Un culto al cannabis en La Barra

Punta en versión cannábica

Más de 30 personas visitan a diario el Museo de la Marihuana; la mayoría son extranjeros.

Martín Milat es el dueño del emblemático Canoa Quebrada. Hace un año abrió el Museo de la Marihuana. Foto: Ricardo Figueredo
Martín Milat es el dueño del emblemático Canoa Quebrada. Hace un año abrió el Museo de la Marihuana. Foto: Ricardo Figueredo

"Mujica es la estrella de este lugar", dice Martín Milat, dueño del Museo de la Marihuana que funciona desde hace un año al lado de la emblemática sucursal de Canoa Quebrada ubicada en La Barra (Carmen Barradas y Ruta 10), que también le pertenece.

Compara la popularidad del expresidente uruguayo que legalizó la marihuana cinco años atrás con Lady Gaga, y los dos brasileños que recorren las instalaciones se ríen sin dejar de fotografiar la réplica de aquella vespa que usaba el "Pepe" antaño. "El hombre que vendía flores en el Cementerio Central terminó poniéndolas en la farmacia", acota Martín.

En el predio del museo hay seis plantas habilitadas por el Instituto de Regulación y Control de Cannabis (IRCCA). Ellos no van detrás de una cosecha como legítimos autocultivadores, están ahí para ser exhibidas, y saciar la intriga de los turistas que se acercan ávidos por recibir más información.

Las habitaciones del THC Hostel también siguen la temática cannábica. Foto: El País
Las habitaciones del THC Hostel también siguen la temática cannábica. Foto: El País

"Hay mucha gente que muestra curiosidad porque nunca vio una planta en su vida. La hoja llama la atención, tiene su belleza", dice.

Debajo de la vitrina donde se expone una colección de pipas reposa un cartel que aclara: "no hacemos apología del consumo".

Es que el objetivo de este tour descontracturado y sin costo para los clientes de la tienda es brindar información sobre la ley, dar a conocer los riesgos del consumo y un "pantallazo objetivo de esta pobre plantita que nace en cualquier lado, es polémica, ha sido tan estigmatizada, y ahora abre una puerta que en mi juventud era insoñable: la marihuana medicinal".

Experiencias de vida en torno al cannabis

Ramsés, Matías y Gabriel son tres amigos "híper cannábicos", y apenas se promulgó la ley de regulación de la marihuana en 2013, decidieron crear el hostel THC en La Barra. Allí la gente puede "disfrutar y compartir la experiencia cannábica", según Ramsés. Tiene capacidad para 37 personas, está dividido en siete habitaciones, y sus dueños pretenden "dar una experiencia filosofal". Informan sobre la ley, arman fogones, hacen talleres sobre cultivo, y tienen plantas en "modo vegetativo" solo para ser apreciadas. "Con el 90% de los huéspedes me despido con un abrazo".

Pasen y vean.

El arte de los productos de Canoa Quebrada con la imagen de Bob Marley, las plantas en los souvenirs y toda la temática del Uruguay verde hacía que las charlas con los clientes extranjeros siempre derivaran en preguntas sobre la "novedosa legalización de la marihuana" ocurrida en 2013.

Querían saber en qué consistía la reglamentación, si funcionaba bien, y sobre todo dónde acceder a la sustancia.

Para evacuar todas esas dudas, Martín decidió juntar recortes de diarios vinculados a esta temática, cantidad de pipas, un alegato de García Márquez sobre la despenalización del cannabis, infinidad de libros dedicados a la marihuana, otros tantos sobre Mujica, y así construyó el museo.

"El pene más grande del mundo", de Pablo Comas, es la obra que da la bienvenida a los 30 visitantes que circulan por día.

El dueño se dio el lujo, además, de sumar su colección personal de arte, vinilos, y una copia del vestido negro que usó Janis Joplin en el festival de Woodstock 1967.

Ante la cantidad de consultas, decidieron colocar carteles en todos los rincones escritos en español y portugués que aclaran "no vendemos marihuana". Es que la pregunta resultaba inminente.

