DE LA ANTÁRTIDA A URUGUAY

A bordo del HMS Protector: dos uruguayas cuentan cómo es la vida en el rompehielos

El barco británico visitó Montevideo y dejó a sus dos tripulantes voluntarias uruguayas

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Foto: Leonardo Mainé
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Durante los últimos tres días, anclado sobre el muelle 5 del puerto de Montevideo permaneció el HMS Protector, el único rompehielos de la Armada Real británica -y uno de los barcos que colaboró en la búsqueda del submarino argentino ARA San Juan- que acaba de regresar de una expedición a la Antártida, en la que llevó dos uruguayas a bordo.

Para tener acceso a este barco británico es necesario entender inglés, registrarse y escuchar atento a las normas de seguridad. Hay que cuidarse en las escaleras, sostenerse siempre de las barandas, prestar atención al cierre de las puertas y seguir al guía en todo momento, sobre todo en caso de emergencia: son las básicas que se reciben nada más subir la rampa roja que conecta el muelle con el barco.

Según explica Claire Lees, responsable de logística del barco y relaciones públicas, la tripulación tiene entre 21 y 53 años y normalmente hay entre 60 y 80 personas a bordo.

Claire Lees se desempeña como encargada de logística. Foto: Mariana Malek
Claire Lees se desempeña como encargada de logística. Foto: Mariana Malek

La propia Lees -originaria de Liverpool- es parte de la tripulación hace alrededor de ocho meses y permanecerá en su puesto por un año más. Tiene dos hijos pequeños, a los que ve durante cuatro semanas cada dos meses; es duro, pero la experiencia es única. Antes, trabajaba para una organización que apoyaba a marineros retirados que no tienen trabajo o están enfermos.

Entre los tripulantes hay cuatro chefs, personal médico, investigadores, mayordomos y marineros. Todos, además, tienen una o dos responsabilidades extra: bombero, operador de la grúa de contenedores o especialistas en primeros auxilios.

Matthew Syrett, oficial comandate y capitán del navío real, cumplirá dos años como encargado del rompehielos a fin de año y asegura que lo que más extrañará cuando deje el barco será a su tripulación.

A bordo del HMS Protector ha estado en la Antártida unas seis o siete veces y se considera un privilegiado por ello: “Incluso las tripulaciones más caras del mundo puede que nunca vean algo como lo que nosotros presenciamos en la Antártida, por lo que somos muy afortunados”, asegura.

Matthew Syret es el capitán del HMS Protector. Foto: Leonardo Mainé
Matthew Syrett es el capitán del HMS Protector. Foto: Leonardo Mainé

En este último viaje, hubo un momento que “no tuvo precio”: “El barco estaba parado en el agua, con todos los sonares apagados y alrededor de unas 15 orcas vinieron a nosotros. Estaban tan cerca como para tocarlas. Las escuchábamos respirar y se movían alrededor del barco comiendo pingüinos, lo que es un poco triste para los pingüinos pero es un real privilegio ver la naturaleza es su cruda majestuosidad”, cuenta, mientras muestra el video de los cetáceos alrededor del barco.

Uruguayas a bordo.

No fue la primera vez que este rompehielos repostó en Montevideo, ya lo había hecho antes y la última vez fue el pasado 21 de diciembre, cuando las tenientes Laura Paolino y Noelia Miraballes subieron a bordo. Otros dos oficiales habían participado de la misión en los meses previos.

Noelia Miraballes muestra su punto de trabajo en el puente de mando. Foto: Leonardo Mainé
Noelia Miraballes muestra su punto de trabajo en el puente de mando. Foto: Leonardo Mainé

Noelia Miraballes, guardiamarina del Cuerpo General y jefa de departamento a bordo de la Fragata ROU 01, fue una de las voluntarias uruguayas seleccionadas para viajar a bordo del HMS Protector. Su vida estuvo marcada por los barcos desde su infancia: “Mi madre cuenta que desde muy chica le decía que un día me iba a subir a un barco para conocer el mundo”, confiesa.

No fue su primer viaje a la Antártida, debido a que la teniente había ido al continente blanco en 2009 con la Armada Nacional a bordo de la Fragata ROU 04.

Sin embargo, esta experiencia fue diferente: “En este viaje entendí las cosas que se hacen en la Antártida y pude ver por qué se hacen. Finalmente, comprendí lo importante de la conservación del medioambiente allí y que el hombre no lo afecte”, sostiene Miraballes.


Fue una experiencia distinta, comenta. “Durante la primera pierna fuimos de Punta Arenas al glaciar Thwaites. Estuvimos 32 días en los que solo había sol, fue un poco difícil manejarse. A los 20 días quería noche”, cuenta entre risas.

Laura Paolino, jefa de Cartografía de la Armada Nacional, tuvo a bordo del rompehielos británico, su primera experiencia en la Antártida: “Yo diría que no hace tanto frío”, bromea, aunque subraya que es una experiencia muy exigente que requiere concentración y esfuerzo para cumplir con las rutinas.

Laura Paolino posa en el exterior del barco donde vivió tres meses. Foto: Leonardo Mainé
Laura Paolino posa en el exterior del barco donde vivió tres meses. Foto: Leonardo Mainé

Respecto a las sorpresas que se llevó llegando a un punto tan austral del mundo, la teniente afirma: “Me sorprendió lo extremo del medioambiente, del clima y las dificultades que puede presentar para un barco de estas dimensiones”.

Mientras que Miraballes se desempeñó trabajando en el puente de mando, procurando una navegación segura, Paolino estuvo abocada al procesamiento de tres proyectos.

“Si bien la vida a bordo no me es ajena, no es parte de mi rutina porque desde el departamento de cartografía trabajo desde tierra. Eso hizo que toda la experiencia fuera desafiante para mi”, cuenta Paolino.

Ambas oficiales aseguraron que ahora pueden decir contentas que tienen amigos del Reino Unido.

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