NOMBRES DEL DOMINGO

Amanda, una actriz que evita los moldes

Tras una etapa inicial muy naif, hizo varios trabajos que explotaron su perfil más seductor. Ahora vuelve con un clásico como Mamma Mia.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Amanda Seyfried, ni pizca de rubia tonta sino una actriz de mucho brillo.

Aunque arrancó su carrera con un papel de rubia tonta, en cada trabajo que hizo después en la pantalla, Amanda Seyfried (31) confirmó que de rubia tiene mucho, pero de tonta ni una pizca. Desde entonces, lleva sacándose prejuicios de encima con roles tan distintos como los que tuvo desde en una película de culto como Chicas pesadas, el drama televisivo Big Love, la comedia Cartas a Julieta o la edulcorada Querido John. Y sacudió el tablero cuando por primera vez, en 2008, su nombre formó parte del elenco del musical Mamma Mia!. Hace pocas semanas la historia volvió a repetirse, pero reloaded, como le gusta decir a Hollywood. Mientras la actriz con una de las miradas más fuertes y dulces de la industria presentaba la nueva temporada para Netflix de Twin Peaks, donde tiene un papel secundario, se confirmó su presencia en la secuela del famoso musical, en el que interpreta el personaje de Shophie.

Hija de un padre farmacéutico y una madre terapeuta, Amanda estaba segura de su vocación desde pequeña. Ella quería actuar, nunca lo dudó. Tenía apenas 13 años cuando consiguió su primer papel en la serie de televisión As the World Turns (1999 - 2001). Con su rol en Chicas pesadas (2004), donde compartió cartel con la estrella teen Lindsay Lohan, logró que su rostro despegara entre el de otras muchas actrices hermosas y platinadas. A medio camino entre el absurdo y la ironía, su personaje decía que podía saber si iba a llover según el estado de sus senos. Y, aunque resulte un poco bizarro, esa anécdota quedó en la historia del cine. Con los años, también logró algo que pocas estrellas consiguen: no encasillarse en un tipo de rol o de película. Rompió los moldes, más de una vez.

Tras el éxito de Mamma Mia! (2008), se dijo que la joven Amanda podía perfectamente ser la sucesora de Meryl Streep. Algunos críticos directamente la comparan con ella, colocando a la joven de ojazos azules en un lugar, el menos, incómodo. "Creo que somos muchas las actrices que queremos llegar a ser algún día como ella, una actriz que es capaz de hacerlo todo", dijo la chica. "Tuve la suerte de poder interpretar a su hija en Mamma Mia! y aprendí muchísimo viéndola actuar. Es muy generosa y para nada diva. Por suerte esa actitud vuelve a ponerse de moda".

Después de varios papeles naif (tuvo una racha intensa y taquillera que se coronó con Querido John y Cartas a Julieta), cambió la pisada con La chica de la capa roja (2011), bajo la batuta de la directora de Crepúsculo Catherine Hardwicke, un film que exploraba la sensualidad de una adolescente. Luego aceptó interpretar a la actriz pornográfica Linda Boreman en Lovelace (2013), la adaptación al cine del film que en 1972 inauguró la corriente "porno chic". A partir de allí, tuvo que responder a un sinfín de preguntas sobre su sexualidad, sobre el género pornográfico... y también sobre su profesionalismo.

"No quise hacer desnudos frontales. Hay partes de mi cuerpo, allá abajo... si se entiende la metáfora, que prefiero no mostrar. No me pareció que fuera necesario", dijo a Clarín sobre esta interpretación, que además, por tratarse de una persona real, implicó para la actriz de otro grado de "responsabilidad". Y agregó: "Justamente porque quiero tener una carrera como la de Meryl (Streep) es que me gusta aceptar roles que sean bien lejanos de mi personalidad".

A partir del estreno de Lovelace, en 2013, Amanda empezó a transitar "su mejor momento". La agenda de rodajes estaba a tope, las vacaciones eran escasas y solo se la veía en las presentaciones de sus películas. Además, consolidó su pareja con el actor Thomas Sadoski —a quien conoció trabajando en la obra de Broadway The Way We Get By—, con quien tuvo su primer hijo en marzo.

Más allá de sus éxitos en la pantalla grande, la actriz fue elegida para ser la imagen de la fragancia Very Irrésistible, de Givenchy, un camino que comenzó con la icónica Audrey Hepburn, la primera embajadora de la marca. Consultado sobre por qué Amanda, el CEO Thierry Maman respondió: "Ella traduce los valores de simplicidad y feminidad. Posee todo el espíritu de Givenchy. Fue encantador trabajar con ella, se transforma frente a la cámara". Amanda, en tanto, opina que la vida como modelo "es divertida" y "una experiencia más" en su camino, pero el cine o el teatro es la actividad que le "toca el corazón".

Feminista y anti alfombra roja —incluso la de los Oscar—, la actriz tiene varios desafíos —bien distintos— en carrera. Además de Mamma Mia: here we go again, que ya se anuncia para 2018, en etapa de postproducción están el film de ciencia ficción Anon y el drama First Reformed, donde compartirá set con Ethan Hawke. Y todo ello sin descuidar su trabajo en la fundación I Am That Girl, a la que se unió en 2014 y donde, quizás, esté la más auténtica Amanda de todas. Es que ella tuvo su propia crisis de ansiedad a los 19 años, producto sobre todo de convertirse rápidamente en una celebridad. Admitió haber hecho terapia y que es necesario buscar ayuda. Una buena manera de dejar su huella, más allá de la pantalla.

Un clásico que vuelve otra vez.

En esta nueva entrega de Mamma Mia: Here We Go Again!, Amanda Seyfried volverá a ser Sophie, hija en la ficción de la gran Meryl Streep. La fecha prevista de estreno es el 20 de julio de 2018. Dirigida nuevamente por Ol Parker, también tendrá a los integrantes de ABBA, Benny Andersson y Björn Ulvaeus, para ofrecer música y oficiar de productores ejecutivos.

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