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BALANCE 2022

"Bosco", o cómo un documental sobre un pueblo de 13 personas fue la sensación del año en el cine uruguayo

La película de Alicia Cano Menoni estuvo 24 semanas consecutivas en la cartelera.

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Escena de la película Bosco, de Alicia Cano Menoni
Difusión

Hay que andar un camino repleto de curvas, avanzar aunque no se sepa, del todo, hacia dónde se está yendo, frenar cada tanto, respirar, seguir. Ver cómo, de a poco, los árboles crecen hacia los costados y hacia todas partes, adentrarse en un paisaje verde y salvaje, casi impenetrable y continuar, aunque parezca que se va hacia ningún lado, insistir. Porque en algún momento del camino empiezan a aparecer carteles que lo anuncian. Son unas letras perdidas que dicen Bosco di Rossano. Entonces hay que seguir las señales hasta que se termina la carretera, hasta ver otro cartel que dice “entrada sin salida” porque ahí, en un valle hundido entre bosques de castaños, está Bosco, un pueblo italiano que contiene toda la belleza del mundo.

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En el Bosco hay un puñado de casas y 13 personas, árboles, hongos, un río, una iglesia, animales. Y hay algo, en ese pueblito perdido en la Toscana, que lo trasciende todo, incluso un océano, incluso una pantalla: es una forma de la calma, una forma de la templanza, una forma de la contemplación, una forma de comprender la vida, una forma del tiempo.

Y hay algo de eso, también, en Bosco, la película deAlicia Cano Menoni -salteña, uruguaya- que este año vieron más de 23.000 espectadores y que se mantuvo durante 24 semanas ininterrumpidas en la cartelera montevideana. Hay algo de todo eso y también hay más. Porque Bosco fue no solo una de las películas uruguayas del año, sino también un fenómeno, un acontecimiento: algo que sucede cada tanto y cambia el curso de las cosas.

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Era 2006 y Alicia, egresada de la Facultad de Información y Comunicación, estaba haciendo una maestría en Milán, Italia. Llevaba consigo las historias de Bosco que le había contado su abuelo, Orlando Menoni.

Orlando nunca había viajado al Bosco y sin embargo conocía ese paisaje de bosques verdes de memoria: es el pueblo en el que nacieron sus padres, el lugar al que uno de sus abuelos llevó una fuente de agua y una bolsa de caramelos, el lugar del que vienen los Menoni.

Era 2006 y Alicia le pidió a dos compañeros de facultad que la acompañaran a conocer el lugar. Cuando llegó dijo su apellido y eso alcanzó para que la recibieran como si fuese familia de todas las personas del pueblo. “Volvió una nieta de la América”, decían y la abrazaban y la agasajaban y algunos lloraban, porque en ese regreso suyo estaba, también, el de todos los que alguna vez se habían tenido que ir.

Entonces Alicia sintió, mientras tomaba café en una mesa frente a la iglesia, que ahí empezaba una historia que ya no era la de su familia ni la de su abuelo: era la suya.

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Bosco, tercera película de la cineasta (El Bella Vista, Locura al aire) se presenta como un documental y sin embargo definirla es casi un sinsentido. Se trata de una película que no habla de nada y habla de todo: de la familia y de los orígenes, de la memoria, del hogar, del tiempo y del paso del tiempo, del envejecimiento, de la nostalgia y, finalmente, de un pueblo italiano que parece olvidado por todos salvo por los recuerdos de Orlando y por las visitas de su nieta.

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Después de esa primera vez Alicia regresó para hacer un cortometraje para la facultad. Y después volvió porque sí. Y así lo hizo a lo largo de 13 años. Y una vez se quedó durante cuatro meses y vio cómo se terminaba el otoño y cómo de a poco empezaban las primeras lluvias y cómo las personas recolectaban hongos y cortaban leña para prepararse para el invierno. Y así, con la confianza del tiempo, ella les contaba su historia y ellos, los 13 habitantes de un pueblo en el que solo hay dos apellidos, Menoni y Volpi, también le contaban las suyas.

Recién en 2014, cuando sus abuelos dejaron la casa de Salto en la que habían vivido toda la vida para irse a una más pequeña, Alicia supo que quería hacer una película.

Alicia Cano

Quizás eso que sintió su abuela cuando besó una de las paredes de la casa fue como lo que sintieron sus bisabuelos cuando tuvieron que dejar el pueblo para escapar de la guerra. Y, quizás, como eso que sintió Alicia mientras filmaba esa mudanza y se preguntaba por qué la pérdida de esa casa en la que pasó la infancia le dolía a ella también.

Después, se fue al Bosco. Quería que las señoras que siempre la recibían -Andreína, Rita, Gemma- la ayudaran a entender algo sobre el desarraigo.

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Ahora que pasaron casi nueve meses del estreno de Bosco en Uruguay, Alicia dice que superó todo lo que alguna vez imaginó y que no sabe por qué pasó lo que pasó, por qué la vio tanta gente, por qué estuvo tantos meses en cartelera, por qué un documental independiente generó lo que generó. No lo sabe, pero tiene algunas hipótesis.

“Creo que la película tocó una fibra que quizás el cine uruguayo no había visitado todavía, que es nuestro propio sentir de pueblo migrante; tocó ese imaginario de la inmigración, eso de que venimos de los barcos, de que todos venimos de un Bosco. También pienso que puede tener que ver con la simplicidad de la película, con que no hay nada grandilocuente. La película termina siendo una carta de amor al Bosco”.

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Quizás tenga que ver con eso que dice Alicia, de que todos venimos de los barcos. Quizás sea porque su abuelo Orlando puede ser, también, el mío. Quizás sea porque un día todos nos preguntamos de dónde venimos, cómo será el lugar en el que empieza nuestra historia. Quizás sea por la sencillez. Quizás sea por un dispositivo que se toma el tiempo para mostrar todo lo que quiere. Quizás tenga que ver con el tiempo, con la densidad del tiempo. Quizás tenga que ver con la ilusión de detenerlo todo, de hacerlo perdurar, de guardarlo. O quizás tenga que ver con que si la belleza existe como tal, sin ninguna abstracción, pura y virgen, posiblemente sea algo parecido a Bosco.

Un ciclo de funciones al aire libre

Bosco se estrenó en noviembre de 2020 en el Festival Internacional de Cine en Ámsterdam. También pasó por otros festivales, como el de Cannes o el de Málaga.

En agosto de 2021 Alicia viajó y la proyectó en Bosco di Rossano y fue, además de la primera vez que ella vio la película con público, la primera vez que se pasó cine en el pueblo. Fue proyectada en una pantalla que hicieron con algodón en la iglesia y tuvo tres funciones.

En Uruguay, en tanto, estuvo en Cinemateca y en Life y, ahora, empezó un ciclo de funciones al aire libre. El 11 de enero a las 20:30 se proyectará en el Parque Rodó y seguirá en Canelones, en el marco de “Cine bajo las estrellas”, con funciones en distintas ciudades del departamento:

  • 7/1 Las Piedras
  • 14/1 La Paz
  • 19/1 Cuchilla Alta
  • 28/1 Montes
  • 4/2 Piedras de Afilar (Soca)
  • 11/2 San Antonio
  • 16/2 Salinas
  • 24/2 Progreso
  • 25/2 Sauce
  • 9/3 Ciudad de la Costa

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