COMPORTAMIENTO

Decidir antes es mejor

El futuro de una familia implica abordar cuestiones complejas entre sus integrantes.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Definir una herencia o e lugar para vivir los últimos años son asuntos ineludibles.

A medida que pasan los años, hay que tomar decisiones importantes para el futuro. Definir los bienes a repartir, adónde vivir cuando ya no sea posible seguir en la propia casa o qué cuidados se desea recibir frente a una enfermedad y hasta dónde intervenir son algunos aspectos que los especialistas aconsejan no dejar al azar.

Conversar estos temas en familia y dejarlos por escrito si corresponde ayuda a evitar una serie de problemas al interior del grupo familiar y permite dar a conocer la voluntad personal cuando aún se tienen las capacidades para hacerlo.

"Cuando murió mi señora, me di cuenta de que no habíamos dejado nada claro sobre cómo se repartirían nuestras cosas. Entonces me junté con mis hijos y hablamos sobre qué era lo que ella y yo queríamos hacer con lo que teníamos. Ellos fueron muy respetuosos y aceptaron todo", cuenta Patricio Salazar (79).

Que las cosas resulten así de positivas dependerá, entre otros factores, de la dinámica que existe en la familia y de sus conflictos pendientes, así como de la disposición a hablar de estos asuntos.

"Hay familias en las que la persona decide ir entregando en vida parte de sus posesiones; o que conversan y dejan por escrito cuál es la voluntad de ese adulto", comenta María Elena Larraín, psicóloga de la Universidad de los Andes (Chile) y coautora del libro Lecturas al atardecer, en donde se abordan diferentes temas en torno al envejecimiento.

Independientemente de cuál sea la manera, "siempre es mejor hacerlo recurriendo a la comunicación y la transparencia. Y eso requiere de buena disposición de todos, porque es muy frecuente que surjan conflictos en ese proceso".

Autonomía.

"Es súper importante conversar ideas o intenciones con quienes están cerca; aunque sean temas dolorosos, tales como enfermedades o la muerte. Eso implica plantearse esos temas uno mismo y no rehuirlos", precisa Macarena Rojas, directora del Programa Adulto Mayor de la Universidad Católica de Chile.

La muerte o enfermedad de algún conocido puede ser un buen punto de partida para comenzar a discutir estos temas. No hay una edad adecuada, pero mientras más temprano se haga, mejor, considerando que, a medida que pasan los años, hay capacidades que pueden verse mermadas. Pese a que puede parecer común, la posibilidad que un adulto mayor pueda manifestar su voluntad es un tema complejo que no está muy desarrollado y lleno de matices.

"En Latinoamérica está muy presente la familia como red de apoyo, pero a veces ocurre que los mismos hijos, por tratar de cuidar o proteger a sus padres, van quitándoles poder de decisión", dice Macarena Rojas.

Por ello, enfatiza que —tal como lo establecen algunas convenciones internacionales sobre derechos de las personas mayores—, se debe fomentar y respetar al máximo su autonomía y capacidad de decisión. Esto abarca desde aspectos cotidianos básicos como, por ejemplo, qué ropa ponerse, qué comer o qué quiere hacer; a decisiones más relevantes, como dónde vivir o qué cuidados recibir. Y hacerlas valer en el tiempo. "Es como ocurre con la donación de órganos, se trata de voluntades personales que van a depender del entorno", dice Macarena Rojas.

En ese proceso es importante también la discusión. "Si la persona está muy obstinada sobre alguna idea, los hijos pueden ayudarle a aclarar puntos y tomar las decisiones más adecuadas", comenta Larraín.

También, según el tema, es conveniente recurrir a asesorías o personas externas al grupo familiar, como médicos, abogados, psicólogos o un sacerdote, si la familia es creyente; así como a otras familias que han pasado por experiencias parecidas.  

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)