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'Tecnorresistencia', contratendencia que le dice no a lo novedoso

Cada vez son más las personas que evitan caer en la tentación de los constantes lanzamientos en materia de tecnologia..

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Foto: El Tiempo / GDA.

Cada año la escena se repite: una empresa tecnológica anuncia su último lanzamiento y, en la víspera, cientos de personas se aglomeran en filas de varias cuadras para ser las primeros en comprarlo. Solo para el Apple Watch, un par de meses atrás, hubo 2,3 millones de pedidos previos al lanzamiento.

Pero mientras este fenómeno se hace cada vez mayor y más frecuente, otra multitud invisible recorre el camino inverso: esperan a que la euforia cese y compran no el último modelo, sino el de hace un año o dos; no van a la tienda oficial, sino a una que ofrezca aparatos usados en buen estado, y buscan un mercado en el que lo que se adquiere no es la novedad, sino lo “suficientemente bueno”. Incluso algunos simplemente se quedan con el equipo que tienen.

Son los ‘tecnorresistentes’, una oleada de consumidores críticos que optan por la relación calidad-precio y no por lo más nuevo, desafiando con mantenimiento y actualizaciones el miedo a quedar obsoletos.

Uno de ellos es el columnista Chris Mills, quien en su blog especializado en tecnología –en la web Gizmodo– contó por qué volvió al iPhone 5S luego de probar el iPhone 6: “Ambos son básicamente indistinguibles para el usuario. Claro, el 6 tiene un procesador más rápido, pantalla con más densidad de pixeles, mejor cámara y la capacidad de filmar en cámara doblemente lenta. Pero, sinceramente, como adicto al teléfono, me resultó difícil notar la diferencia. La mayoría de las características de los teléfonos nuevos (se aplica para tabletas también) se encuentran en la actualización del software. Y este suele correr en dispositivos anteriores o de menor presupuesto”, afirmó.

En el mismo plano, John Herrman, editor del portal cultural neoyorquino The Awl, se refirió a las personas que no han caído en el frenesí de los lanzamientos como gente que decidió ignorar el “extraño narcisismo de las pequeñas diferencias de la industria”. “Yo era un hombre iPhone, como tú. Hasta que un "teléfono lo cambió todo”, añadió en una columna en el portal independiente Medium.

La innovación tecnológica ha sido vista como la clave de supervivencia y éxito para muchas firmas, y analistas como Fabián Sanabria, director del Instituto Colombiano de Antropología e Historia, consideran que “el hecho de que esté apareciendo un sector que considera que es mejor reciclar, reinventar y recomponer que andar al vaivén de las campanas de las empresas demuestra la capacidad del individuo de pensar de modo crítico frente al consumo”.

El mercado de ‘reutilizados’ se va abriendo camino y, como subraya un reciente artículo de The Wall Street Journal, no solo es “creciente”, sino que además se está desarrollando al margen de la competencia de las grandes marcas, con usuarios que no priorizan las capacidades de los nuevos modelos en relación con los que ya tienen.

Uno de los ejemplos más claros de estos mercados ‘tecnorresistentes’ es Gazelle, una compañía estadounidense que compra usados a bajo costo, los repara, los limpia y los vende a precios accesibles. Así que un iPhone 5 –lanzado en septiembre del 2013–, su producto más vendido, cuesta 219 dólares, y un Samsung Galaxy S4 –otro de los más populares, en el mercado desde abril del mismo año–, 249 dólares, libres de cualquier operador. En ambos casos, el precio está un 50 por ciento por debajo del valor del dispositivo nuevo.

Sarah Welch, directora de marketing de Gazelle, define así el enfoque que han adoptado: “Estamos tratando de educar a los consumidores respecto del costo total de propiedad de un celular y la inteligente decisión financiera que representa saltarse la experiencia de abrir la caja o sacarlo del concesionario”.

Las cifras corren a favor de esta tendencia: Gartner, una firma de investigación tecnológica, calculó que 56 millones de teléfonos de segunda mano fueron vendidos en el mundo en el 2014 y movieron 7.000 millones de dólares. Y la expectativa es aún mejor: la compañía proyecta que en el 2017 se llegará a 120 millones de celulares, que representarán 14.000 millones de dólares.

El negocio ha crecido tanto entre bastidores que, de acuerdo con A. J. Forsythe, fundador y presidente ejecutivo de iCracked, compañía creada para reparar dispositivos Apple, su empresa ha tenido que contratar técnicos a un ritmo voraz: entre 400 y 500 al mes. Solo en el último año creció 20 por ciento cada mes, en promedio, y sus ganancias sumaron 25 millones de dólares.

“Apple vendió más de 1.000 millones de dispositivos iOS. No creo que ellos quieran meterse al negocio de reparar dispositivos; creo que prefieren vender nuevos. El proceso de reparación para ellos es no reparar. Ellos barren los dispositivos con otros nuevos”, le dijo Forsythe, de 26 años, a Forbes, antes de reconocer que su mercado todavía es menor: “Apple está vendiendo unos 500.000 iPhones al día. Nosotros no reparamos ni siquiera el 1 por ciento de eso”.

Con conciencia sostenible

La tendencia de lo “suficientemente útil” va más allá del rechazo de la tecnología vista como novedad, y tiene su raíz en el consumo sostenible.

Organizaciones ambientalistas como Greenpeace han llamado la atención sobre la huella ambiental difícil de diluir que deja la industria de la tecnología y, según un estudio de la Universidad de las Naciones Unidas, el año pasado se desecharon 41,8 millones de toneladas de basura tecnológica, sumando todos los aparatos con batería o enchufe.

Y las perspectivas son que esa cifra aumente, ya que para finales de este año habrá 4.900 millones de nuevos dispositivos conectados a internet (un 30 por ciento más que el año pasado) y en el 2025 se espera que lleguen a 25.000 millones, según Gartner.

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