se volvieron locales gourmet y cambiaron las minutas por sushi y buen vino

Paradores de playa versión 3.0

Antes, en los paradores solo se pedían rabas y un refresco pero hoy, muchos de ellos son restaurantes de alta gama, salones de fiesta, lugares para hacer deporte, y hasta para realizar exhibiciones de autos.

Playa Montoya. Foto: Ricardo Figueredo
Playa Montoya. Foto: Ricardo Figueredo
Parador playa Bikini. Foto: Ricardo Figueredo
Parador playa Bikini. Foto: Ricardo Figueredo
Parador Montoya. Foto: Ricardo Figueredo
Parador Montoya. Foto: Ricardo Figueredo
Playa Manantiales. Foto: Ricardo Figueredo
Playa Manantiales. Foto: Ricardo Figueredo
Foto: Ricardo Figueredo
Foto: Ricardo Figueredo
Foto: Ricardo Figueredo
Foto: Ricardo Figueredo
Foto: Ricardo Figueredo
Foto: Ricardo Figueredo
Foto: Ricardo Figueredo
Foto: Ricardo Figueredo
Foto: Ricardo Figueredo
Foto: Ricardo Figueredo
Foto: Ricardo Figueredo
Foto: Ricardo Figueredo
Foto: Ricardo Figueredo
Foto: Ricardo Figueredo

Todos persiguen una misma lógica estética: senderos de acceso sobre la arena y construcciones hechas en madera inclyendo sillones y las mesas diseñadas. Y vienen con una garantizada y confortable vista al mar.

También para pasar música electrónica. "Hola, ¿a qué hora toca el DJ?", preguntó en la mañana de ayer una joven de 20 años a Martín, el encargado del parador de Bikini, en Manantiales. "En la tardecita", contestó. Cuando el sol comienza a ocultarse, los paradores, que abren bien temprano, empiezan a recibir público juvenil. "Son más festivos que antes", opinó Martín.

Y si en Punta del Este hay fiesta, también hay alcohol. Por eso, en este lugar los veraneantes empiezan a pedir cerveza, caipiriña y, sobre todo, clericó. Martín indicó que en los primeros días del 2015 llegaron a vender 120 clericós en un solo jornal (cuesta 700 cada uno). "A los brasileños les encanta", comentó.

En el parador de Montoya, en la mañana de ayer había cientos de cajas de cerveza. Los trabajadores se desplazaban de un sitio a otro colocando las botellas en la heladera, barriendo y adornando el lugar. Al costado del parador, terminaban de montar un escenario, donde un DJ (esos que están en todos lados) animaría la fiesta de la tarde. También la llaman "sunsets" (atardeceres, en español), jornadas en las que los paradores ofrecen disfrutar la puesta del Sol al ritmo de música electrónica.

"Hay una tendencia que los paradores sean cada vez más un centro de servicio. Van sumando más prestaciones", dice Martín Laventure, alcalde de Punta del Este. Cuando la comuna decide entregar a un predio para montar un parador, enfatizan en que sean construcciones "livianas" y "amigables con el medio ambiente", dice a El País el alcalde de Punta del Este, Martín Laventure.

Otra mutación que han tenido estos lugares es su espíritu deportivo. Muchos se han transformado en una suerte de club. El de Montoya, por ejemplo ofrece clases de gimnasia, yoga y, desde esta temporada, zumba: una disciplina que mezcla el baile con disciplinas aeróbicas.

De alta gama.

En Punta del Este, Manantiales y José Ignacio cada vez son más (pueden ofrecer un almuerzo de 700 pesos por persona para arriba). Y muchos están pensados para un público de alto poder adquisitivo al cual no le tiembla el bolsillo para gastar.

La Selenza, el parador de la modelo argentina Valeria Mazza que ya lleva dos años en Manantiales, invirtió 200.000 dólares frente a su hotel boutique. Además de ser un restaurante, también ofrece otro tipo de eventos. Por ejemplo, ha sido anfitrión de un encuentro de Ferrari y Porsche. Estos vehículos suntuosos hicieron una recorrida por Punta del Este y luego finalizaron con un brindis y una cena en este lugar. También realizan fiestas de Luna llena y, cada 2 de febrero, celebran el día de Iemanjá, la diosa del mar.

El referente en este rubro es La Huella de José Ignacio, que ha sido distinguido como uno de los 50 mejores restaurantes de América el año pasado. En este lugar, donde se puede cenar por casi 1.000 pesos por persona, cuidan hasta el más mínimo detalle. Por ejemplo, en la fiesta exclusiva de Lacoste del 26 de diciembre siempre había un mozo barriendo la arena, que invadía los pisos del lugar, para que nadie se resbale.

