El regreso de Star Wars

Las razones de un mito

Cuáles son las claves de la saga que atrapa a nietos, hijos y abuelos.

El despertar de la fuerza. 2015
El despertar de la fuerza. 2015
Harrison Ford y George Lucas en el rodaje de El regreso del Jedi (1983)
Harrison Ford y George Lucas en el rodaje de El regreso del Jedi (1983)
Secuencia del videogame Battlefront, basado en la saga.
Secuencia del videogame Battlefront, basado en la saga.

A LAS TIERRAS y universos de fantasía se vuelve, entre libros y películas, una y otra vez con la conciencia de que no son otra cosa que ilusiones, del mismo modo que el cine hace creer en el movimiento de sus 24 fotos por segundo. En ese medio de las ilusiones en celuloide un estadounidense que hoy tiene setenta y un años creó, entre problemas y frustraciones, un universo fantástico sin nombre ni tiempo descrito vagamente como "una galaxia muy, muy lejana". Desde 1977 los espectadores de todo el mundo vuelven una y otra vez a él buscando la misma calidez y seguridad que ofrecen la Tierra Media (El señor de los anillos), Narnia, el planeta Pandora (Avatar), Lilliput o el terrible continente de Westeros (Canción de hielo y fuego, Juego de tronos). Es el mismo paraíso perdido del país de Nunca Jamás donde se juega a ser niño eternamente.

La nueva película de la saga Star Wars, El despertar de la fuerza, la séptima en casi cuatro décadas, fue construida sobre "la realidad de esa ilusión", por usar una expresión de Umberto Eco. La realidad es que Disney compró Lucasfilms y el universo de Star Wars por cuatro mil millones de dólares; un universo que sigue funcionando porque es una máquina de hacer dinero. La ilusión, que mueve esa máquina y atrae a su público, es la del mito de esta saga, que desde el estreno de la primera película ha encantado a las más diversas generaciones y que con esta última atravesó a padres, abuelos e hijos. Del mismo modo que en la ficción de las trilogías anteriores se profetizaba que Anakin Skywalker/Darth Vader, era el caballero jedi que iba a devolver el equilibrio a la Fuerza, J.J. Abrams (Nueva York, 1966), director y co-libretista de la última, debía mantener y mejorar el balance entre la realidad monetaria y la ilusión que unifica a espectadores tan distintos.

Más allá de la inédita campaña de marketing que recibió El despertar de la fuerza, el anuncio de su estreno como acto de apertura de una saga que proyecta seis películas para los próximos cinco años, encantó por igual a los adultos y a los niños que fueron al estreno de la primera en 1977 y a los que descubrieron este universo hace un año a través de las nuevas series animadas del canal Disney. Lo interesante es que todos entraron desde diferentes lugares al universo creado por George Lucas (California, 1944).

EL MISTERIO DEL MITO.

Pero si ese niño que se encantó con la serie de televisión Star Wars Rebels no vio la misma historia que el adulto que siguió con pasión la odisea de Luke Skywalker en las primeras tres películas, cabe preguntarse dónde reside el mito.

La respuesta más escuchada asegura que reside en la historia de Luke, escrita a conciencia sobre los trabajos del profesor estadounidense Joseph Campbell, quien realizó extensos estudios de mitología comparada y encontró lo que denominó "monomito". Según su teoría, influida por el psicoanálisis, todas las grandes narrativas mitológicas se podrían reducir a una sola gran historia arquetípica que se conoce como "el camino del héroe". Dividido en varias etapas, este camino pasa por un descenso del protagonista y luego por un ascenso hacia su propio interior, de modo que el personaje regresa con algo que se emplea para beneficio de los demás. La trilogía original, y especialmente la primera película, seguían paso a paso esa estructura.

La última película juega con estas ideas, las recrea y las lleva en su propia dirección. No en vano el gran motor que impulsa la historia es la búsqueda de Luke Skywalker, considerado por algunos protagonistas como una invención, una leyenda. Por eso no es descuidada la respuesta de Han Solo (Harrison Ford) ante la incredulidad y sorpresa de la joven protagonista Rey (Daisy Ridley), la nueva heroína: "Es verdad, todo lo es". Esa frase fue incluida en el tráiler, no solo para anticipar el tono de la historia, sino también para comunicar que para J. J. Abrams el mito de Luke y los Jedis es real. Desde este ángulo, el origen del mito estaría en Luke.

Quien es casi omnipresente, y de hecho aparece antes que Luke, es Darth Vader, el villano cinematográfico por excelencia. Los primeros seis episodios de esta saga se centraban en su figura, primero como villano y luego en las precuelas, como personaje trágico. George Lucas afirmó en 2008 a la revista británica Total Film que la saga era sobre la tragedia de Vader y que después de él no debería haber más películas. Abrams jugó con esa idea y puso al personaje como inspirador del nuevo villano, Kylo Ren (Adam Driver), que hace un viaje aún más oscuro y terrible que el de Vader. Entonces, el núcleo del mito de Star Wars podría seguir pesando sobre el primer villano.

