HISTORIA

Por qué el 536 fue el peor año de la historia y no el 2020, según historiadores

En ese entonces el mundo cayó en una oscuridad las 24 horas durante unos largos 18 meses

Volcán Taal. Foto: EFE
Volcán Taal. Foto: EFE

El año 2020 no pasará desapercibido en la posteridad después de una serie de incendios forestales, accidentes aéreos en Irán y Pakistán, la muerte de la leyenda del baloncesto Kobe Bryant, los disturbios sociales por el asesinato de George Floyd y varios desastres naturales. Y, por supuesto, por la pandemia del coronavirus que afectó a todos los países del mundo en medidas distintas, pero nadie se salvó de vivir algún tipo de impacto social y económico. Sin embargo, en el momento de elegir el peor año registrado de la historia de la humanidad, la lista es larga.

Enfermedades, pestes y guerras azotaron a los hombres a lo largo de toda su existencia. Algunos de los peores años, según expertos, fueron: 1349 por la Peste Negra que diezmó a la mitad de la población europea; 1520, cuando la viruela devastó América y mató entre el 60% y el 90% de los pobladores originarios del continente; 1918, cuando la gripe española provocó la muerte de más de 50 millones de personas; 1933, cuando se produjo el auge de Adolf Hitler que fue, sin dudas, un punto de inflexión no solo en el siglo XX, sino en toda la historia moderna. Sin embargo, muchos investigadores no dudan en elegir al año 536 como el peor de la historia, tal como reveló un artículo publicado en Science.

De acuerdo al historiador medieval Michael McCormick, ese “fue el comienzo de uno de los peores períodos para estar vivo, si no el peor año”. Según explicó en la revista Science, ese año comenzó con una niebla inexplicable y densa que se extendió por todo el mundo y hundió Europa, Medio Oriente y partes de Asia en la oscuridad durante las 24 horas del día, por 18 meses.

Una larga lista de catástrofes.

“Durante este año tuvo lugar el signo más temible. Porque el Sol daba su luz sin brillo, como la Luna, durante este año entero, y se parecía completamente al Sol eclipsado, porque sus rayos no eran claros tal como acostumbra”, escribió Procopio de Cesarea (500-554 d.C.).

La crónica del historiador bizantino continuaba así: “Y desde el momento en que eso sucedió, los hombres no estuvieron libres ni de la guerra ni de la peste ni de ninguna cosa que no llevara a la muerte”.

Las temperaturas en el verano de 536 cayeron 1,5°C a 2,5°C. Tanto frío hacía que incluso nevó en China. Fue el inicio de la década más fría en los últimos 2.300 años.

Los cultivos se perdieron en todos los países europeos, asiáticos y africanos y la hambruna se expandió fuertemente. Este período de frío y hambre llevó a un estancamiento económico muy fuerte y en el año 541, un brote de la peste bubónica, conocida como Plaga de Justiniano, provocó la muerte de casi la mitad del Imperio Bizantino.

Las catástrofes que se vivieron ese año fueron producto de una causa natural. Gracias a investigaciones dirigidas por McCormick y el glaciólogo Paul Mayewski, se pudo conocer que una erupción volcánica en Islandia a principios de 536 provocó la propagación de grandes cantidades de cenizas en el hemisferio norte, creando la niebla que llevó al mundo a la oscuridad.
Esta erupción fue tan inmensa que alteró los patrones climáticos globales y los cultivos de los años siguientes. Otras dos erupciones masivas siguieron a esa, en 540 y 547.

1968: el año más traumático en EE.UU.

El año más traumático en la historia moderna de Estados Unidos fue 1968, según historiadores. Este 2020 quedaría en segundo lugar. ¿Cómo podría un año ser peor que el actual, en el que más estadounidenses están sin trabajo que en la Gran Depresión, y mueren más personas que en varias de las guerras de Estados Unidos juntas? En 1968 hubo más asesinatos, había una guerra exterior y más caos político y división social que ahora.

Para Kyle Harper, historiador medieval y romano de la Universidad de Oklahoma en Norman, el registro detallado de los desastres naturales y la contaminación humana que han permanecido congelados en los glaciales “dan un nuevo tipo de registro para comprender la concatenación de causas humanas y naturales que condujo a la caída del Imperio Romano y a los primeros movimientos de una nueva economía medieval”.

Desde que los estudios de los anillos de árboles en la década de 1990 sugirieron que los veranos alrededor del año 540 eran inusualmente fríos, los investigadores han buscado la causa. Hace unos años, los núcleos de hielo polar de Groenlandia y la Antártida arrojaron una pista.

Cuando un volcán hace erupción, arroja azufre, bismuto y otras sustancias a la atmósfera, donde forman un velo de aerosol que refleja la luz del sol de vuelta al espacio, enfriando el planeta. Al hacer coincidir el registro de hielo de estos rastros químicos con los registros climáticos de los anillos de los árboles, un equipo dirigido por Michael Sigl, ahora de la Universidad de Berna, descubrió que casi cada verano inusualmente frío en los últimos 2.500 años estuvo precedido por una erupción volcánica.

Mayewski y su equipo interdisciplinario decidieron buscar las mismas erupciones en un núcleo de hielo perforado en 2013 en el glaciar Colle Gnifetti en los Alpes suizos. El núcleo de 72 metros de largo sepulta más de 2.000 años de consecuencias de volcanes, tormentas de polvo del Sahara y actividades humanas en el centro de Europa.

El equipo descifró este registro utilizando un nuevo método de ultra alta resolución, en el que un láser talla trozos de hielo de 120 micras, que representan solo unos pocos días o semanas de nevadas, a lo largo del núcleo. Cada una de las muestras, unas 50.000 de cada metro del núcleo, se analiza para una docena de elementos.

El enfoque permitió al equipo detectar tormentas, erupciones volcánicas y contaminación por plomo hasta el mes o incluso menos, desde hace 2.000 años.

Los repetidos golpes, seguidos de plaga, hundieron a Europa en el estancamiento económico que duró hasta 640 cuando se registró un pico de plomo en el aire. La plata se fundió a partir de mineral de plomo, por lo que es una señal de que el metal precioso estaba en demanda en una economía que comenzaba a recuperarse.

Con todo, la comparación del año 536 con el 2020, según los historiadores, proporciona algo de tranquilidad. (Con información de La Nación)

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