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Ricardo Pascale:“Hay que tener claro el rumbo económico del país”

El expresidente del Banco Central del Uruguay publicó un libro en el que plantea que Uruguay debe ingresar con urgencia en una economía de la información y lograr el consenso sobre su rumbo económico.

Ricardo Pascale. Foto: Leonarzo Mainé
Ricardo Pascale. Foto: Leonarzo Mainé

Ricardo Pascale (78) trabajó como presidente del Banco Central del Uruguay (en los periodos 1985-1990 y 1995-1996), es docente y artista. En el mes de abril publicó el libro Del freno al impulso (Editorial Planeta), un texto en el que propone cuál es la salida para que Uruguay no se quede detrás de países que en su momento fueron sus iguales.

Pascale, quien tiene un doctorado en Sociedad de la Información y del Conocimiento por la Universidad Abierta de Cataluña (España), propone la transformación del país hacia una economía basada en el conocimiento.

Sobre su obra, la motivación del libro y sus principales postulados para que Uruguay abandone la situación actual y se incorpore a la sociedad del conocimiento conversó con El País.

—¿Cuál fue su motivación para escribir este libro?
—Es un proceso que vengo madurando hace 20 o 30 años y tiene que ver con mi preocupación por el rumbo económico del Uruguay y de muchos países de América Latina. Esto no es una crítica, sino una realidad que viví y estudié gracias a que tuve la suerte de viajar y formarme en el exterior y que me ayudó a tener otra perspectiva. Me parecía importante dar una idea de cómo ha sido el rumbo de Uruguay y cuál debería ser, en mi opinión, el que debería tomar. Yo propongo un camino que es el más aprobado por la doctrina económica y por la praxis.

Del freno al impulso (Editorial Planeta)
Del freno al impulso (Editorial Planeta)

—¿Qué explica el texto?
—El libro tiene tres partes. En la primera se plantea el problema; la segunda habla sobre los elementos para lograr un nuevo rumbo; y la tercera, cuál es el futuro y cuáles son las opciones, que ese es el objetivo final del libro. Uruguay viene creciendo muy lentamente y ha tenido altas y bajas en función de sus cosas duras. No es algo lineal pero, en promedio, la tasa de crecimiento, en términos per cápita, ha sido muy baja. Al ser muy baja al igual que el resto de América Latina nos hemos ido distanciando en forma muy severa de los países que fueron nuestros referentes. Hace 70 años teníamos el mismo producto per cápita que Francia, Italia o España; hoy tenemos muchísimo menos. No solo nos hemos distanciado de estos países, sino que lo hicimos de otros que tenían una economía y recursos similares como es el caso de Nueva Zelanda, Australia, Finlandia o Singapur, por citar algunos. Esos fueron países que no tenían un rumbo claro. El caso de Finlandia es paradigmático porque era un país prácticamente pastoril hasta fines de la década de 1980 y principios de la de 1990. Cuando cayó la URSS decidieron transformarse en otro tipo de economía, una economía más contemporánea más moderna; eso mismo en Nueva Zelanda, Australia o Singapur.

—¿Qué no le pasó a Uruguay?
—En esos países se decía que crecían por los factores de producción que son básicamente tres: trabajo, capital y recursos naturales. Sin embargo, a mediados del siglo pasado, algunos economistas empezaron a estudiar el tema de por qué crecen los países y se dieron cuenta que no era ni el trabajo ni el capital ni los recursos naturales lo que lo explicaban. Roberto Solow, quien fue premio Nobel de Economía en 1987, indicó en su teoría que lo que explicaba el crecimiento era el conocimiento aplicado. La innovación, la tecnología y la ciencia aplicada, es decir, la aplicación económica del saber, explicaban el crecimiento de los países. Al igual que al resto de los países de América Latina, Uruguay no entró a la economía del conocimiento de forma decisiva.

—¿Cuáles son los caminos que pueden tomarse a futuro?
—Uno sería si ocurriera una catástrofe, pero no están las condiciones dadas para que pase algo así. El segundo es lo que se llamó el “larghissimo”, como el tiempo musical, y me refiero a esto con ir solucionando las cosas a medida que se van planteando y mirando el corto plazo; ese camino es más de lo mismo y hará que cada vez nos alejamos más de nuestros referentes. Finalmente, está lo que yo creo que deberíamos hacer que es entrar de lleno en la sociedad del conocimiento.

—¿Qué hay que hacer para entrar en ella?
—Lo fundamental es tener claro cuál es el rumbo económico del país. Decidir, más allá de quién esté a cargo, un rumbo definido. Lo primero es conseguir el consenso entre las distintas fuerzas sociales, políticas y económicas y demás que tiene el país. Tiene que haber un consenso sobre cuál es el rumbo del país y cuál es el proyecto. Es complicado hacer estos cambios paradigmáticos y nunca se va a lograr la unanimidad, pero es el camino para seguir los pasos de Nueva Zelanda, Australia o Finlandia. Implica decidir el objetivo y luego discutir sobre otros temas políticos, filosóficos, etcétera. Después viene el tema de la educación. Los niños y jóvenes tienen que aprender cosas generales pero tiene que haber un énfasis en los temas del conocimiento aplicado, porque a través de él se genera valor. También hay que pensar en la salud pública, no solo de los humanos, sino también de los animales y del cuidado del medioambiente. Finalmente, invertir en investigación y desarrollo, algo que Uruguay hace en muy poca medida.

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