CIENCIA

Rodolfo Gambini, el físico uruguayo que unió la ciencia y la filosofía y es destacado a nivel internacional

Ingresó a la prestigiosa Academia Nacional de Artes y Ciencias de Estados Unidos; ¿qué opina del desarrollo de la ciencia uruguaya?

Rodolfo Gambini
Rodolfo Gambini. Foto: Ricardo Figueredo

Albert Einsten, Max Planck, Enrico Fermi, Pierre y Marie Curie. Solo seis nombres de los físicos más notables del siglo XX. Y sus textos, vida y obra estaban ahí, al alcance la mano en la biblioteca paterna. Rodolfo Gambini, nacido el 1º de mayo de 1946, pasó su infancia hojeando esos libros. “La motivación la tuve toda la vida. Quizás porque mi padre tenía también interés por la física y me entusiasmó mucho, en particular con los temas de la mecánica cuántica y la relatividad general. Siempre quise esto”, comentó a El País un día después de haber sido nombrado como miembro de la Academia Estadounidense de Artes y Ciencias, una institución con 241 años de historia.

Fue el segundo egresado de la Licenciatura en Física de la vieja Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República. Con la irrupción de la dictadura, continuó sus estudios en París, donde cursó su doctorado en Física Teórica. Su tesis fue sobre la propagación de ondas gravitacionales en medios elásticos.

Academia cuenta con 241 años de historia.

Fundada en 1780, la Academia Estadounidense de Artes y Ciencias “honra la excelencia y convoca a líderes de todos los campos del esfuerzo humano para examinar nuevas ideas, abordar temas de importancia para la nación y el mundo y trabajar juntos para cultivar todas las artes y ciencias que promuevan el interés, el honor, la dignidad y la felicidad de un pueblo libre, independiente y virtuoso”. John Adams, segundo presidente de EE.UU., John Hancock, destacado patriota de la Revolución estadounidense, y otros 60 eruditos crearon esta institución con el convencimiento que la nueva república requeriría instituciones capaces de reunir conocimientos y promover el aprendizaje al servicio del bien público.

Más de 13.500 miembros han sido elegidos desde 1780. “Esta fue la primera academia de ciencias ; la otra (la Academia Nacional de Ciencias) fue creada por (Abraham) Lincoln en 1863. Tiene muchos más años de historia y es más amplia en el enfoque porque incorpora políticos, filósofos y cientistas sociales y gente de las humanidades a parte de los científicos”, comentó su más flamante miembro, el físico uruguayo Rodolfo Gambini.

“Cuando estudiaba varios de mis profesores eran escépticos de la existencia de las ondas gravitacionales porque en ese momento había una gran confusión en cómo se debía entender la relatividad general de Einstein que predecía que debían existir esas ondas pero no estaba claro porque la relatividad general tiene un problema por el que muchas cosas que tienen apariencia de existir pero son más bien el resultado de una forma particular de mirar el problema. Pero si uno mira de manera más amplia, entonces no existen”, explicó. Einstein estaba convencido de que nunca sería posible medir las ondas gravitacionales. Einstein estaba equivocado.

Gambini no era escéptico (ni lo es ahora) pero sí reconoce que era un poco “pesimista”. En el sentido de que en ese entonces –décadas de 1970 y 1980– creía que habría que esperar “400 años” para tener el conocimiento certero sobre determinadas cuestiones del universo. Pero no fue necesario. Las ondas gravitacionales, por ejemplo, fueron detectadas por primera vez en 2015. “La construcción de los detectores gravitacionales fue una hazaña tecnológica extraordinaria que ha abierto una puerta al universo”, apuntó.

Ahora, cuando ya se jubiló de la actividad docente, después de escribir más de 100 artículos en el área de la física de partículas, después de dirigir el grupo de Teoría de los Campos y Relatividad General del Instituto de Física de la Facultad de Ciencias y de haberse destacado internacionalmente por la formulación de la “interpretación de Montevideo” de la mecánica cuántica, después de haber sido el primer presidente de la Academia Nacional de Ciencias y después de retirarse a Punta del Este, es más optimista.

Mecánica cuántica: la teoría desde Montevideo.

