DETRÁS DEL ALGORITMO

Tranquilo, falta mucho para saber si las pantallas hacen tonto a tu hijo

El último libro del neurocientífico Michel Desmurget cuenta cómo los dispositivos están afectando gravemente al desarrollo neuronal de niños y jóvenes; pero ¿hay evidencia para sostener esto?

niños pantallas
Cuando aumenta el uso de la televisión o los videojuegos, el coeficiente intelectual disminuye, sostiene el neurocientífico Michel Desmurget

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¿Mi hijo tiene menor coeficiente que yo? Eso dijo la semana pasada Michel Desmurget, director del Instituto de Investigación de Francia, en una entrevista publicada por la BBC en español que dio la vuelta al mundo.
Desmurget dice no solo que nuestros hijos son más tontos que nosotros sino que la culpa es de las pantallas.

“Simplemente no hay excusa para lo que les estamos haciendo a nuestros hijos y cómo estamos poniendo en peligro su futuro y desarrollo”, dice el neurocientífico resumiendo un largo trabajo que publicó bajo el nombre La fábrica de cretinos digitales.

En esa investigación lo que Desmurget afirma es que está desapareciendo lo que los científicos llaman el efecto Flynn. Un fenómeno –llamado así por el psicólogo norteamericano que lo detectó– por el que desde hace décadas los niños muestran mejores resultados en las pruebas de coeficiente intelectual que sus padres. Hasta ahora, dijo el científico, y agregó: con los “nativos digitales”.

Las redes sociales explotaron. La entrevista saltó de país en país, de perfil en perfil y se volvió viral (¿qué significará eso que todo el mundo usa y pocos definen?). Pocas cosas nos gustan más a los humanos –y si peinamos canas y somos uruguayos más aún todavía– que pensar en el pasado como un lugar en el que todo era mucho más sano que en este lugar horrendo donde todos los días bordeamos el Apocalipsis.

Pero lo cierto es que la afirmación tiene varios problemas. Uno es el uso del término nativos digitales, bastante problematizado en los últimos años y al que habría que dedicarle otro de estos espacios. Pero hoy me interesa hablar de otro de los problemas: decir que la culpa de todo es de las pantallas.

Vamos a ser claros: Es imposible sacar esa conclusión con la evidencia que tenemos. Incluido Desmurget.

¿Por qué? Mejor dejar que esa pregunta la responda Sonia Livingstone, psicóloga social, hasta hace poco jefa del Departamento de Medios y Comunicaciones de la London School of Economics, y experta en infancia y nuevas tecnologías. “Hay problemas de evidencia científica. Cualquier efecto vinculando tiempo de pantalla con resultados negativos son escasos (y reducidos por otros factores, tales como el sueño). Otros factores potencialmente vinculados (como las circunstancias socioeconómicas) son raramente controlados. Los estudios tienden a ser interseccionales, previniendo conclusiones causales. Las estimaciones son más fuertes para la salud física (notablemente obesidad, aunque hay que problematizar que se asuma que el uso de pantallas es sedentarismo) y débil o inexistente para estimaciones a nivel de salud mental. Y podríamos continuar”.

Ciclo: Detrás del algoritmo.

¿Qué es un algoritmo y por qué decide que veo en mi celular? ¿Está bien que Facebook y YouTube decidan qué publicar? ¿Las redes son una burbuja donde todos piensan igual? Detrás del algoritmo busca ser un espacio de reflexión sobre el impacto que la tecnología tiene sobre nuestras costumbres, consumos y maneras de pensar. Un lugar donde poner pausa para pensar en lo que pasa cuando intermedia la forma que tenemos de mirar.

El propio Desmurget dice en otro pasaje de esa misma entrevista, que “aún no es posible determinar el papel específico de cada factor, incluida por ejemplo la contaminación (especialmente la exposición temprana a pesticidas) o la exposición a las pantallas”.

¿El celular es lo mejor que nos pasó a los humanos? Probablemente no.
¿Es lo peor que nos pasó? Definitivamente no.

Desde Sócrates y su acérrimo rechazo a la palabra escrita (de la que decía cosas peores que las que Michel Desmurget dice ahora de las pantallas), los humanos nos hemos enfrentado a la tecnología desde dos frentes bien claros. Esos que Umberto Eco llama los apocalípticos y los integrados.

Sin embargo, tal vez el camino esté en algún punto entre ambos. Un punto que busque problematizar sin juzgar, entender sin laudar.

Un camino hecho de preguntarse cuánto y cómo nos cambió –y nos cambia– este nuevo ecosistema que construimos de forma acelerada en apenas unas décadas. Estos textos buscan caminar por ese sendero. Armada con más preguntas y menos sloganes. Un intento por entender el impacto que la tecnología tiene en nuestras vidas antes de salir a tuitear de cuál de los dos lados estamos.

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