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Parlamentarias: mujeres que se la bancan

Hoy hace 73 años eran electas las primeras legisladoras en el país. Si bien hay avances, la ansiada igualdad aún está muy lejana.

Algunas de las legisladoras actuales con el fondo de su ambiente. (Foto: Fernando Ponzetto)
Algunas de las legisladoras actuales con el fondo de su ambiente. (Foto: Fernando Ponzetto)
Julia Arévalo de Roche, una pionera. (Foto: archivo El País)
Julia Arévalo de Roche, una pionera. (Foto: archivo El País)
Los temas que se tratan son los que generan consenso. (Foto: Parlamento)
Los temas que se tratan son los que generan consenso. (Foto: Parlamento)
Uno de los objetivos es lograr la institucionalidad. (Foto: Parlamento)
Uno de los objetivos es lograr la institucionalidad. (Foto: Parlamento)
Rondán, Percovich y Argimon; fundadoras de la BBF. (Foto: Parlamento)
Rondán, Percovich y Argimon; fundadoras de la BBF. (Foto: Parlamento)

LEONEL GARCÍA

Las elecciones del 29 de noviembre de 1942, hace hoy exactamente 73 años, fueron doblemente históricas. Por un lado, el Partido Colorado ganó en los 19 departamentos, en épocas en que se votaba presidente e intendentes de forma simultánea. Por otro, por primera vez cuatro mujeres llegaron al Parlamento. La batllista Magdalena Álvarez Moreno y la comunista Julia Arévalo de Roche fueron electas diputadas; las coloradas Sofía Álvarez Vignoli e Isabel Pinto de Vidal, senadoras. Todas habían militado por el sufragio femenino en Uruguay, llevado a la práctica por primera vez en el plebiscito de Cerro Chato en 1927, reglamentado en 1932 e implementado en comicios nacionales en 1938. El país era, como en tantas cosas de corte social, pionero en la región.

La actual legislatura, iniciada el 15 de febrero, comenzó con la mayor presencia de mujeres en la historia: ocho senadoras y 17 diputadas. Pero otra lectura indica que el 52% de la población de Uruguay —más de la mitad— está representada apenas por el 19,2% —menos de la quinta parte— del Parlamento. Setenta y tres años después de aquella elección histórica, una quincena de integrantes de la Bancada Bicameral Femenina (BBF) recibe una delegación de la Corte Electoral en la Sala Ramírez, primer piso del Palacio. La idea es llegar a una Ley de Participación Política o Ley de Paridad: en criollo, igual cantidad de mujeres y hombres en la actividad pública; una y uno en las listas. Ellas saben que esto es una utopía. "Ningún partido político te va a llevar el apunte", dice una funcionaria vinculada a este organismo creado en 2000, donde una diputada suplente tiene el mismo peso que una senadora titular, de integración voluntaria y donde las diferencias partidarias se diluyen en torno a un objetivo común. Entonces, se peleará por la mayor presencia posible en leyes que algunos llaman de acción afirmativa y otros de discriminación positiva. La ley de cuotas que funcionó para las últimas elecciones, que obligó a confeccionar listas que incluyan una mujer cada dos varones, no derivó, sistema electoral mediante, en un tercio de mujeres en las cámaras.

Todo dirigente político declamará, micrófono delante, sobre lo importante y aun imprescindible de la participación de la mujer. Toda mujer política sabe que, en los hechos, ha tenido que prepararse más, luchar más y fortalecerse más que sus colegas hombres para estar donde está. También ha tenido que soportar más comentarios ("de qué se la da esta mina", "esta tipa se ve que no tiene hijos", "esta tiene que andar buscando novio") y miradas de reojo de una sociedad que todavía las prefiere en sus casas y no en una reunión política luego de las nueve de la noche, cuando estas suelen realizarse. Y todo eso para que a la hora de confeccionar las listas, quede postergada por compañeros quizá menos meritorios y preparados, pero bien hombres.