El trabajo de Gambini se ha centrado en la Teoría de Campos, una rama de la
Física que describe el comportamiento de los campos gravitacionales y electromagnéticos, entre otros. Ha formulado la llamada “interpretación de Montevideo” de la mecánica cuántica. “Ha habido muchas interpretaciones desde que se creó la mecánica cuántica en la década de 1920 y todas han tenido problemas. Propusimos una interpretación que se basa únicamente en la mecánica cuántica sin ninguna otra hipótesis; eso es muy bueno porque uno piensa que el universo es fundamentalmente cuántico porque los objetos de la vida cotidiana están compuestos por objetos microscópicos de naturaleza cuántica. Entonces, esa interpretación resuelve algunos de los problemas y de hecho está en la base de lo que ha sido nuestro trabajo más filosófico, el universo hospitalario”.

Y tiene muchas razones.

Una de ellas es el progreso de la ciencia y la tecnología. “Siempre lo que no conocemos se ve muy lejos hasta que, de pronto, aparece”, dijo a El País. Puso como ejemplo el modelo estándar de la física de partículas, desarrollado en la década de 1970, por el que “se creía” que “teníamos una comprensión muy buena de las partículas elementales que componen el cosmos”. Se creía que esa teoría iba a mantenerse “por mucho tiempo” y, sin embargo, ya se le han encontrado problemas.

Después de décadas de investigación y docencia, Gambini lo resumió así: “Lo que es constante es el cambio y la sorpresa”.

Rodolfo Gambini
Rodolfo Gambini. Foto: Ricardo Figueredo

Otra razón para ser optimista es el talento de la ciencia uruguaya a pesar de la histórica falta de financiamiento. Cuando Gambini regresó a Uruguay, en 1987, solo había “un puñado de científicos”; ahora hay un plantel consolidado que se destaca en el exterior. “Seguimos siendo un país pequeño pero en calidad competimos muy bien en muchas áreas. Es producto de un esfuerzo de la comunidad científica que se ha integrado y trabaja de forma coordinada. Acá realmente hay un enorme sentimiento de objetivos comunes que tienen que ver con el desarrollo nacional y de la ciencia. Se tiene la visión de que la ciencia es la que puede cambiar al país”, relató.

Universo hospitalario y problemas filosóficos.

A Rodolfo Gambini siempre le interesó la física con una visión filosófica: desentreñar los misterios del cosmos, de la naturaleza y del ser humano. Es decir, “cómo nos entendemos a partir de esta estructura física que aparentemente está involucrada en nuestra constitución”. Ha acercado a dos partes que muchos creen incompatibles: las ciencias duras y las ciencias humanas. En su libro A Hospitable Universe explica cómo las leyes de la física funcionan y permiten el desarrollo de estructuras para que sea posible la vida y también la conciencia humana. “Parece algo totalmente incompatible cuando se piensa en la física que se enseña en Secundaria que está totalmente superada por la física actual que es mucho más amigable con el desarrollo de la vida”, dijo.

¿Pero qué es lo que falta? Gambini no dudó en su respuesta: “La convicción de que Uruguay puede ser un país que tenga un desarrollo basado en el conocimiento y en la ciencia”. Falta, entonces, la voluntad política. Desde el comienzo de su carrera hasta “muy recientemente” señaló que se concebía al país solamente como agrario y, por tal motivo, “no tenía porqué ocuparse” de la ciencia. “Decían que la ciencia básica era un lujo innecesario y eso hoy ha sido totalmente superado por la realidad”, apuntó.

Y añadió: “El rol de las ciencias básicas en estos últimos años es manifiesto y está en la base de las posibilidades de transformar el país con otro tipo de producción, con otra capacidad de innovación y de adaptarse a los nuevos desafíos. Hay lugar para ser optimistas pero no hay una decisión política de impulsar de forma sistemática ese desarrollo”.

Gambini también es optimista porque nunca van a faltar los jóvenes que demuestren tener el mismo entusiasmo que él sentía cuando leía los libros de su padre. A todos ellos les aconsejó: “Nunca puede faltar la curiosidad y el deseo de saber”. Pero también les pide independencia porque “cada persona es capaz de tener una visión diferente”. Y a ellos les dijo: “La capacidad de aportar está en cada uno de nosotros”.


Reportar error
Enviado
Error
Reportar error