guardavidas: 400 rescates en Montevideo, Canelones, Maldonado y Rocha

Con la mirada fija en el agua

Treinta de diciembre, playa Solís de Maldonado. A las ocho menos cuarto de la noche, a solo 15 minutos de que finalice el horario de trabajo de los guardavidas, Nancy jugaba con su hija Romina dentro del agua.

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Los guardavidas intentan evitar que la gente se exponga en situaciones de peligro. Foto: R. Figueredo

De repente, cayeron a un pozo donde no hacían pie. Recién ahí se dieron cuenta que se habían alejado de la orilla. "La corriente nos empezó a llevar y a llevar para adentro", narra a El País. Si bien sabía nadar, la desesperación y el pánico la paralizaron. Nancy le pedía a su hija que se agarrara de ella, pero se hundía más. Intentó hacer señales con los brazos hacia la orilla, pero comenzó a no poder respirar. "Llegué a pensar que tanto mi vida como la de mi hija se perderían en la inmensidad", comenta. Cuando no tenía más fuerzas y se estaban ahogando, ve a dos hombres que "volaban" en el agua. "¡Ahí vienen!, ¡ahí vienen!", le dijo con las fuerzas que le quedaban a su hija. Uno de ellos agarró a la pequeña y el otro a Nancy.

Este es uno de los más de 400 rescates que han realizado los guardavidas uruguayos desde que comenzó la temporada de playas en noviembre de 2014 en Montevideo, Canelones, Maldonado y Rocha, de acuerdo a los datos aportados a El País por los jefes operativos de cada departamento.

Diego Chiriff trabaja en la playa Brava de Los Dedos en Punta del Este desde hace dos años. Este mar es uno de los más dinámicos del mundo, según oceanógrafos. "Por ahí diste un paso, y caíste a un pozo de dos metros", indica Marcelo Simoncelli, coordinador de guardavidas de Maldonado.

En lo que va del año, Diego lleva cinco rescates. Tiene cicatrices en su pierna tras haber nadado, chocado con alguna roca y rescatado a una persona en La Olla. "Fue durísimo", dice.

Mientras habla, observa cada movimiento de los veraneantes desde su casilla. El mar está "picado" y se encuentra en alerta. Si bien es un día nublado y hay poca gente en la playa, es un lugar en el que descienden muchos turistas. "En un día así, la gente que llega desde los cruceros viene desesperada a meterse en el agua", señala.

Diego no solo está atento a lo que sucede en su zona. Utiliza un "Handy" por si necesita la ayuda de algunos compañeros de otras casillas (o si sus compañeros lo necesitan a él). "Atento, parada 1", suena desde su aparato de manera continua.

Tras salvar a una persona "te sentís como súperman", cuenta Simoncelli, quien tiene más de 600 rescates en 30 años de carrera. Tras cumplir con cada misión, hay quienes le agradecen y le escriben cartas ("No tengo palabras ni forma de agradecer, no que Rodolfo y Federico hayan cumplido con su deber, sino que evitaron una tragedia", escribió Nancy).

Otros, no le dicen nada. Tras conversar con algunos psicólogos, dijo que puede ser que algunas víctimas no saben "cómo agradecer".

Falta de conciencia.

Uno de los mayores problemas, aducen estos rescatistas, es que los veraneantes asisten a zonas no habilitadas para bañarse. Allí hay carteles que dicen: "No hay servicio de guardavidas". O si no hay carteles, queda claro que no hay servicio porque no hay una casilla.

Desatender este tipo de situaciones le costó la vida a un hombre de 48 años. En los primeros días de enero, murió ahogado en Punta Negra.

Este individuo también subestimó al mar. "A veces es gente que sabe nadar y se confía", agrega Simoncelli. Claro, las habilidades que se necesitan para hacerlo en una piscina no son las mismas que en aguas oceánicas.

También hay casos en los que los bañistas desconocen el mar. Y, pensando que lo gobiernan, se tiran como si lo hayan visitado toda la vida. Este verano sucedió con un joven que se lanzó en la playa Mansa y se quebró dos vértebras. "Si no hubiese sido por los guardavidas, quienes le tuvieron que hacer reanimación, se ahogaba", cuenta Simoncelli.