El Conrad también se sumó a esta tendencia. En este sentido, construyó su propio parador frente al hotel tras una inversión de 500.000 dólares. Ovo Beach, como fue denominado, está hecho de madera y casi todos los días hacen festivales con DJs.

En cuanto a la gastronomía, el pescado es lo primero que aparece en la carta de la mayoría de estos paradores. "El sushi se está pidiendo mucho", contó Marcelo Calo, chef de la empresa Paru, que este año está en La Selenza.El chivito también encabeza la lista. Parece que cada parador quiere darle su impronta y cada uno le pone un nombre particular.

Tradicionales.

En la Brava están los paradores más tradicionales. Al menos así lo llaman dos de sus concesionarios. Pablo Lamaison de Ocean Club comentó que asisten "las familias" y Cristian Estela de Papa Charlie asegura que concurre el público "masivo".

En los de la Brava, hace más de cinco años había boliches. Ocean es el único parador que lo ofrece en Punta del Este para adolescentes y mayores de 18 años. En la noche, suena mucha música en portugués hasta la cuatro de la mañana, al menos en estos primeros días de enero. Lamaison da una explicación, en la que coinciden la mayoría de los operadores turísticos e inmobiliarios de Punta del Este: "Hay menos argentinos y más brasileños".

Hace más de cinco años, Estela, que tiene 50 años y desde los 18 trabaja en la playa de Punta del Este, tenía un boliche a la noche en Papa Charlie, con el cual lograba recaudar mucho dinero por día. Sin embargo, las denuncias de los vecinos de los edificios que están en frente por los ruidos le hizo repensar que lo mejor sería hacerlo funcionar solo de día. Por tal motivo, desde hace cuatro años abre a las 7 de la mañana y cierra a las 10 de la noche. "La tengo que remar", admite.

Su idea es captar al público que tiene enfrente. "¿Viste todos esos edificios de ahí?", dijo mirando a las impresionantes edificaciones. "Con que vengan solo 100 personas de las 500 que puedan haber en un día solo, ya me salvan. Pero si meto un boliche con adolescentes que se alcoholizan hasta las 9 de la mañana, seguro no va a venir nadie", comentó. Su idea es que lo sientan como su "club".

Tradicionalmente, algunos de estos lugares llevaban el nombre de algún sponsor o marca comercial. Sin embargo, en los últimos dos años esto ha disminuido, según comentó Lamaison.

De todas formas, los paradores se la rebuscan para sobrevivir y aumentar sus servicios. Y aunque para conseguir se vuelvan algo más que aquel viejo parador con un menú casi excluyente de rabas y refrescos.

DESMONTABLES


La mayoría de los paradores tienen construcciones hechas en madera. Muchos de ellos también son desmontables, por disposición de la Intendencia de Maldonado. En este sentido, una vez que finaliza la temporada el parador debe deshacerse. Al ingresar al parador La Selenza, el piso no es tan firme. En general, este tipo de construcciones pueden estar abiertos desde las 10 de la mañana a las 00.00. Si deciden realizar eventos después de esa hora, deben contar con la aprobación de la Dirección de Higiene de la comuna departamental.

PLAYAS


El conflicto de las sombrillas y reposeras


Una familia que vive en una casa en el centro de Punta del Este decide ir a la playa. Cuando bajan, encuentran que esa zona está repleta de reposeras y sombrillas con el logo de un parador, edificio u hotel. Deciden no sentarse, pero les molesta la situación.

Martín Laventure, alcalde de Punta del Este, reconoció este problema. Según informó, existe una resolución de la Dirección de Higiene de la Intendencia de Maldonado en la que los porteros de los edificios, y playeros de los paradores y hoteles, solo pueden colocar hasta cinco sombrillas en la primera línea de la costa (en los 200 metros que les dispone la comuna) sin que estén ocupadas; es decir, reservadas para inquilinos y propietarios de los edificios.

"Estamos hablando de solo cinco sillas y sombrillas en la primera línea, atrás pueden poner más, si quieren", agregó el jerarca.

El municipio había propuesto que estos edificios tengan prohibido colocar sillas y sombrillas. "La idea era que el servicio de playa de cada uno las instale en el momento que alguna persona quisiera ir", comentó Laventure. Según comentó, esa ya ha sido rechazada por la comuna.

El sitio FM Gente informó que la Intendencia de Maldonado notifica a los edificios de las ramblas tanto de la Brava y la Mansa que no cumplen con esta disposición y que la Dirección de Higiene de la comuna departamental fiscaliza que se cumpla.

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