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Música para alegrar el corazón

El Cuarteto del Amor cumplió seis años recorriendo las calles con sus canciones.

Hacía más de un año que no salían a cantar al Centro de Montevideo. Foto: F. Ponzetto.
Hacía más de un año que no salían a cantar al Centro de Montevideo. Foto: F. Ponzetto.
El Cuarteto del Amor cumplió seis años. Foto: Fernando Ponzetto.
El Cuarteto del Amor cumplió seis años. Foto: Fernando Ponzetto.
Actualmente son diez músicos que integran El Cuarteto. Foto: F. Ponzetto.
Actualmente son diez músicos que integran El Cuarteto. Foto: F. Ponzetto.
El Pibe, Enzo, el Faraón y Bellini cantan serenatas en la Plaza de Cagancha. Foto: F. Pozetto
El Pibe, Enzo, el Faraón y Bellini cantan serenatas en la Plaza de Cagancha. Foto: F. Pozetto
Mandan serenatas por WhatsApp a quienes se lo pidan. Foto: F. Pozetto
Mandan serenatas por WhatsApp a quienes se lo pidan. Foto: F. Pozetto

Bellini, Enzo y el Pibe —todos apodos que usan para El Cuarteto del Amor— están sentados en un banco de la Plaza de Cagancha. Sin moños, sin sombreros y sin sacos, todavía no llaman la atención de nadie. Nadie los mira, nadie comenta, nadie sabe, en realidad, que en unos minutos, cuando llegue el Faraón y complete el grupo, estos cuatro chicos van a recorrer las calles del Centro de Montevideo cantando serenatas, solo para "alegrar los corazones".

El Cuarteto del Amor es, literalmente, un sueño que se hizo realidad. Un día, hace seis años, Andrés Lazaroff, uruguayo que vivía en Córdoba, Argentina, soñó que cantaba serenatas con tres personas más. "La cosa es que a la semana ya había armado el cuarteto con unos músicos de allá. Después se vino para acá y lo armó de nuevo", dice el Pibe. El pasado martes 25 cumplieron seis años. Y, aunque ya no son cuatro, sino diez, la esencia del proyecto sigue siendo la misma. Además, aún continúan los cuarteteros cordobeses y, cuando han viajado a otras ciudades del exterior, siempre se van juntos.

Son las cinco de la tarde de un viernes y el día en Montevideo está frío. La parada de ómnibus de la Plaza de Cagancha está llena. Personas con camperas, gorros y bufandas caminan apuradas y hasta distraídas. Caminan, digamos, como lo hace cualquiera cuando se termina la semana y quiere llegar a casa. Cuando llega el Faraón, sacan los instrumentos y se empiezan a vestir. Camisas, sacos, sombreros, moños que combinan con el resto del atuendo. Así se visten siempre: "Inspirados en la galantería del los años 30", dicen. "Buscamos evocar a los personajes románticos de ese tiempo, porque son más definibles que los de ahora y porque muchas de las canciones que cantamos son de época".

Y así, con el violín de Enzo, las maracas de el Faraón y las guitarras de Bellini y el Pibe, como si hubiesen salido del sueño de alguien más o de una película, empiezan a caminar hacia la gente, se paran frente a la parada de ómnibus y empiezan a tocar, sin pedir permiso ni decir nada. Las personas comienzan a mirarlos como con timidez, desde lejos. Una chica con una capucha y lentes de sol, se para cerca, los escucha y sonríe. "Hay una persona detrás de esos lentes que está pidiendo una serenata. Esta canción se llama La noche azul y es para usted", le dicen. La chica se saca los lentes y la capucha. Ellos se acercan, le cantan mirándola a los ojos, la rodean y la sacan a bailar.

Esta es la primera vez en más de un año que salen a tocar por el Centro de Montevideo. Es que, como cuentan, hay muchos lugares de la ciudad por recorrer con su música y además, hacen giras por el interior y el exterior. "Hemos comprobado que la música modifica de verdad", dice Bellini. Es que, ese es el objetivo primero y último de estos músicos: "Alegrar a la gente en la diaria, en todo momento que se pueda", explica el Pibe. "Nosotros creemos que si bien la música es una cuestión que afecta de un modo superficial, si escuchás una canción y te cambia el ánimo, quizás puedas cambiar otras cosas más profundas y estructurales", agrega.

Cuando terminan de cantarle a la chica de los lentes y la capucha, otra señora se les acerca y les dice que ella los quiso contactar para el cumpleaños de su hija y no pudo. El Faraón la abraza y le pide perdón. "Vengan chiquilines", les dice a los demás, y otra vez se acercan, se arrodillan y le cantan otra canción. De a poco, varias personas los rodean, les sacan fotos o los graban. "Qué simpáticos son", se escucha, mientras el Faraón invita a bailar a la mujer, que no deja de sonreír y de decir gracias.

"Nosotros vivimos de esto. Somos músicos que vivimos de la música. Salimos a las calles, tocamos en escuelas, en hospitales, en residenciales. La música siempre se hace por amor. Pero también vamos a contrataciones privadas, a cumpleaños, a casamientos, de todos lados nos llaman", cuentan. Incluso, una pareja los llamó al divorciarse y tocaron en un entierro.