"La política y el fútbol son los principales cotos cerrados de los varones, donde más les ha costado abrir espacio para las mujeres. En política, creo que tiene que ver con que a ellos no les gusta compartir con nosotras cuotas de poder", opina la diputada Mariella Demarco, del Partido Independiente. "No se trata de sacarle espacios a los hombres. Estamos convencidas de que una participación más equitativa, una representación más adecuada, fortalecerá a la democracia", apunta la senadora Mónica Xavier, del Frente Amplio. "No se han cumplido las expectativas de las mujeres. Si no, no se seguirían buscando modificaciones para tener una mayor representación. Debería darse de forma natural", agrega Viviana Pesce, senadora del Partido Colorado. "Estamos peleando por algo justo", concluye Grisel Pereyra, diputada del Partido Nacional. La lucha continúa, 73 años después.

Proactivas.

La BBF tiene motivos para estar alegre. El Parlamento acaba de aprobar el proyecto de ley del Sistema Nacional de Cuidados, iniciativa a la que pusieron el hombro, como antes con las normas sobre violencia doméstica, acoso sexual o acompañamiento durante el parto. "Es un paso importante, esta es una ley protectora sobre todo de la mujer", afirma la diputada colorada Dianne Martínez. A su lado, asiente Pesce, su compañera de bancada; pero también aprueban la blanca Pereyra, la independiente Demarco y la diputada frenteamplista Bertha Sanseverino. Lo mismo ocurre cuando se habla de los mayores obstáculos que debe sortear una mujer en la política, de su gran capacidad de militancia, de ese mal necesario que son las leyes de cuotas o del buen ambiente que reina en la Bancada y que cruza las diferencias partidarias.

Hay un factor que ayuda a que eso pase. "Nosotros tenemos un acuerdo: acá no vienen los temas polémicos. Por ejemplo, la ley de interrupción voluntaria del embarazo no se trató acá porque era un tema que tenía discrepancias y miradas diferentes", señala Sanseverino. "Nosotras decidimos ser proactivas y trabajar en cosas donde podemos demostrar que nuestra unidad tiene resultados", agrega. Como ejemplo, señala al aumento del período de licencia por maternidad en el sector privado. Este estilo no confrontativo fue el que impusieron las tres diputadas fundadoras de la BBF en 2000, la nacionalista Beatriz Argimón, la frenteamplista Margarita Percovich y la entonces colorada Glenda Rondán. Y fue, aseguran, lo que les permitió no solo impulsar leyes que consideraban necesarias sino superar los pronósticos agoreros de sus pares varones, quienes les vaticinaban corta vida. "Estas se van a pelear enseguida", era un pensamiento que hermanaba a diputados y senadores de todos los partidos mucho más que cualquier proyecto de ley.

La BBF no tiene presupuesto propio. Para conseguir papeles o agua mineral para sus reuniones dependen de la buena voluntad de otras comisiones parlamentarias o legisladores, o de la habilidad para moverse que tengan las dos secretarias asignadas a la Bancada (que también están en comisión). El espacio físico con el que cuentan es un pequeño despacho en el segundo piso del Senado. Las reuniones mensuales son los terceros jueves de cada mes. A su vez, hay comisiones como Participación Política, Violencia de Género e Institucionalidad. La estructura es horizontal y a cada encuentro van aproximadamente unas veinte legisladoras, si sus actividades dentro o fuera de Palacio se lo permiten. La participación es voluntaria: dirigentes muy notorias como la senadora frenteamplista Lucía Topolansky o la diputada nacionalista Graciela Bianchi no son habitués. La ley de cuotas, por caso, no genera unanimidades y por ello más de una prefiere no participar.

"Hay un discurso fuerte que dice que aceptar la ley de cuotas es casi una cuestión graciable, que no llegaríamos por nuestros méritos. Hay compañeras que cuestionan eso", indica Sanseverino. "Me animaría a decir que ninguna mujer política es originalmente partidaria de la cuota. Una tiene la ingenuidad cuando empieza de que será reconocida por sus cualidades y formación, más en un país donde cada año egresan más mujeres que hombres de las universidades", añade Demarco. Todas, de todos los partidos, asienten. Todas con la misma sonrisa irónica.

Posta.

