HISTORIAS

El navegante uruguayo que concretó un doble cruce del Atlántico en su propio velero

En su libro "Mi pasión por el océano", Alberto García Scheitler cuenta su vida a bordo de varios barcos. En sus travesías lo acompañaron familia y amigos, siendo protagonistas de distintas aventuras.

Alberto hizo sus travesías en barcos propios y ajenos,  todos elegidos con especial cuidado
Alberto hizo sus travesías en barcos propios y ajenos, todos elegidos con especial cuidado

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"Escribir un libro era un proyecto que Alberto planeaba hacía varios años. Para ello había juntado material de sus viajes, tenía varios memos con los temas que quería enfatizar, el orden que les daría, apuntes desordenados de todo tipo, diarios de viaje y varias cosas más. Todo estaba guardado en un cajón, dentro de un gran sobre cuya carátula decía ‘El libro’”.

Así recuerda Gabriela Zufriategui el origen de Mi pasión por el océano, el libro que su marido, Alberto García Scheitler (82 años), siempre quiso publicar sobre su gran amor: la navegación.

Había empezado a navegar con su padre a los 6 años, primero en crucero y después a vela. Fue así que este deporte se transformó en su hobby favorito.

Atravesó el océano Atlántico en dos oportunidades, del Mediterráneo al Caribe, en barcos ajenos. Eso lo hizo enamorarse de la navegación oceánica, planear travesías para disfrutar de ella y llevar adelante su objetivo más importante: el llamado Proyecto Faial. El mismo consistió en cruzar en su propio velero de Estados Unidos a Portugal y luego tomar los vientos alisios desde Europa al Uruguay.

Esta aventura y muchas otras estaban contadas al detalle en todo lo que tenía guardado en el sobre del cajón. Solo faltaba que alguien le diera el empujón final para que salieran a la luz y eso fue lo que hizo su familia en 2019. Entonces dieron con Carolina Villamonte, la periodista que se ocupó de leer y revisar el material y luego entrevistarse muchas horas con Alberto.

Lamentablemente a fines de ese año el navegante pasó por graves problemas de salud que llevaron a poner en suspenso el proyecto libro. “Pero en el correr de 2020 retomamos el trabajo con Carolina porque realmente entendimos que era algo que valía la pena y debíamos terminar”, cuenta Gabriela en la introducción de Mi pasión por el océano.

Los barcos.

“Mi primer barco lo tuve a los 25 años y desde entonces he tenido varios, todos a vela”, comienza contando Alberto en el primer capítulo del libro.

En noviembre de 1989 cruzaría por primera vez el Atlántico norte, lo que lo marcó para siempre.

Luego de esa travesía compró su primer barco, el Josephine, nombre elegido en honor a su primera nieta Josefina. “El gran recuerdo que quedó atado a ese velero fue el grave accidente que dejó a cuatro amigos a la deriva a un día de distancia de la costa brasileña”, relata el propio Alberto en el primer capítulo.

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El autor hace referencia a lo que ocurrió cuando él desembarcó en Barbados y la tripulación del Josephine siguió con rumbo a Punta del Este. El mástil de la embarcación se cayó, con lo cual perdieron velas, radar, antenas. Ubicarlos resultó bastante complejo, más en una época en que las comunicaciones no eran lo que son ahora.

Fue gracias a los cálculos de Alberto que se pudo realizar el rescate de los cuatro tripulantes. Lo interesante es que él había anticipado que eso podía ocurrir y se lo había dicho al vendedor del velero. Este último reconoció el error, la compañía de seguros se hizo cargo de los gastos y fue contra el fabricante.

“Perdió el juicio y debió cambiar la pieza a todos los Beneteau 41S5 construidos en el mismo año que el mío”, detalla Alberto, quien disfrutó de esa embarcación durante cuatro años, hasta que la vendió a un navegante argentino.

Luego vendría otro cruce del Atlántico con amigos, en 1999, a bordo del Logica, como parte de la regata Atlantic Rally for Cruising. En ese viaje comenzó a madurar la idea de cruzar el Atlántico norte en sentido contrario, pero en su propio barco.

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Para ello se preparó buscando información de todas las maneras posibles: mucha lectura, contacto con asociaciones de navegantes, suscripción a revistas especializadas, recorrido por librerías, entrevistas con navegantes experimentados.

Luego llegaría la hora de elegir el barco. Fue ahí que apareció el Faial –un Tayana Vancouver 42’ de 1989–, que dio nombre al proyecto más importante de su vida marítima.

Hizo varias pruebas previas, algunas de ellas con su esposa y tres de sus siete hijos –Matías, Lucas y Sebastián–. También con varios grupos de amigos. En 2007 concretó la soñada travesía: 77 días de navegación y 9.644 millas náuticas.

Luego de vender el Faial siguió navegando en veleros de amigos y programando más aventuras oceánicas. Algunas las concretó; otras, como la conquista del Pacífico, quedaron en los papeles.

En Mi pasión por el océano, Alberto cuenta sus travesías con lujo de detalles, como si se tratara de una bitácora. Allí uno puede encontrar muchas e interesantes anécdotas.

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El libro también incluye muchas fotos en las que los protagonistas son el mar y todos quienes acompañaron al autor en sus locas aventuras. Se suma un anexo con información técnica en el que se describen las principales características del Faial. Finalmente hay un glosario de términos náuticos.

“El capitán es el que manda a bordo. En mi caso no fue tan así porque siempre busqué conciliar con la tripulación y tener una opinión conjunta, no imponerme sobre adónde quería ir y cómo. De la habilidad del comandante para llevar el barco por el camino que él entienda mejor y que al mismo tiempo sea el camino que todos quieren tomar depende la concordia que se viva a bordo”. Así entendió Alberto su rol, así llevó adelante su pasión.

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Navegante desde niño

Alberto nació en Montevideo, en 1939. Está casado, tiene siete hijos y doce nietos. Es empresario y la navegación siempre fue su hobby. Su padre, Alberto García Capurro, tenía una casa en el balneario Las Brujas (Canelones), sobre el río Santa Lucía. Allí había un galpón con botes, motores y algún velerito en el que, como programa del fin de semana, daban una vuelta por el río. Ahí nació su pasión por el agua y la navegación.

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