"Hemos estado en situaciones en las que no se espera que haya música y eso genera un gran impacto", dice el Pibe. Y Bellini agrega: "En general, ya no se espera mucho que haya música sonando por ahí, hoy todo el mundo está con sus auriculares y listo". Y, justamente en eso radica la belleza de El Cuarteto del Amor: en cantar sin amplificación, mirando a los ojos y casi en la intimidad. "Hoy en día la gente aprecia mucho eso, muchas veces se ponen a llorar, nos dicen que les alegramos el día, la vida y eso es increíble".

Después de tres canciones en la plaza, que la gente agradece con aplausos, sonrisas y dinero, caminan sin rumbo sin dejar de tocar. En el camino, se cruzan a una niña que los queda mirando. Ellos la saludan y le preguntan su nombre. "Brisa", dice ella. "Brisa, como el viento", le dice el Faraón y se sientan a cantarle una canción. La niña los mira sin soltar la mano de su padre, que intenta hacerla bailar. Brisa no se mueve, solo los mira. Siguen caminando por la calle San José. Ven a dos chicas en la puerta de un edificio y, sin preguntar nada se paran frente a ellas y cantan Hechizo de amor. "Este fue un regalo de El Cuarteto del Amor para ustedes", dicen y, cuatro pasos después, entran a una peluquería. Una vez más, sin anunciarse ni pedir permiso, dicen: "Todos necesitamos un corte de pelo pero hoy venimos a cantarles una canción". Y, mirando a una señora, entonan "Amapola, lindísima amapola".

Han cantado en lugares impensados y, en general, la respuesta de la gente es buena. "La música abre cualquier puerta y eso es lo lindo de esto". De esta forma, han viajado a Europa, Estados Unidos, Paraguay, México, Bolivia y Brasil. Allí, incluso tocaron más de una vez en varias favelas. "A los cuarteteros que fueron la gente les decía que no entraran, que ahí les iban a robar todo. Y fueron igual. Cuando terminaron de cantar las cosas no estaban y era por un vecino se las había guardado en su casa", cuentan. "Es lindo porque El Cuarteto nos ayuda a ver a la gente desde otro ángulo, muchas veces mucho más humano, y te permite comunicarte con todos. Al fin y al cabo, la música es eso".

Siguen recorriendo las calles sin dejar de tocar. En las esquinas, mientras esperan que el cambie el semáforo, se paran y cantan y para nadie pasan inadvertidos. En la plaza Fabini, un chico los saluda: "¿Son ustedes de verdad?", les pregunta; ellos dicen que sí y él, riéndose casi con una carcajada, les dice "qué bien, arriba gurises".

Son cerca de las siete de la tarde; aunque ya no hay sol y el frío se hace sentir, el Pibe, Enzo, Bellini y el Faraón siguen cantando y bailando. Se paran en la Plaza y vuelven a presentarse. Cantan a una señora que está sola sentada en un banco. Cantan a un chico que los mira desde su bicicleta y los aplaude con fuerza en cada tema. Se sientan y le cantan a otra niña que los mira como hipnotizada y, cada tanto, baila. Cuando termina la canción, la pequeña les pide una foto. Ellos siguen cantando.

En la plaza, las personas siguen caminando apuradas sin mirar demasiado a su alrededor. En un punto, cuatro músicos disfrazados cantan serenatas de amor. Y con sus canciones, por un instante, todos caminan un poco más lento e incluso, se encuentran.

VISITAS Y SERENATAS POR WHATSAPP.

Cuando las canciones sanan, sin importar idioma ni edad.

Desde hace un tiempo, El Cuarteto del Amor ofrece "un servicio totalmente gratuito": dedica serenatas por WhatsApp. La operación es sencilla. Solo hay que escribirles al 098 15 34 82 diciendo para quién es la serenata y por qué motivo. "Lo único que pedimos es que no nos pidan una serenata de un día para otro porque es muy difícil para grabarlas". En este momento, por ejemplo, tienen un montón de canciones para interpretar y enviar. "Es algo lindo y nosotros nos divertimos mucho haciéndolo". Así, han enviado serenatas de todo tipo y a mucha gente. Es que, como dicen, la música le llega a todos por igual. Además, visitan desde escuelas a residenciales, y la respuesta siempre es buena. "A veces empezamos a cantar en calles donde no hay nadie y de repente terminamos y escuchamos aplausos que no sabés de dónde vienen". El año pasado hicieron una gira por escuelas del interior y fueron a Soriano, Colonia, San José y Canelones. Pero también, han estado en muchos residenciales. "Una vez fuimos a uno y un señor terminó bailando y cantando con nosotros. Después nos dijeron que el veterano no hablaba hacía una semana", recuerdan. De esta forma, a El Cuarteto del Amor no le quedan dudas de que con su música pueden modificar, realmente, los corazones, sin importan edad, ciudad, país o idioma.

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