público uruguayo hace más reservas y se queda por más tiempo que el brasileño

La Paloma recuperó a la familia

Su habitación no está pronta. Va a estar en diez minutos", le dice el director de un hotel del centro de La Paloma a una pareja que había llegado hacía unos minutos. Llegaban con un bebé de pocos meses.

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Las playas son el atractivo principal de La Paloma. Foto: Ricardo Figueredo

Así es este balneario. Un sitio que reivindicó a la familia y que pasó de ser un punto de diversión para los jóvenes en verano a un recinto calmo para los adultos para descansar.

Sobre el mediodía de un 10 de enero, el centro luce casi sin veraneantes, a excepción de los que eligen comer en algunos de los restaurantes de la zona. Y algunos de los que transitan son padres con sus hijos y parejas jóvenes (de 25 en adelante).

En la avenida Solari, la calle principal del balneario, hay un cantero central con sillas y muros para sentarse. Es un lugar con poca sombra, por lo que difícilmente en el día se siente alguien, aunque una mujer había encontrado un recoveco de penumbra generada por una palmera pequeña.

El cantero de Solari es otro punto que estimula la llegada de familias. Por las tardes, se transforma en un centro de entretenimiento que busca atender al público más juvenil de todos: los niños. Allí montan circos e inflables, y payasos y músicos brindan espectáculos.

La gente que elige La Paloma lo hace para buscar un lugar lejano al ruido y al movimiento de la ciudad y, sobre todo, por la playa. Y si de playas se trata, este balneario tiene para todos los gustos: hay quienes las eligen con muchas olas para deportes acuáticos, otros con no tantas olas para permanecer un buen rato dentro del agua, y también están las de arena fina o de arena gruesa. Y en todas hay gente. "Es el atractivo principal", comentó Julio Silvera, director de la Liga de Fomento Turístico del balneario.

Los comerciantes y encargados de restaurantes también observan el fenómeno. Por ejemplo, en La Pasiva, que en esta temporada inauguró un local en Solari, comen varios grupos familiares. "Sucede al mediodía, a la tarde llegan más parejas jóvenes", comentó Alejandro Arismendi, encargado del lugar. Sobre la una de la madrugada varios de estos locales empiezan a cerrar y el movimiento empieza a disminuir. "No se extiende por tantas horas", comentó José Pereyra, director del hotel Viola.

Hace cuatro temporadas, La Paloma recibía una gran afluencia de muchachos. Si bien hay algunos, no se observa lo mismo que tiempo atrás. De todas formas, Ana Clara Caram, subdirectora de Turismo de Rocha, contó que "vienen familias con hijos adolescentes o más grandes" a quienes no les interesa los "megaboliches" que hay en otros balnearios, sino que les gusta más "salir a tomar algo y comer en un restopub".

El paisaje y urbanización parece incambiado. Al caminar por las calles del balneario, algunas con pozos, otras sin asfalto y muchas con rajaduras, se observan casas añejas y muchas con el pasto descuidado. En la avenida Solari hay un edificio cuya altura se puede contemplar desde cualquier punto de la ciudad. Es lo que trasciende cuando alguien eleva la vista en este balneario.

Brasileños... y de acá.

Desde el verano de 2014, por las calles de La Paloma se escucha más hablar en portugués. Cuando los brasileños circulan por la Ruta 9, en vez de seguir viaje rumbo a Punta del Este o Montevideo, optan (cada vez más) por algunos de los numerosos destinos de Rocha. Claro, al igual que en el resto, solo lo hacen desde el 26 de diciembre hasta el 8 o 9 de enero. Más, no.

Caram comentó a El País que esto se debe a una promoción que hubo a lo largo del año pasado en el sur de Brasil. "Realizamos diferentes instancias: presencia en ferias rurales, ferias del libro y cenas empresariales. Fue despertar el conocimiento del departamento; mostrar que existía", indicó.

