HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN

Aumentan el crédito en pesos y la morosidad

El saldo a febrero de los créditos bancarios en dólares es el mismo que un año atrás.

El comportamiento del crédito al sector privado en los últimos meses refleja los cambios que se están procesando en el funcionamiento de la economía uruguaya, y en cierta medida los refuerza. El enlentecimiento en el nivel de actividad global requiere de un menor financiamiento, y el crédito evoluciona en consecuencia. Incluso, la actividad de intermediación financiera tiene ese componente procíclico porque la baja en la actividad lleva a que sea más conservadora la entrega de nuevo crédito y al faltar el crédito baja el nivel de actividad.

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Ese mismo enlentecimiento está generando dificultades en los distintos sectores, y el peso del endeudamiento comienza a ser una carga. El incremento de la morosidad lo refleja con claridad.

Por último, el cambio de precios relativos que está procesando le economía introduce un mayor riesgo cambiario que se ve reflejado en el freno en el otorgamiento de préstamos en moneda extranjera. Esto también está asociado al aumento de la morosidad, que es mayor en los préstamos en dólares.

En ese contexto el saldo del crédito otorgado por el sistema bancario al sector privado ascendió al equivalente a US$ 13.887 millones al pasado mes de febrero. Si se lo compara con el saldo registrado un año atrás, se constata una disminución del 3,3%, poco menos de US$ 500 millones.

Este descenso hay que analizarlo cuidadosamente, ya que compara dos stocks en distintos momentos del tiempo, conformados cada uno de ellos por distintas monedas, básicamente dólares y pesos, cuyas paridades cambiarias sufrieron una fuerte alteración a lo largo del último año. Como la comparación debe realizarse en la misma moneda, el cambio en los precios relativos afectó las conversiones. Es por ello que la manera más adecuada de comparar es diferenciando por monedas.

Al hacerlo, lo primero que se observa es que el saldo del crédito en moneda extranjera se encuentra actualmente en los mismos niveles que un año atrás, con leves oscilaciones a lo largo del período, tal cual lo muestra el gráfico alargado superior que aparece en el cuadro adjunto. Por lo tanto se puede deducir que todo el descenso del crédito se explica por el comportamiento de los préstamos otorgados en moneda nacional.

Medido en dólares ello es correcto. A febrero de 2015 el saldo ascendía al equivalente de US$ 6.280 millones, cayendo a US$ 5.800 un año después, un descenso del 7,4%. Sin embargo esos préstamos no fueron concedidos en moneda extranjera, sino en pesos. Por consiguiente, para medir su evolución hay que analizarlos en dicha moneda. A su vez, hay que corregirlos por la inflación, para aquilatar adecuadamente el poder su compra. Hecho esos ajustes se comprueba que, más que caer, el crédito real en moneda nacional subió 10% en el último año, tal cual se muestra en el gráfico.

La explicación a esta aparente contradicción no es otra que el comportamiento del tipo de cambio. Entre febrero de 2015 y febrero de 2016 la divisa estadounidense se valorizó 31% frente al peso uruguayo. En términos nominales el crédito en pesos creció 21%, tasa importante pero inferior a la de la devaluación, lo que explica por qué, medido en dólares caen los préstamos en moneda nacional.

Pero en términos reales experimentaron un crecimiento importante, lo que ante el estancamiento de los préstamos en dólares refleja una importancia creciente del crédito en moneda nacional, asociada a un mayor riesgo cambiario en momentos de incertidumbre respecto a la marcha de la economía.

Es interesante analizar quienes están demandando más crédito en moneda nacional. En general las familias son las destinatarias principales de estas líneas, ya que por razones prudenciales y de buena práctica bancaria, los préstamos deben otorgarse en la moneda en que el deudor percibe sus ingresos. Aproximadamente el 80% del crédito en pesos se concede a las familias.

Pero en el último año crecieron fuertemente los préstamos en moneda nacional otorgados al sector empresarial. Medido en términos reales, el saldo en pesos a febrero del presente año es 31% superior al observado hace doce meses. Por su parte, el crédito en pesos a las familias creció un 5% real en el mismo período.

El gráfico alargado inferior muestra la evolución real del crédito a las empresas y a las familias en moneda nacional. Claramente el primero viene creciendo a tasas muy elevadas desde hace tiempo motivado por el comportamiento del tipo de cambio y el riesgo asociado, cuyo corolario es el estancamiento del crédito en moneda extranjera.

En el caso del crédito a las familias, si bien siempre positivo, la tendencia era, hasta hace unos meses a una moderación, aumentando a tasas cada vez menores. Se revirtió parcialmente sobre fin de año.

El crédito a las familias puede desagregarse en sus dos grandes líneas, lo que ayuda a comprender su comportamiento global. Esas líneas son los préstamos para vivienda y para consumo.

En el primer caso la tendencia es hacia una moderación. En el gráfico pequeño de la derecha se observa que mes a mes la variación del saldo respecto al año anterior es cada vez menor. Esto tiene a su vez implicancias en el mercado inmobiliario, donde por un lado es cada vez más dificultoso acceder a una vivienda dados los precios vigentes. Por el otro, esos mismos precios elevados restringen el público potencial que puede acceder a una hipoteca a largo plazo. En particular, los bancos están reduciendo riesgos asociados a la morosidad, siendo la única línea de préstamos en la que se observa un descenso del incumplimiento por parte de los deudores.

El préstamo al consumo seguía una tendencia similar, pero hacia fin del pasado año experimentó un salto muy significativo, cuyo impacto se fue atenuando en los meses siguientes. En tal sentido no cabría hablar de un rebote del crédito al consumo, sino más bien asociar ese aumento puntual con el enfriamiento del mercado laboral. Con salarios reales que no crecen y desempleo aumentando, es probable que los consumidores se hayan endeudado para financiar las fiestas de fin de año. De acuerdo a las grandes superficies, tras varios meses de magras ventas, durante las fiestas éstas repuntaron significativamente. Pero dados los niveles crecientes de morosidad difícilmente se pueda hablar de una expansión generalizada del crédito al consumo.

La morosidad está creciendo, tanto a nivel de los préstamos al consumo como en los otorgados a las empresas, tal cual se muestra en el gráfico pequeño de la izquierda. Si bien los niveles no son alarmantes, desde 2015 mes a mes viene subiendo, lo que amerita un control más estricto por parte de los bancos, máxime dado el actual contexto de la economía con dificultades crecientes.

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