Una de las formas más sencillas para saber cuáles son las condiciones para bañarse es preguntarle a un guardavidas cómo está el mar o bien observar la bandera. Este año, Maldonado incorporó la negra, con la que se indica a la gente no solo que no debe bañarse, sino que debe retirarse de la playa por una inminente tormenta eléctrica.

Más que rescatistas.

Estos profesionales, quienes deben hacer un curso en el Instituto Superior de Educación Física y superar una prueba teórica y práctica, no solo se dedican a vigilar lo que sucede en el agua.

También controlan lo que acontece en la orilla. Allí, personas mayores sufren subidas de presión, algún desmayo y otro tipo de problemas de salud. Este año en Maldonado tuvieron llamadas a la ambulancia más que lo normal.

Por otra parte, Diego Perrone, un guardavidas de la parada 12 de la Mansa, dice que lo que más sucede en esa zona es la pérdida de niños. "Ocurre casi todos los días", comenta.

Pero los guardavidas no solo se ocupan de tareas de emergencia. Como la principal atracción de Uruguay son las playas, los primeros con los que interactúan los turistas son estos profesionales.

Por eso, también son "informantes turísticos" del balneario. ¿Qué hotel recomiendan? ¿Cómo están los precios? ¿Cuál es el mejor restaurante?, son algunas de las preguntas de los veraneantes.

"La primera queja o la primera consulta la recibe el guardavidas", concluye Simoncelli.


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Prevención

Además de los más de 400 rescates, los guardavidas también realizan cientos de intervenciones que evitaron situaciones de peligro. Entre ellas, se destacaron las de prevención. Juan Silva, jefe operativo del servicio de Montevideo, contó que hablan con algunas personas desde el momento en que arriban a la playa. "Se intenta evitar que se exponga en situaciones de peligro", cuenta. Uno de los aspectos en los que más hacen énfasis es en que los padres mantengan una atención permanente sobre sus hijos.

DEPARTAMENTOS


Un horario distinto según la localidad


Cada intendencia departamental dispuso horarios y fechas de comienzo y finalización del servicio de guardavidas de manera distinta. En las playas de Montevideo están desde el 15 de noviembre hasta el 5 de abril inclusive. Su actividad comienza a las 8:00 y finaliza a las 20:00 horas. Mientras tanto, en Canelones empezó el 9 de diciembre y terminará el 15 de marzo. Trabajan desde las 10:30 hasta las 19:30. Maldonado tiene un horario distinto a lo largo de sus 90 kilómetros de costa (desde el arroyo Solís hasta la playa Brava de José Ignacio). El servicio comenzó el 1º de diciembre y continuará, de manera ininterrumpida, hasta el 8 de marzo. La jornada comienza a las 10:00 y finaliza a las 20:00. En Rocha, donde empezaron el 13 de diciembre y terminarán el 15 de marzo, varía según los balnearios. Desde La Paloma a Cabo Polonio inclusive inician a las 11:00 y terminan a las 19:00. Desde Valizas hasta el Chuy es de 10:30 a 18:30.

Para Marcelo Simoncelli, jefe operativo de guardavidas de Maldonado, falta "unificación de criterios" en todo el país. Si todos cumplieran un mismo horario, entiende el funcionario, un veraneante ya sabría de memoria cuándo decidir bajar a la playa.

Cada lugar con su sistema de información


Desde la Asociación Nacional de Guardavidas del Uruguay (ANGU) se presentó un proyecto al gobierno que busca centralizar la información a través de una plataforma al informática. "Es difícil conocer la realidad nacional", según un comunicado que difundió el Sistema Nacional de Emergencias con motivo del Congreso Internacional de Prevención y Salvamento Acuático que se desarrolló en noviembre del 2014. Este tipo de sistemas que reclaman los guardavidas, similar al que tiene la Unidad Nacional de Seguridad Vial para el tránsito, permitirá llevar un registro estadístico y, de ese modo, generar acciones según las playas y los balnearios.

"No es lo mismo la playa de Montevideo, que Ciudad de la Costa o Maldonado", comentó Gustavo Fungi, secretario general de ANGU. Según la Organización Mundial de la Salud, 500.000 personas mueren por año por ahogamiento; es la segunda causa de muerte en niños y adolescentes. En Uruguay, en lo que va del verano han sido tres.

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