partes nunca fueron buenas". Bachelet, en oportunidad del relevo de su equipo económico dijo una tontería recurrente: "No concibo un desarrollo a espaldas de las personas, donde sólo importen los números". Acaso, ¿hay alguien que crea otra cosa?, se preguntó Andrés Velasco en una columna cuya lectura recomiendo, titulada "El lugar común como estilo de gobierno".

Masa salarial.

Una de las leyes a que me refería antes, consiste en que el crecimiento del PIB está muy estrechamente ligado al de la masa salarial, siendo esta el producto de salario y empleo. Esto es indudable en el largo plazo y suele tener pocas excepciones en el corto, sin dudas, no en el caso actual, cuando la regla se cumple a cabalidad. La economía uruguaya creció cerca de un 4% en el segundo trimestre (excluido el efecto Ancap, con su refinería detenida). Si no se fectúa esa discriminación, el crecimiento, —como informó el BCU— es de 2,8% interanual. El lector ha visto que en las últimas semanas ha sido frecuente escuchar o leer acerca del divorcio entre PIB y empleo. Es que mientras el PIB tuvo aquel desempeño, no se han creado empleos. Esa aparente contradicción se lauda al considerar la evolución del salario real, siendo relevante a esos efectos el del sector privado antes de IRPF (que subió en enero) porque muestra el mayor costo para las empresas. Pues bien, ese dato marca un 6,3% en los doce meses a julio.

En este sentido, es bastante ridículo que los mismos que se felicitan por el desempeño del salario real, se lamenten por la nula creación de empleos. No lo entienden. Dicho sea de paso, el párrafo anterior no es ideológico sino aritmético. Claro, resulta que para algunos la aritmética es neoliberal…

Simetrías.

Hay otros temas que refieren a simetrías que no entran en el razonamiento de muchas personas. Una de ellas es bastante intuitiva y conocida: "si no se permite la salida de capitales, no habrá entrada de capitales". Hay otras, con más vigencia en estos días, como "si las empresas no pueden cerrar, no van a abrirse empresas" o, más aún, "si no se puede despedir trabajadores o es costoso hacerlo, no se contratarán trabajadores o se lo hará con cuentagotas".

La más famosa de las simetrías, tanto lo es que hasta tiene nombre propio (simetría de Lerner), reza que "un impuesto a la importación tiene los mismos efectos que uno a la exportación", porque lo relevante no son los precios absolutos sino los relativos. Esta regla, que fue la base de la reforma de la política comercial de Végh Villegas, es aún hoy muy difícil de entender por los argentinos.

Pretender saltearse las leyes, como la ley de la gravedad y las referidas, trae problemas y tiene consecuencias. En el caso de la economía, las consecuencias son malas políticas, cuya fuente casi siempre es una de las tres siguientes: la ignorancia, los intereses creados y las ideologías retrógradas.

En lo fiscal

También existen reglas en materia fiscal. Hay una muy clara, aritmética y no ideológica: "si hay un déficit fiscal alto, o bien habrá inflación o bien subirá la deuda". Una vez más Argentina es un buen ejemplo a considerar, donde se vienen alternando episodios de alta inflación y default desde mediados de los setenta, siempre con lo fiscal como piedra de toque.

En nuestro país, en tiempos pasados, sin acceso a los mercados internacionales de capital y apenas con la posibilidad de acudir a organismos multilaterales, la principal fuente de financiamiento fiscal era la inflación, que por ello fue crónica durante algo más de cuatro décadas. Más recientemente, la deuda la ha remplazado en ese papel y desde entonces ya llevamos dos episodios de reprogramación: el Plan Brady a comienzos de los 90 y el canje de 2003. Hoy no es previsible que debamos transitar por esos caminos a pesar de que el déficit fiscal se mantiene muy elevado desde hace ya varios años y todo indica que lo seguirá estando por algunos más. En nuestro país la gestión de la deuda se ha vuelto muy profesional y dio lugar a un calendario de vencimientos, una diversificación de monedas y tasas que aseguran tranquilidad en ese frente por un buen tiempo.

La reciente emisión de un bono a diez años de plazo en moneda nacional es un hito más de dicha gestión y debe ser reconocido y elogiado. Esto, independientemente de la opinión que se tenga de la gestión fiscal, que es otra cosa. En mi caso, es notorio que soy muy crítico de esta, pero esto no me lleva a desconocer aquélla. Más aún, cuanto peor opinión se tenga de la gestión fiscal, mejor se la ha de tener de la gestión de la deuda, que debe salir más frecuentemente a buscar financiamiento y estudiar con precisión las "ventanas" que el mercado abre para ello.

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