Hay otra posibilidad más, y radica en que este universo pasó a manos del público. Lo hizo de dos formas, ambas lúdicas, pero una altamente comercial y la otra sin fines de lucro. Por un lado, Lucas supo ver que la fabricación de juguetes y merchandising podía ser un gran negocio, aún en los setenta, cuando los plazos de producción tomaban hasta un año y medio, y desfasaban los productos de la película. Gracias a estos juguetes, tanto oficiales como piratas, millones de niños en todo el mundo han jugado por casi cuarenta años a recrear sus propias historias. El efecto que tiene esto en el inconsciente colectivo lo han explotado incluso políticos como Perón y Chávez, quienes también produjeron sus propios juguetes.

Por otro lado está el movimiento de fan films, o sea películas hechas por fanáticos, cuyas calidades van de las producciones entre amigos hasta aquellas que podrían ser emitidas en medios masivos sin pasar vergüenza. Lucas abrió la cancha con la condición de que no se comercialicen, e incluso auspicia un festival anual con premios entregados por él mismo.

Tal vez, entonces, el mito encuentre su corazón en la posibilidad que dan los juguetes y los fan films de apropiarse de esos personajes y escenarios. La venta de licencias para libros, cómics y videojuegos, a su vez, dio lugar a lo que se conoce como Universo Expandido de Star Wars, formado por todas las historias, lugares y personajes que aparecen allí. Esto obligó a Lucasfilms, y recientemente a Disney, a crear un criterio de coherencia ya que hay casi cien novelas, cientos de cómics y decenas de videojuegos que llevan la narrativa por innumerables direcciones. Por eso se habla de la historia canónica, integrada por las siete películas que se han estrenado hasta ahora, y del Universo Expandido, rebautizado por Disney y la editorial Marvel, sin sutilezas, como "Leyendas de Star Wars". A este nivel el mito podría yacer en esa galaxia donde pueden suceder infinitas historias en torno a una Alianza Rebelde y a un Imperio, o a la Fuerza y su lado oscuro y corruptor. O quizá en la misma Fuerza.

UN PADRE ATRIBULADO.

George Lucas es un mito en sí mismo. Es hijo del dueño de una papelería que se convirtió en una joven promesa del cine independiente a principios de los setenta gracias a sus películas THX 1138 (1971) y American graffiti (1973). También fue colaborador de Francis Ford Coppola y estuvo a punto de dirigir, por pedido suyo, Apocalypse now. Pero Lucas se empeñó en que su tercera película tenía que ser una aventura de ciencia ficción con una moral muy simple, tan atractiva para niños como la mejor producción de Disney. El mito de Lucas dice que desde el comienzo concibió una historia para desarrollar en nueve películas, y que resolvió filmar primero el cuarto episodio, por ser el más universal. La realidad, sin embargo, fue distinta.

Al principio Lucas no tenía una idea clara de lo que quería contar. En 1972, cuando empezó a escribir el guión, estaba a años luz de pensar en nueve películas. Después de un año y medio de trabajo escribió apenas trece páginas de un argumento inspirado en cuentos de hadas y en los trabajos de Carlos Castaneda y Joseph Campbell. Según el periodista Peter Biskind, el mayor especialista en el cine de ese tiempo, su texto convertía al Don Juan de Castaneda en Obi-Wan Kenobi y comenzaba presentando el argumento así: "se trata de la historia de Mace Windu, un venerado Jedi Bendu de Opuchi relacionado con Usby C. J. Thape, aprendiz padawan del célebre Jedi". Quienes lo leyeron dijeron que era imposible de entender.

Lucas quería ser tomado en serio como artista, como Steven Spielberg, y vivir lo que Coppola y Martin Scorsese vivían cuando los críticos se derretían ante sus películas y les perdonaban sus éxitos comerciales. Sin embargo, lo que hizo con su proyecto no fue por el mismo camino.

Él quería el control de su película, quizá para evitar estafas contables. Conservó los derechos de la banda de sonido y de las posibles continuaciones y, como un detalle nada menor, retuvo los derechos del merchandising. Ni la música ni los productos relacionados se consideraban como negocios a tener en cuenta en el Hollywood de entonces. Los estudios tampoco creían que las segundas partes generasen dinero. Según cuenta Biskind, Lucas tenía a Coppola como punto de referencia de un modo algo competitivo y pretendía ganar cinco veces más que él con El padrino.