Además de una mayor participación en política, la lucha actual en la BBF es conseguir una institucionalidad que aún no tienen (ver nota aparte). Estos años no han pasado en vano, afirman. "La Bancada se ha ganado un prestigio para adentro y para afuera. Nosotros recibimos a muchas organizaciones de mujeres que vienen a pedirnos ayuda", señala Grisel Pereyra. Que un colega hombre falte a alguna de las actividades que ellas organizan, apunta Dianne Martínez, ya puede significarle algún tipo de costo político. En los temas que ahí se tratan la lealtad de género parece (o intenta) estar por encima de la partidaria. A lo largo de 15 años los vínculos han trascendido lo legislativo: se han consolado en la época más dura para un militante, la confección de las listas; han festejado cumpleaños, casamientos embarazos y hasta Días de Brujas; y han estado en los peores momentos. "Ellas estuvieron ahí y me sostuvieron, ayudándome a caminar, cuando falleció mi hijo mayor", cuenta Rondán, hoy asesora en género y equidad del Ministerio de Educación y Cultura (MEC).

Las nuevas también perciben eso. "Encontré un ambiente excelente cuyo gran logro es que ha logrado unir a mujeres de todos los partidos en una causa común. Ahí somos mujeres luchando por nuestra causa y la de la sociedad", señala la diputada nacionalista Gloria Rodríguez, la primera afrodescendiente electa en forma directa en el Parlamento. Su colega del Frente Manuela Mutti, quien a los 28 años es la inquilina más joven del Palacio, apunta a lo mismo: "Esta es una herramienta que te allana el camino hacia consensos interpartidarios. Su presencia responde a un montón de compañeras que dieron la batalla ideológica e instalaron el tema en la sociedad. Esperemos que en algún momento ya no sea necesaria".

Quizá si el artículo ocho de la Constitución, ese que no reconoce otra distinción entre los ciudadanos que "los talentos y las virtudes", se cumpliera efectivamente, no sería necesaria la ley de cuotas ni la Bancada Bicameral Femenina. Mientras tanto ellas siguen en la pelea. Mariella Demarco dice que se sienten en una "carrera de postas" iniciada por las cuatro pioneras de 1942, seguida por varias, incluyendo las tres fundadoras de 2000, y que continúa hoy. "Vamos a obtener mucho pero no todo lo que quisiéramos para nuestras hijas. Ellas van a tener que seguir luchando", agrega Viviana Pesce. Todas, de todos los partidos, asienten otra vez.

LEYES IMPULSADAS POR LA BANCADA

En estos 15 años de actuación, la Bancada Bicameral Femenina ha estado detrás de avances legislativos significativos tales como la ley de acompañamiento durante el parto (17.386), la de acoso sexual (18.561), la de salud sexual y reproductiva (18.426) o la que otorga un día libre a las mujeres que se hacen estudios de prevención de cánceres genito-mamarios (17.242). Quizá la más notoria haya sido la vinculado a la violencia de género (17.514).

"Esa ley salió porque hubo un fuerte pulso de las mujeres", señala la diputada Bertha Sanseverino. Todavía falta recorrer mucho camino. "Tenemos un debe en nuestro sistema judicial que es la formación en género. Hace poco recibimos a una comisión de la Suprema Corte donde los jueces nos planteaban su falta de preparación", indica la representante Dianne Martínez.

UN QUIEBRE EN LA CRISIS DE 2002

La Bancada Femenina se fundó el 8 de marzo de 2000. Las impulsoras, las entonces diputadas Beatriz Argimón Margarita Percovich y Glenda Rondán habían coincidido antes en la Junta Departamental de Montevideo. Había un antecedente en la Red de Mujeres Políticas del Uruguay, de 1992. En la siguiente legislatura, iniciada en 2005, se incluyó la condición de Bicameral.

"Para las mujeres y para el Parlamento fue un antes y un después", señala Rondán. "A los compañeros varones les causaba un poco de gracia, pero... Cuando vino la crisis de 2002 decidimos que algo teníamos que hacer. Llamamos a una gran cantidad de ministros con la idea de ver qué pasaba, ¡y yo estaba en el gobierno! Nos dieron una sala chiquitita, el comentario generalizado era que venía uno solo.... y vinieron todos. Luego de eso hubo un quiebre. Los compañeros varones vieron que no nos iban a parar. La gente comenzó a pedir entrevistas con nosotras. Y nosotras nos ocupábamos de las cosas en las que había acuerdo. ¡No íbamos a perder el tiempo discutiendo!".