Lo hacen en visitas cortas, que en muchos casos no se prolongan por más de una semana.

Rafael Bruno, informante turístico de la terminal de La Paloma, aseguró que ha visto a muchos mochileros. "Varios de Latinoamérica y también de Europa", indicó.

Pero las chapas de los vehículos que más se observan son las uruguayas. "En el hotel hay más consultas que el año pasado", aseguró Pereyra. Pero cuando realmente va a estimularse el turismo interno es después del 15 de enero. Las visitas que se prolongan por más días van a empezar a partir de esa fecha. "Creo que el uruguayo no se va a ir tanto como el año pasado", opinó Julio Silvera.

En general, los operadores dicen que la temporada es parecida a la de 2014. Si bien todavía no hay cifras oficiales, en líneas generales "transcurre mejor", comentó Caram. "No podemos hablar generalizando: algunos están mejor y otros quizás no tanto", agregó.

De todas formas, esperan que sea mejor que el año pasado. Por el momento, las familias lo volvieron a preferir como destino turístico.

Cabo Polonio con más visitas

La afluencia de visitantes en Cabo Polonio, un sitio que cuenta con dos playas separadas por 300 metros, es "mucho mayor" a la temporada anterior, informó Sergio Núñez de Safari Express. "Hay ingresos en el orden de las 1.500 personas diarias y 900 de ellas son brasileñas", indicó. Se trata de un "descubrimiento" que están haciendo de este destino, opinó. Por otra parte, hay muchos uruguayos que cruzan la ciudad fronteriza del Chuy para adquirir combustible más barato. Realizan casi 20 kilómetros hacia Brasil para comprarlo en la ciudad de Santa Victoria Do Palmar. Además, los balnearios próximos al Chuy están viviendo una temporada "como no se recuerda en mucho tiempo", informó el agente inmobiliario Ruben Temes. Los precios están "más bajos" que destinos como Punta del Diablo, La Pedrera o La Paloma, agregó el operador.

Jóvenes conquistaron el verano de La Pedrera

Sobre las cuatro de la tarde del sábado 10 de enero, un aluvión de jóvenes descendía a la playa de La Pedrera. Por la avenida principal, personas de 18 a 30 años conversaban en los vestíbulos de las casas, muchos sentados en sillas de playa y con conservadoras en las que mantenían frías sus bebidas.

Si bien gran parte de la movida joven está instalada en Punta del Diablo, el público juvenil no sólo elige La Pedrera por su fiesta de Carnaval.

Desde las 18:00, la mitad de la avenida principal se transforma en una calle peatonal, que invita a tomar algo en los pubs de su alrededor. Esa zona, con muchas casas de madera, se transforma en la noche en una "ciudad boliche", según contó un comerciante que trabaja en el primer tramo de la avenida. "Yo ni me acerco", dijo.

Algunos informantes turísticos del balneario indicaron que los primeros días de enero caían "hordas de jóvenes". Muchos eran argentinos, aunque había uruguayos y también chilenos, que lo hacían en muchos grupos. "Llegaban sin reservas a ver si había algo disponible", indicó.

La Pedrera persigue el mismo espíritu que José Ignacio. Al ser un pueblo chico (viven 225 personas a lo largo del año según el Censo de 2011), el que las casas estén pegadas y las calles sean tan estrechas, provoca mayor cercanía entre los veraneantes del lugar.

También entre los encargados de los restaurantes y sus clientes. Por ejemplo, en el local Noldu un joven demoraba en sacar la plata de su billetera para pagar la cuenta. El encargado del lugar, al observar esta situación, le dijo: "Tranquilo, chicos. Van al cajero y pagan más tarde. No pasa nada". Entre los turistas interactúan más y la música, que sale de boliches y autos, se hace sentir.

"Las cosas buenas que puedan llegar a pasar se sienten mucho más. Y si hay alguna cosa que no es tan cercana también se siente", opinó Ana Clara Caram, subdirectora de Turismo de Rocha.

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