Lucas, a diferencia de Spielberg, no adoptó las costumbres de los millonarios de Hollywood y se dedicó durante un año y medio a escribir su guión completo en un pequeño cuarto atrás de su casa, donde destacaba una fotografía del director soviético Sergei Eisenstein (El acorazado Potemkin). El guión tuvo incontables cambios a lo largo de los cuales la princesa Leia ganaba o perdía importancia, y había un objeto importante llamado Kiber Crystal. Los personajes Obi-Wan y Darth Vader fueron originalmente uno solo, y los dos lados de la Fuerza se llamaban Ashla (el bueno) y Bogan (el malo). Un personaje llamado Anakin Starkiller se convirtió después en Luke Skywalker, y Obi-Wan fue primero un general, luego un ermitaño loco y después otra vez general.

Biskind cuenta que escribía obsesivamente con lápices número 2 sobre papeles de rayas azules y verdes mientras sufría dolores de cabeza, pecho y estómago. En esos apuntes los nombres de los personajes rara vez eran escritos del mismo modo. El caso extremo fue el de Chewbacca, que siempre aparecía distinto. Al final del proceso Lucas estaba deprimido, convencido de que tendría que haber aceptado Apocalypse now.

A las dificultades técnicas que planteaban los costosos efectos especiales se sumaban los problemas de Lucas para hacerse entender cuando dirigía, cosa que han confirmado muchos de sus actores a lo largo de los años. A esta altura es famoso el comentario que le hizo Harrison Ford durante el rodaje: "George, podés escribir esta mierda si querés, pero te aseguro que decirla es imposible". Lucas, por su lado, somatizaba su estrés en todo el cuerpo. Solo tenía dos frases para dirigirlos: "Está bien, ahora repitamos lo mismo, pero mejor" y "Más rápido, más intenso".

Había días en los que Lucas no tenía fuerzas para levantarse, convencido de que no podía manejar a su equipo, que las cuestiones económicas eran ingobernables, y que había escrito situaciones inverosímiles. Spielberg le ofreció dirigir la segunda unidad del equipo, pero él no aceptó, quizá porque quería mantenerse omnipresente.

En 1976 logró hacer un primer corte de Star Wars junto a su esposa, la montajista Marcia Lucas, también editora de Taxi driver (dir. Martin Scorsese). En esa primera versión se hablaba de La Fuerza de los Otros y no de La Fuerza. Así se la mostró a Spielberg, a Gloria Katz (coguionista en American graffiti e Indiana Jones y el templo de la perdición), y a su amigo Brian de Palma. Spielberg le dijo "George, es fantástica, va a hacer cien millones" y Katz no abrió la boca pero pensó: "Steve (Spielberg) es un imbécil". De Palma la destrozó con un pretendido ánimo constructivo: "En el primer acto, ¿dónde estamos? ¿Quiénes son esos tipos peludos? ¿Y quiénes son esos que van vestidos como el hombre de latón de El mago de Oz? ¿Qué clase de película querés hacer? No tuviste en cuenta al público, vaporizaste a los espectadores. Es imposible saber qué pasa en la pantalla". Según Katz, De Palma parecía un perro rabioso y en parte por eso Marcia Lucas se enemistó con él de forma definitiva.

Lucas tomó apuntes de los comentarios de su colega y a su vez se defendió con el argumento que más le pesaba: "Mirá quién habla. Ninguna de tus películas hizo un centavo. Por lo menos yo gané algo". De todos modos accedió a reescribir todo lo que podía y a cambiar las alusiones al Jedi Bendu, algo que De Palma consideraba una basura.

Los cambios exigieron posponer la fecha del estreno un año más, para volver a filmar y agregar escenas. El presupuesto se volvió a disparar. En esta etapa Lucas y sus colaboradores pusieron especial cuidado en los efectos de sonido y presionaron para estrenarla en Dolby Stereo, un sistema bastante nuevo para el cine.

Finalmente estrenó en mayo de 1977 solo con el título de Star Wars. En un intento por ignorar la presión del lanzamiento, la noche del estreno Lucas se fue a comer hamburguesas con su esposa, haciendo de cuenta de que no pasaba nada. Por esas cosas del inconsciente, eligieron un restaurante frente al Chinese Theatre de Los Angeles, emblemática sala de estrenos de Hollywood, y allí descubrieron multitudes haciendo fila. Al día siguiente se fueron de viaje, tratando otra vez de hacer de cuenta de que la incertidumbre del estreno no los afectaba.

