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La nueva cara de un viejo paseo

Un hombre traslada un carrito con sillas de playa, una mujer lee un libro, una pareja toma mate y un joven patina. La nueva rambla de Piriápolis se transformó en un paseo de múltiples actividades para los miles de turistas que visitan el balneario.

Piriápolis a pleno este verano 2015. Foto: Ricardo Figueredo
Piriápolis a pleno este verano 2015. Foto: Ricardo Figueredo
Piriápolis a pleno este verano 2015. Foto: Ricardo Figueredo
Piriápolis a pleno este verano 2015. Foto: Ricardo Figueredo
Piriápolis a pleno este verano 2015. Foto: Ricardo Figueredo
Piriápolis a pleno este verano 2015. Foto: Ricardo Figueredo
Piriápolis a pleno este verano 2015. Foto: Ricardo Figueredo
Piriápolis a pleno este verano 2015. Foto: Ricardo Figueredo
Piriápolis a pleno este verano 2015. Foto: Ricardo Figueredo
Piriápolis a pleno este verano 2015. Foto: Ricardo Figueredo
Piriápolis a pleno este verano 2015. Foto: Ricardo Figueredo
Piriápolis a pleno este verano 2015. Foto: Ricardo Figueredo
Piriápolis a pleno este verano 2015. Foto: Ricardo Figueredo
Piriápolis a pleno este verano 2015. Foto: Ricardo Figueredo
Piriápolis a pleno este verano 2015. Foto: Ricardo Figueredo
Piriápolis a pleno este verano 2015. Foto: Ricardo Figueredo

La nueva obra, que va desde el Hotel Argentino hasta el hotel Colón y en la que se invirtieron 3 millones de dólares, está dividida en tres espacios de descanso y deporte: una ciclovía, por donde circulan ciclistas, skaters y corredores; un cantero central (con arena y algunos arbustos) que está intercalado por sillas y lugares para dejar las bicicletas; y un callejón que la gente utiliza para caminar y bajar a la playa.

Las palmeras plantadas a lo largo de la rambla le dieron un aspecto más tropical al lugar, como si los mentores de esta idea tuvieran el objetivo de imitar el estilo de las playas caribeñas. Es un paseo más para el atardecer que para el mediodía, ya que no hay sombra en ninguna parte. Tampoco hay baños químicos, reclama una comerciante, que serían indispensables bajo la idea que la gente permanezca durante un buen rato allí.


Está pensada desde lo estético. El estacionamiento instalado sobre la vereda que daba a la playa quedó eliminado. Esto permite disfrutar del paisaje. Por ejemplo, una pareja que tomaba un refresco en un bar frente a la rambla, llegaba a ver el mar. Antes, los autos no lo permitían.


Tránsito y ¿caos?

El tránsito es uno de los temas más polémicos del lugar. "Se transformó en un paseo que prioriza el tránsito peatonal en lugar del vehicular", comentó a El País Pablo Gasalla, presidente de la Asociación de Promoción Turística (Aprotur) del balneario.

Los autos no circulan a más de 40 kilómetros por hora. En la noche, lo hacen a una velocidad aún menor. La fila de coches se torna más densa y avanzan a paso de hombre, como si fuera La Barra de Maldonado. Quizás algunos tocan bocina, pero en general son pacientes.

Algunos vecinos de la zona creen que esto permite que la gente no se concentre tanto en la rambla y se desparrame por otras partes del balneario.

Además de la circulación, el inconveniente más grande surge con los estacionamientos. Los autos solo pueden estacionar contra una vereda (en la otra hay carteles que indican que está prohibido hacerlo —por si hay algún desprevenido—). Con la nueva rambla, hay unas 500 plazas menos. Sobre el mediodía del domingo 3 de enero, casi no quedaba ningún lugar para estacionar.

Esta nueva situación hizo que se formaran nuevos parkings en los terrenos baldíos. Uno de ellos no tiene ningún tipo de remodelación: las vehículos deben avanzar sobre una superficie llena de pozos. Cobran 50 pesos la hora. A su vez, las calles transversales están colmadas de coches.

Los operadores turísticos del balneario esperan que inversores privados desarrollen este tipo de áreas para no evitar los inconvenientes de la informalidad.

Comercios divididos.

Los comerciantes del balneario aún desconocen cómo impactará la nueva rambla en su negocio. Por lo pronto, por la vereda en donde están ubicados se puede caminar casi sin obstáculos; y caminar por los comercios siempre el paseo más tradicional del balneario. Ahora la intendencia también ensanchó el sendero de los locales comerciales, lo que le permite a los bares y restaurantes colocar mesas y sillas. Antes, los peatones debían esquivarlas.

Los primeros días han sido exitosos para algunos. Carlos Iglesias, un cocinero que trabaja desde hace 22 años en un restaurante del balneario, contó a El País que el sábado llegaron a hacer 300 cubiertos. "Trabajamos a tope. Por ahora, trabajamos perfecto", indicó.

Fernando Otormín, encargado de otro restaurante frente a la rambla, opinó que el tránsito "es un desastre". "Hay que ver en los próximos días cuánto impactará el tema del estacionamiento. Creo que nos va a afectar porque a la gente le gusta ir en el auto hasta la puerta del negocio", explicó.

A quienes más les complica el trabajo es a los proveedores. Durante la temporada alta, cuando llegan a un local deben descargar la mercadería con mucha velocidad porque trancan la rambla. "El otro día vino el camión del gas y no pudo estacionar", explicó Otormín.

En la Avenida Tucumán, la calle paralela a la rambla de Piriápolis, hay un cartel que dice "Zona de descarga: entre las cinco de la mañana y la una de la tarde". Marcelo, proveedor de varios locales del balneario, dijo que es imposible encontrar un lugar porque la gente "ve un hueco y estaciona".

Antes de que se iniciaran las obras, en mayo del año pasado, unos 500 piriapolenses suscribieron una carta en la que le pedían al alcalde Mario Invernizzi que no se perdieran esas plazas de estacionamiento.

Hotelería.

Muchos huéspedes que eligen veranear en Piriápolis encuentran un lugar donde realizar actividades deportivas solo cruzando la calle. Verónica, una de las encargadas del Hotel Colón, calificó a esta transformación como "muy positiva".

La iluminación artificial transformó el paisaje nocturno de la zona. Sobre la finalización de la rambla, sobre la zona del Hotel Colón, las nuevas luces LED le proporciona más seguridad y dan "más vida", según comentaron otros administradores hoteleros.

Juan Martínez, otro administrador hotelero de Piriápolis e integrante de Aprotur, contó que la nueva rambla disminuyó los ruidos molestos. En este sentido, muchos jóvenes se ubicaban con sus autos en las antiguas plazas de estacionamiento, ponían música a todo volumen y dejaban botellas tiradas en el piso. "Ahora de noche se descansa", indicó.

Sin el poder de captación que tiene Punta del Este, Piriápolis sigue siendo un polo de atracción para los turistas extranjeros. A tal punto, la ocupación hotelera supera más del 90 porciento. Para seducir a nuevos turistas, Aprotur utiliza la nueva rambla como el nuevo polo de atracción para los visitantes, según informó Pablo Gasalla.

Los brasileños y los argentinos (menos que el año pasado) utilizan el beneficio del Peso Piria, una tarjeta que brinda descuentos y brinda descuentos en distintos locales comerciales. Los uruguayos, que también tienen este derecho, son los que mandan en el balneario. Y los que más disfrutan la nueva rambla.

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