shopping en La Barra: otra transformación de lo que fue pueblo de pescadores

La metamorfosis de una aldea

Las 12 cuadras de La Barra es una de las zonas más codiciadas por los turistas en Maldonado. Motivos sobran: playas oceánicas y un ambiente que combina rusticidad y modernidad. Hasta no hace tanto, una aldea de pescadores, ahora La Barra tiene su primer shopping. Quién iba a decirlo.

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La Barra tiene una población de 339 personas. Foto: Ricardo Figueredo

"Creemos que va a generar un movimiento importante de gente", dice Edison Pallas, bisnieto del fundador de La Barra y actual directivo de la Liga de Fomento. "Somos un balneario que vive del turismo. Esperemos que ayude".

El shopping, de 12.000 metros cuadrados y con una inversión de 22 millones de dólares, es un lugar para recorrer solo en verano. Sus pasillos son al aire libre y sirven como terrazas para sentarse y, por ejemplo, tomar un café. "En invierno va a hacer mucho frío como para estar acá", explicó Pallas.

Al recorrer todas las cuadras del balneario, se comprueba que es un sitio que atrae mucha gente. El sábado a la tarde, por ejemplo, decenas de personas se acercaron al lugar, en donde había un evento en el que tocaba un dj y vendían licuados y tragos.

Se transforma.

La mutación de Punta del Este contagia a La Barra. Pero fue a fines del siglo pasado cuando comenzó la verdadera transformación de este pueblo. A eso ayudó la construcción del puente, una atracción y única vía para ingresar al balneario.

Eber Corbo fue uno de los inspectores de la Intendencia que trabajó en cambiar la cara y mejorar la calidad de vida de los turistas. Lo logró (en cierta medida).

"Lo que hicimos fue equiparar a La Barra con Punta del Este", dice Corbo.

A partir de allí, surgió una exigencia de la Intendencia de Maldonado: no construir edificios altos. Eso se ha cumplido y el nuevo shoppping, por ejemplo, solo se eleva dos pisos.

Además, en este pedazo de ruta que compone La Barra, muchos locales y casas son de madera. "Están muy insertas en la naturaleza", dice Carolina Pedroni, operadora inmobiliaria de la zona. Hay que ver que esa línea se mantenga más allá de lo seductor de algunas inversiones.

La estética les preocupa a los lugareños y con razón. Hay que ver cómo se adaptan todos estos cambios al balneario y como desarrollarse sin perder identidad. A Punta del Este le pasó lo mismo.

Si bien las autoridades aspiran que haya más comercios, por ejemplo, el año pasado el Municipio de San Carlos retiró más de 100 carteles de marcas de bebidas de las columnas de alumbrado.

Ruidos y tránsito.

Si bien se produjo una transformación edilicia de los locales bailables, los jóvenes transformaron el lugar eligiéndolo para divertirse.

Siempre tan ocurrentes, desde hace dos veranos, muchos jóvenes no van a un boliche, sino que arman sus propias fiestas privadas en las llamadas "las casitas" de La Barra.

Los encargados de estos boliches domésticos (que alquilan hasta guardias privados) han sido denunciados por los ruidos y escándalos por los vecinos del balneario. Siempre son noticia.

Para atender el tema, el Municipio de San Carlos decidió cambiar sus operativos tradicionales y montó un equipo especial de tres inspectores que desde la medianoche hasta las seis de la mañana, recorren el balneario, esperan la denuncia que algún vecino hace a un número de celular y multan a los que exceden los límites reglamentarios. Los denunciados tienen un plazo de 20 minutos para bajar el volumen si no se empieza con una multa de dos unidades reajustables, unos 1.500 pesos que es más barato que la entrada a un boliche tradicional, si se persiste con el ruido. El año pasado hubo multas de hasta 126 unidades reajustables (unos 96.000 pesos).

Igual, “estas leyes no amparan al que se ve perjudicado por los ruidos”, opina Pallas.

Aunque las casitas aún no empezaron a ser un problema como en los últimos años, varios vecinos creen que los jóvenes revoltosos están al caer.

A medio camino de Punta del Este y José Ignacio, La Barra que supo ser un pueblo de ranchitos, ya alberga a varios hoteles cinco estrellas (Mantra, Fasano), tiendas de marca y restoranes de los caros. Su vecina Manantiales parece ir hacia el mismo destino de balneario internacional y atiborrado de comercios, gente y vehículos, en su mayoría argentinos, que desde hace años se han adueñado del lugar.

Con el progreso, se creó otro clásico esteño: atravesar La Barra en auto. Antes los embotellamientos eran a la noche y la salida de la playa, pero hoy es común quedar atorado en la subida que llega al pueblo a cualquier hora del día. Es un lugar atiborrado de gente, la mayoría jóvenes.

Dos móviles de la policía de tránsito por día, según el subsecretario de Tránsito de la comuna, Víctor Madeiro, intentan ordenar el caos. Lo cierto es que no han evitado los atascos.

La ruta 10 es el principal polo comercial y gastronómico de La Barra y la mayoría de los turistas se moviliza en auto. Hay un camino alternativo, “el atajo”, desconocido por los turistas y que sortea el congestionamiento.

Proyectos de cambio.

El Municipio de San Carlos, en cuya jurisdicción está La Barra y la Intendencia de Maldonado realizaron un concurso de ideas de diseño y planificación territorial para la ruta que atraviesa el balneario.

La comuna departamental aseguró que el objetivo es “recalificar” y “urbanizar” para adaptarse a los nuevos tiempos.

El estudio Leonardo Noguez, uno de los tres elegidos, propone “peatonales, ciclovías y una calle para autos y motos”.

El estudio BCP, otro de los ganadores. plantean un corredor comercial cubierto a un costado de la ruta.

Será, entonces, una nueva metamorfosis de este pequeño pueblo que, como sin quererlo, se volvió un balneario tan concurrido y tan chic.

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