El éxito fue tan grande que Lucas preparó una secuela. Recién cuando El imperio contraataca estaba en camino, resolvió reestrenar la primera con el subtítulo agregado de Episodio IV, en señal de que se trataba de una saga mayor. De forma paradójica tuvo un fuerte rechazo ante el éxito mundial, porque lo dejaba en las antípodas de su vieja y contradictoria aspiración de ser reconocido como un artista independiente. Ahora, incluso, era más que un director o guionista: dirigía una multinacional del entretenimiento. En los años noventa, cuando no tenía más que un puñado de páginas de apuntes para extender la trilogía original, le dijo a Biskind "Me llevó mucho tiempo resignarme. Pero lo conseguí y voy a volver a esa película. Star Wars es mi destino".

HEREDEROS DE FANTASÍAS.

La duda y la aceptación del destino es el tema recurrente de las siete películas. La última, El despertar de la fuerza, deja las bases sentadas para que las continuaciones retomen el tema a través de viejos y nuevos personajes. Abrams, que hace tres años dudó a la hora de aceptar el encargo, produjo una historia de aventuras y más acción que antes, que toma todos los mitos, los recrea y juega con la intención de potenciarlos.

La respuesta a la pregunta sobre dónde se encuentra el alma de este mito aparece, tal vez, en su propia definición. El filólogo español Hugo F. Bauzá escribió lo siguiente en su libro El mito del héroe: "Conviene recordar, según ha demostrado con razón Lévi-Strauss, que un mito —en este caso el del héroe— no es un canon fijo, sino una forma de lenguaje en perpetuo movimiento y que lo que determina su esencia es la suma de todas las variantes".

Abrams y su co-libretista Lawrence Kasdan (que también co-escribió otras dos películas de la saga, El imperio contraataca y El regreso del Jedi), parecen haber cruzado todas las posibilidades. Recrearon situaciones o ideas de la película original, jugando con juguetes ajenos como si sutilmente se les colara un fan film, expandieron el universo con nuevos planetas y personajes, emplearon el legado de Luke y Darth Vader y lo continuaron, dejaron apuntes para expandir a través de historietas y libros, y se apoyaron en una maquinaria de marketing planetario, equivalente en ambición a lo que Lucas quiso en 1977.

Este último episodio refleja, más que ningún otro producto, que el mito de Star Wars se compone de las ilusiones de todos los otros mitos y sus variantes. Y del mito del propio Lucas también, a pesar de que sus ideas para estas continuaciones fueron descartadas por Disney y casi no tuvo participación. Aunque se abstuvo de hacer comentarios a la hora del estreno, el público y buena parte de la crítica se refirió a él como el gran padre de la asunto. Alejado de su criatura multimillonaria y multinacional, Lucas adquirió las dimensiones legendarias de un Obi-wan Kenobi, presente físicamente en la primera película y luego como un espíritu que guía a quien quiera jugar en su universo.

Contexto

COMO EN un parto con fórceps, a la primera Star Wars le costó un buen esfuerzo ver la luz en 1977. Pocos cines querían exhibirla. Tan complicada fue su distribución que los estudios Fox presionaron a las cadenas de exhibición amenazando con no darles otras películas si no la programaban. Hasta su estreno, la película más taquillera de cada año variaba de tema, público e interés artístico. La taquilla podía seguir tanto al drama de Lo que el viento se llevó, como a la aventura de King Kong (1933), a El padrino, a la gran Lawrence de Arabia, a Espartaco o a James Bond con Goldfinger. Sin embargo la década del setenta vivió un cambio en las preferencias del público, y también de Hollywood. Spielberg y Lucas fueron los dos grandes responsables de definir la tendencia hacia el entretenimiento familiar.

El estreno de Tiburón, en 1975, mostró que el público empezaba a cambiar sus gustos. El de Star Wars, dos años más tarde, reafirmó que una fantasía familiar, apoyada en buenos efectos especiales, mucha acción y una historia simple podía contener la clave del éxito, que es lo que siempre buscan los grandes estudios. A partir de El imperio contraataca (1980), la tendencia se convirtió en regla, con las excepciones de Top gun (1986), de Atracción fatal (1987), Rainman (1988), y Ghost, la sombra del amor (1990).

Poco antes del cambio de siglo, Lucas y Peter Jackson marcaron un nuevo rumbo con las precuelas de Star Wars y con El señor de los anillos, respectivamente. Hollywood entendió que el potencial económico estaba en las sagas basadas en propiedades preexistentes, tanto libros como películas, cómics o incluso juguetes, que a su vez se pueden expandir en merchandising y subproductos. El público esta dispuesto a pagar una entrada por volver a sentir la seguridad de un mundo que conoce, como un niño que pide que le lean el mismo cuento una y otra vez. De ese modo Shrek, Harry Potter, Batman, Transformers, Piratas del Caribe y todas las que incluyen superhéroes de Marvel llenan los cines año tras año, del mismo modo que intentará hacerlo este regreso de Star Wars.

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