ENTREVISTA

Pepa Horno, especialista en infancia: “Si los adultos no ven el dolor de su niño interior no educarán sin violencia”

La experta española visitó Montevideo para hablar sobre apego, trauma y disociación en niños 

Pepa Horno
Pepa Horno

La psicóloga española especialista en infancia Pepa Horno visitó Montevideo en el marco del seminario internacional organizado por Aldeas Infantiles: “Crecer sin violencia. Enfoques y estrategias de abordaje para la protección infantil y adolescente”. La ponencia de la especialista se centró en “apego, trauma y disociación”, problema frecuente en los niños.

Horno trabaja como consultora independiente en lo que llama “infancia, afectividad y protección”. Trabajó para la organización internacional Save The Children como responsable de los Programas de Violencia contra la Infancia y Responsable del Departamento de Promoción y Protección de los Derechos de la Infancia, publicó más de 10 libros y decenas de artículos sobre infancia, siempre enfocándose desde una perspectiva del afecto.

En su paso por Montevideo, Horno conversó con El País sobre su profesión, la situación mundial respecto a los temas de infancia y la realidad uruguaya. Y fue tajante: “La vulneración de los derechos de los niños, niñas y adolescentes en el mundo es generalizada y, lo que es más grave, en algunos aspectos normalizada y aceptada socialmente”.

—¿Por qué eligió dedicarse profesionalmente a los niños?
—Estudié psicología y en mi formación comprendí que en la infancia se construye la estructura psíquica del ser humano. No hay etapa de mayor riqueza pero tampoco de mayor vulnerabilidad. Y en mi trabajo he intentado siempre unir la promoción de la afectividad, la consciencia, la ternura y el cuidado de las figuras parentales con la prevención de cualquier forma de maltrato. Un entorno seguro es la base de la protección de los niños, niñas y adolescentes. Y ese entorno es nuestra responsabilidad. De todos y cada uno de nosotros. No imagino nada con más sentido que dedicar mi vida profesional a promover esos entornos seguros.

No hay etapa de mayor riqueza pero tampoco de mayor vulnerabilidad que la infancia!

—¿Qué fue lo que más le sorprendió al explorar ese mundo?
—Lo parecidos que somos los seres humanos en todos los continentes, culturas, religiones e idiomas. Comprender que el desarrollo afectivo es universal y que la gente ama, sufre y teme lo mismo en cualquier parte del mundo. Un niño en mi país (España), en Camboya, en India, en Panamá o en Uruguay necesita lo mismo para desarrollarse plenamente: sentirse seguro y amado. Y en todos los lugares del mundo hay un niño o niña dolorido dentro de muchos adultos con los que trabajo. Aprendí claramente que si no logro que los adultos vean el dolor de su niño interior no podré lograr que eduquen sin violencia a sus hijos e hijas.

—¿Cómo ves la situación de la infancia a lo largo del mundo?
—La vulneración de los derechos de los niños, niñas y adolescentes en el mundo es generalizada y, lo que es más grave, en algunos aspectos normalizada y aceptada socialmente. Algunos ejemplos de esto son el castigo físico o las prácticas tradicionales dañinas, la falta de participación de los niños y niñas en la toma de decisiones que les afectan o en las comunidades en las que viven, entre muchas otras.

La vulneración de los derechos de los niños, niñas y adolescentes en el mundo es generalizada y, lo que es más grave, en algunos aspectos normalizada y aceptada socialmente"

— ¿Cómo estamos en relación a tres décadas atrás?
—Es importante no perder la perspectiva de que desde que se firmó la Convención sobre los Derechos del Niño en 1989 se ha mejorado en muchos aspectos, pero sigue siendo el tratado que más consenso ha generado pero también el que ha sido más vulnerado. Los niños, niñas y adolescentes necesitan que los adultos y en general las comunidades en las que viven asuman la responsabilidad moral y jurídica de su protección y desarrollo pleno. El estado de nuestra infancia y juventud no deja de ser una medida de cómo funciona nuestra ética como sociedad.

—¿Cuáles son las claves para mejorar la situación de los niños en diferentes partes del planeta?
—Es una pregunta complicada de responder, pero daré tres claves que me parecen esenciales. Primero, un marco normativo adecuado a nivel nacional y regional que implemente de forma eficaz el marco de los derechos del niño. Segundo, una inversión de recursos humanos y económicos suficiente y no solo desde la perspectiva de inversión en el futuro, sino porque es su derecho en el hoy; son ciudadanos aquí y ahora. Y tercero, mientras no incorporemos temas como el maltrato infantil y los derechos del niño, niña y adolescente en todos los currículos universitarios de las profesiones que van a trabajar con ellos y ellas (psicología, educación, trabajo social, pero también medicina o derecho, entre otras) no podremos detectar y atender adecuadamente a quienes son víctimas de alguna forma de desprotección. No se puede ver aquello que no se está formado para ver.

—¿Qué conoce de Uruguay y su situación? ¿En qué aspectos hay que trabajar para mejorar?
—Uruguay es un país, como muchos otros de la región de Latinoamérica y el Caribe, de contrastes. Por un lado, posee una legislación muy avanzada en algunos aspectos y un sistema de protección bien diseñado, pero necesita que la atención a los niños, niñas y adolescentes sea priorizada a nivel político y social, dotando al sistema de los recursos necesarios. Por otro lado, el país tiene un problema claro de diferencias en la cobertura geográfica de los recursos. No tiene nada que ver los recursos de los que se dispone en Montevideo respecto a las regiones del interior. Y, por último, creo que necesita priorizar el tema de salud mental infanto juvenil, abordándolo de una forma multidisciplinaria que permita una atención a los niños, niñas y adolescentes que vaya más allá de la medicación.

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