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El verano para aprender a volar

¿Inspección exterior? Completada. ¿Asientos y cinturones? Ajustados. ¿Puertas? Cerradas. ¿Freno de estacionamiento? Puesto". Estas son algunos de los aspectos que deben constatar los pilotos antes de poner en marcha a la avioneta Cessna 172, con la que han aprendido a volar al menos 25 uruguayos en el Aeroclub de Punta del Este.

Eduardo Leoncini, director de esta institución que da cursos desde 1993 enseña a volar a adolescentes, jóvenes y adultos de hasta 73 años. "Gracias a la constancia que hemos tenido, hemos tenido público de todo tipo", cuenta.

Mientras muestra cómo es una avioneta, relata los requisitos para hacer el curso. "La persona debe hacerse un examen psicofísico y un electrocardiograma, que debe ser controlado una o dos veces al año", dice. "Los pilotos somos sumamente controlados desde el punto de vista médico", agrega.

Cuando supera esa prueba, ya está en condiciones de volar. Luego, se les propone a hacer un "vuelo bautismo". "Quizás esa persona compra los libros, hace todas los exámenes, pero se sienta en el avión y no le gusta. O se siente mal", comenta Leoncini. Si aprueba esta etapa, comienza la parte más formal.

Allí se le entrega el material teórico y el manual del avión que le servirá para dar el examen teórico. En la primera clase práctica, lo primero que se hace es "interactuar con las partes" del avión.

Cada hora de clase cuesta 3.000 pesos. Según contó Leoncini, hay algunas que duran poco más de media hora y otras duran más. Para llegar a obtener la licencia, se necesitan 40 horas de vuelo (y muchas son navegando de manera solitaria).

Si una aeronave no cumple con algunos de los requisitos que señala el manual de vuelo, se debe pasar a la aeronave a mantenimiento. "El manual del auto lo agarrás solo cuando se rompe. Esto es distinto", afirma el experto. La idea es mitigar el factor de riesgo. "Sobre todo por el clima, que es muy cambiante", puntualiza.

A volar.

Tras verificar que el avión monomotor Cessna cumplía con todas las condiciones para volar, Eduardo lo arrastra a la pista. Luego, le da una lavada al vidrio delantero, el cual tiene ciertas rajaduras.

Al subir a la avioneta (a la que le tiemblan sus alas por el viento que existe en el aeropuerto de El Jagüel), Eduardo comienza a presionar botones y perillas. Enciende el motor con una llave y avisa a los controladores aéreos que está a punto de despegar. "Ahora, sí muchachos. Ajusten cinturones", dice al resto de la tripulación.

El despegue es uno de los momentos "más críticos", según este piloto que hoy trabaja en BQB, y tiene más de 3.000 horas de vuelo. "Vos vas a atropellar la atmósfera", comenta. Un mal movimiento con el volante y una mala decisión en esta parte puede ser letal.

Tras superar esa parte compleja, Punta del Este desde el cielo comienza a transformarse en otro balneario. Por momentos, se convierte en una pintura abstracta. Por ejemplo, una laguna cercana al aeropuerto cuenta con varias manchas verdes en diferentes formas. La aceleración de las motos de agua y lanchas generan pequeños líneas blancas en el agua, como si un pintor las estuviera trazando.

El balneario, si bien cuenta con áreas verdes, parece ser conquistado por la urbanización. Los edificios de la costa parecen gigantescas murallas que dan sombra a toda la rambla y, en función de cómo se ubique el Sol, también generan penumbras en la playa.

Durante la navegación, el avión sufre de ciertos golpes de aire que, de manera intermitente, lo hacen descender levemente y con cierta brusquedad. Leoncini cuenta que una particularidad de Punta del Este es que tiene "viento cruzado". "Estás entrenándote para las peores condiciones para volar. Cuando te toca viento del sur o del norte es lo más fácil", dice.

Todos los pilotos deben mantenerse atentos a cualquier situación que suceda en su entorno. También por la cambiante situación climática (en la mañana llovió durante tres horas y a la tarde estuvo soleado). "Cada vuelo es distinto. Cada uno tiene una historia distinta". En este sentido, explica Eduardo, hay que reducir cualquier posibilidad de inconveniente.

Mientras el piloto se dirige hacia la pista de aterrizaje, la aeronave sufre nuevos golpes de aire. Esta vez, con mayor brusquedad e intensidad. "Tranquilo. Cuando vas bajando hay diferentes masas de aire", cuenta el piloto.

El aterrizaje es otro de los momentos críticos del vuelo. Allí, tampoco se deja detalle librado al azar. A tal punto, la aeronave persigue una línea amarilla que llega hasta un círculo amarillo que marca el punto final de la travesía.

Esa travesía que hoy 17 alumnos quieren vivir por cuenta propia,

La historia de uno de los pilotos

Entre los 25 pilotos que han pasado han habido de todas las edades. De 17 años, que deben pedir permiso escrito a sus padres, a 73, quedeben superar pruebas psicofísicas y cardíacas. Uno de los que ya es piloto privado era repartidor de gas en Maldonado. Según comentó el director del Aeroclub, le costaba llegar a fin de mes. Logró ser becado por la institución y logró sacar la licencia. Ahora, busca ser piloto comercial (necesita 200 horas).

Precios y horas del curso

Hacer un curso de piloto en Aeroclub cuesta 3.000 pesos por hora. De todas formas, hay clases que no superan los 35 minutos, por lo que cada clase puede tener un costo diferente. Antes de decidir hacerlo, los directores del lugar recomiendan hacer un "vuelo bautismo" para confirmar que se siente apto y le satisface volar. Si supera esta prueba, empieza el curso que cuenta con carga teórica y práctica. Para sacar la licencia, necesita 40 horas de vuelo.

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