DEPORTE ADAPTADO

Surf: cuando las olas son aliadas para salir adelante

Juan Manuel Camacho y Henry Martínez son de Costa Rica, practican surf adaptado y visitaron Montevideo para hablar de su experiencia con este deporte.

Surf adaptado. Foto: Dominick Lemarie
Surf adaptado. Foto: Dominick Lemarie

Juan Manuel Camacho y Henry Martínez son dos deportistas de Costa Rica que estuvieron presentes en la 3° Cumbre Iberoamericana de Turismo Accesible realizada el pasado 19 y 20 de septiembre en la Intendencia de Montevideo (IMM). Este encuentro tuvo el apoyo de la Organización Mundial de Turismo (OMT) y de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Asistieron más de 400 personas, hubo más de 30 panelistas y conferencistas de 12 países.

Las historias de estos dos surfistas son diferentes; sus vidas son diferentes, pero hay varias cosas que tienen en común: además de ser del mismo país, ambos son un ejemplo de superación. No se conforman con la opinión de otros sobre lo que pueden hacer y lo que no, tienen claro cuál es su lugar en el mundo. Durante su estadía en la capital uruguaya los surfistas hablaron de su experiencia con este deporte y de los resultados que se consiguen cuando se utiliza en terapias de rehabilitación.

"Esa ola me trajo el deseo de seguir adelante".

Camacho tiene 40 años y desde muy pequeño hace deporte y se acercó al surf. Cursó la carrera de Educación Física, es bachiller en Ciencias del Deporte y Recreación y tiene una maestría en Recreación con especialidad en deporte aventura y promoción de la salud.

En 2006, un inesperado episodio marcó un antes y un después en su vida: un delincuente intentó robarle el auto y lo baleó. Estuvo varios días en coma y mejoró de a poco. Por aquellos días, los doctores que lo visitaban en el hospital le preguntaban con qué propósito conservaba en la habitación, junto a él, una fotografía de los tiempos en que hacía surf. “¿Para qué la tienes ahí, si no vas a volver a surfear nunca?”, le decían. Pero él la mantenía cerca.

Juan Manuel Camacho. Foto: Francisco Pastori
Juan Manuel Camacho. Foto: Francisco Pastori

La recuperación llevó tiempo. Fueron meses en que el apoyo de su familia fue fundamental para salir adelante. “Hubo familiares que me apoyaron mucho, me ayudaban a vestirme, a cambiarme, y también me apoyaron para luchar por mi vida y por mis sueños”, contó. Durante varias semanas se trasladó a Cuba, donde realizó terapias específicas con el objetivo de ponerse de pie. Luego volvió a Costa Rica y continuó con natación y actividades acuáticas terapéuticas. Avanzaba, y a medida que pasaba el tiempo, había más mejoras, pero nunca logró volver a caminar. Sin embargo, lo que sí pudo fue adaptar su cuerpo para hacer las cosas que más amaba, entre ellas, el surf.

“En 2007 un amigo me mostró un video de alguien practicando surf adaptado y le dije: ´vamos al agua´. Mi amigo me dijo que no, que el video era solo para que yo lo viera, pero le insistí y al final fuimos al agua. Nos metimos y fue una emoción increíble agarrar esa primera ola, aún me acuerdo de esa ola que era perfecta. Esa ola me trajo de nuevo el deseo de surfear y de seguir adelante en la vida”, recordó el deportista.

Actualmente Camacho es el presidente de la Asociación Nacional de Surf Adaptado de Costa Rica, forma parte de la Selección de Costa Rica de Surf Adaptado y participó en cuatro mundiales.

La selección tiene atletas con diferentes condiciones de discapacidad y hay distintas categorías, en las que las tablas se adaptan según las limitaciones de cada participante. Camacho compite en la categoría AS3, que está pensada para los usuarios de sillas de rueda y en la que se utiliza una tabla adaptada para que el atleta vaya sentado impulsándose con un remo.

El mensaje que este surfista busca darle a las personas que tienen algún tipo de limitación física o discapacidad es que a pesar de que “a veces hacer algo es más difícil dependiendo de la discapacidad que tenga, eso no significa que uno no pueda salir adelante. He estado con personas que tienen parálisis cerebral o autismo y hemos visto un cambio radical en los que hacen surf. Mi mensaje es que sigan adelante con su vida”.

"No hay que creer el discurso que nos dicen de que podemos o no hacer ciertas cosas".

Martínez tiene 23 años, también es surfista y además estudia dos carreras universitarias: Antropología y Biología.

“Perdí la vista a los dos años, lo cual tiene sus ventajas porque uno crece con esa normalidad. Para mí no ver era lo más normal de la vida hasta que llegué a la adolescencia; ahí fue que me di cuenta de que era diferente”, contó a El País.

“Cuando me di cuenta que esas diferencias implicaban desventajas, limitaciones o discriminaciones fue cuando empecé a ser más consciente de mi lugar en el mundo”, agregó.

Henry Martínez. Foto: Francisco Pastori
Henry Martínez. Foto: Francisco Pastori

Sus padres siempre lo apoyaron. Nunca le dijeron que no podía hacer algo, “nunca pusieron mi discapacidad primero. Yo empecé a decir que quería viajar, que quería andar en patineta. Y hace dos años y medio más o menos empecé a surfear. Todo comenzó cuando participé en una sesión de voluntariado, me inscribí para ayudar en una campaña que buscaba dar clases de surf a personas con bajos recursos, ya sea con discapacidad o personas mayores. Como yo estaba como voluntario no pensaba participar, pero al final quedaron cupos y lo intenté”, sostuvo Martínez.

“Logré ponerme de pie en la primera ola y me encantó pero en ese momento era un hobbie nomás”, relató. Pero no quedó en eso: a raíz de esa participación lo reclutaron del equipo de la Selección Nacional de Surf Adaptado y le ofrecieron entrenar con ellos. “Hasta ese momento yo no me consideraba deportista, pero asumí el reto porque me di cuenta de que con el surf adaptado podíamos ayudar a otras personas con discapacidad y si yo competía entonces podría hacer más visible el movimiento y con eso contribuir a que las personas con discapacidad pudieran entrenar en las olas. No para competir; mi finalidad no es que todas las personas con discapacidad se conviertan en deportistas de alto nivel, sino para tener la experiencia de estar en el mar, sentir las olas. El surf ayuda con la seguridad en uno mismo, con el tema del equilibrio, incluso a las familias las ayuda a confiar más en las capacidades de sus hijos”, explicó el deportista.

Para entrenar tiene que hacer un viaje que le lleva dos horas: vive lejos de la playa y para llegar al agua debe tomarse un tren, un ómnibus y un taxi. Reconoce que si bien existen muchas barreras, la gente suele ser amable y ayuda: “La terminal es grande y a veces hay que preguntar para encontrar el autobús”, sostuvo.

Martínez es un surfista que alienta a soñar, a “salirse del molde”: “Las discapacidades existen, los límites existen. Esas no son cosas que están en la mente. Pero lo que sí está en la mente es la creatividad para enfrentar esos límites y no creernos el discurso que nos dicen todo el tiempo de que no podemos o que solo podemos hacer ciertas cosas”.

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