JULIA MOLLER SOBRE SU ABUELA, jULIA ARÉVALO DE ROCHE

"TENÍA QUE ABRIR LA BRECHA"

"A mí me pusieron Julia por ella". Julia Moller, exmodelo y conductora, le debe su nombre a su abuela materna, Julia Arévalo de Roche. Ella, su nieta mayor, se emociona mucho al hablar de una de las primeras diputadas que tuvo el Uruguay, nacida en un hogar muy humilde de Barriga Negra, Lavalleja, en 1898, que solo pudo hacer hasta cuarto de escuela y que antes de cumplir diez años tuvo que salir a trabajar.

"Ella comenzó a trabajar en una tabacalera y se afilió al sindicato de la aguja", cuenta Moller. De niña se mudó con su familia a Montevideo. Para 1920 ya estaba casada. Al año siguiente ella, que había estado afiliada al Partido Socialista, participa de la creación del Partido Comunista del Uruguay. En 1926 se había radicado en Paysandú con su marido y cinco hijos. Mujer de enorme temperamento, combinó la maternidad con una militancia a la par o superior que sus compañeros varones. "Tenía una gran capacidad de oratoria. Decían que hablaba en la plaza y se escuchaba en el río. Tuvo que enfrentar mucho desprecio. Imagínese, ¡una mujer casada que actuaba en política! ¡Y encima de todo eso, comunista!".

Perseguida durante la dictadura de Gabriel Terra, Moller asegura que le habían puesto precio a su cabeza: mil pesos de la época. Estuvo un año clandestina, sin poder ver a sus hijos. Luego fue detenida y permaneció encarcelada durante tres meses en la Cárcel de Mujeres. "Ni la prisión la hizo aflojar en su lucha porque la mujer tenga los mismos derechos que el hombre".

Arévalo fue electa diputada en 1942 y senadora en 1956. "Ganó su lugar por su lucha. Lo pudo conseguir por el apoyo fundamental de mi abuelo, Carlos Roche, que la ayudó con la casa y los hijos", dice Moller. No fueron fáciles sus años en el Parlamento. Según su nieta, sintió que la discriminaban por ser mujer, comunista y no ser universitaria. "Sin embargo, tuvo una muy buena relación con el presidente Amézaga", dice. "Siempre dijo que era muy difícil ser mujer en la política, que había que prepararse más, que había que estudiar más, y que ella tenía que abrir una brecha, tanto para sí misma como para otras mujeres", relata su nieta, sin disimular la emoción. Arévalo falleció en 1985.

UN MOTOR PARA LOGRAR ACUERDOS QUE BUSCA INSTITUCIONALIDAD

"Uno puede decir que se ha avanzado en el reconocimiento, pero es una carrera de largo aliento. Cada cinco años cambia la integración de las Cámaras y, en general, los varones persisten y las mujeres pasan más de largo. Es mucho más notoria la renovación en las mujeres. Entonces, cada cinco años casi que hay que empezar de nuevo en la BBF", dice la frenteamplista Mónica Xavier, senadora desde 2000, el año en que se fundó la Bancada Femenina.

Si bien existe un "reconocimiento de hecho", Xavier señala que un objetivo de la BBF es lograr una ansiada institucionalidad dentro del organigrama legislativo, lo que les permitiría tener, entre otras cosas, un presupuesto propio.

"Eso no es fácil porque nosotros no queremos cambiar nuestra naturaleza bicameral, horizontal y de participación voluntaria. Las demás comisiones trabajan por representación partidaria proporcional y presidencia rotativa. Nosotros ya nos reunimos con el (presidente de la Asamblea General) Raúl Sendic y le comentamos nuestras aspiraciones. Queremos tener algún tipo de institucionalidad. La BBF es un motor para lograr acuerdos", concluye.

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