En el fondo del THC Hostel hay decks y una hermosa piscina donde descansar. Foto: El País
En el fondo del THC Hostel hay decks y una hermosa piscina donde descansar. Foto: El País

"Yo no puedo recomendar, y ahí es cuando toma vida el museo: entren, lean la ley, entérense, conozcan lo que dijo Mujica, Jorge Batlle, que fue un adelantado, y otros tantos activistas cannábicos en aquellas reuniones que se hacían en el Molino de Pérez", señala Martín.

Dentro del museo están detallados en un pizarrón todos los caminos para obtener cannabis de forma legal: clubes, auto cultivo, y farmacias -en el departamento de Maldonado son dos: Rumbo al 3000 (Román Bergalli 445) y La Cabina, por Ruta 10-.

Los turistas quieren más que unas pitadas

Los dueños del hostel THC alertan a los turistas que todos tienen derecho a fumar marihuana, pero el comercio es exclusivo para los ciudadanos uruguayos. Si bien es común que los huéspedes uruguayos compartan con los extranjeros su marihuana obtenida de forma legal y así pueden degustarla, varios quieren comprarla. "Mucha gente después de saber cómo funciona, se ha instalado en Uruguay o ha procurado sacar la ciudadanía para poder hacer uso de los derechos de forma directa, sin depender de que alguien los convide", cuenta Ramsés.

Reacciones.

Martín tiene 51 años y dice haber sido testigo de "una época muy diferente" respecto a la marihuana. "Gozo mucho de esta libertad, y de ver que la policía no persigue a los consumidores. La demonización de la planta se está alejando y lo celebro".

Pero más allá de la apertura y de los avances legales, no todos los clientes ven con buenos ojos la existencia de un museo dedicado al cannabis, por más de que esté en el predio lindero a una tienda que vende desde pareos hasta desmorrugadores ($1.200), pipas ($1.400), ceniceros ($300), imanes ($100) y souvenirs de todo tipo con la imagen de la planta en cuestión.

"Está el que aún ve a la marihuana como si fuera el demonio, quiere permanecer bien lejos, entonces descubre el cartel del museo, da la vuelta y se va. Eso pasa mucho. Después hay personas con otra posición que lo visitan con su niños, sus padres, familiares, o amigos, y tratan de llevarse algo cultural de la experiencia".

El museo tiene habilitación del IRCCA para seis plantas para mostrar a los turistas. Foto: Ricardo Figueredo
El museo tiene habilitación del IRCCA para seis plantas para mostrar a los turistas. Foto: Ricardo Figueredo

Por explotar.

Martín lanzó una frase ocurrente en el acto conmemorativo por los cinco años de la legalización de la marihuana en el Parlamento: "llegamos a la final del mundo y salimos a jugar con los suplentes". Él considera que hay oportunidades increíbles a nivel de turismo cannábico y no están siendo aprovechadas porque la reglamentación no lo contempla.

Conoció a los jóvenes diputados y senadores que hicieron la ley en un taller con operadores turísticos y "con la mayor humildad nos dijeron, discúlpenos, llegamos hasta dónde pudimos. Los casinos en Brasil son ilegales y vienen a jugar acá, lo mismo sucedería con el cannabis si pudieran comprar. Nuestra ley es única y maravillosa para los uruguayos, pero no para los extranjeros. Tristemente siguen alimentando el mercado negro porque todos los que llegan quieren comprar. Ese es otro motivo de la creación del museo".

( Producción: Camila Beltrán).

Growshops y lo que piden los extranjeros

En Maldonado, aunque no son tan abundantes como en la capital, hay algunos growshops desperdigados por el departamento, como Yuyo Brothers, HydroPoint o Dejavú. Este último está emplazado desde el año pasado a pocos metros de la parada 25 de la Mansa y vende en su mayoría elementos para cultivar como sustrato, macetas, entre otras cosas. También se pueden encontrar los clásicos objetos como desmorrugadores que van de $100 a $1.000 pesos dependiendo del material u hojillas desde $30. Según explicó la encargada del lugar, el movimiento es menor que el año pasado pero de todas formas son varias las personas que se acercan hasta el lugar, sobre todo extranjeros en busca de marihuana. "Cuando le decimos que no vendemos, se llevan unas hojillas y se van", contó.

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