SEGURIDAD

¿Cuál es el mejor sistema de flotación para niños?

Instructora explica porqué solo el chaleco salvavidas es recomendable; el resto de los flotadores no están certificados

flotadores
Niños en la piscina

El guardavidas se acercó a la madre y le dijo: “Cuidado, mire que ese flotador ˗uno circular e inflable˗ no es adecuado para la playa; puede llevárselo la corriente”. El comentario la puso en alerta. ¿Acaso no es un sistema de seguridad? No. Ni tampoco lo son las alitas o manguitos o los panchos o churros o los que se colocan como si fuesen un pañal. El único elemento de este tipo que previene un ahogamiento es, a juicio de Guadalupe Herraiz, instructora de supervivencia acuática, el chaleco salvavidas. Ninguno de los otros debería usarse para la recreación.

“La actividad lúdica con niños pequeños en volúmenes de agua es tremendamente riesgosa porque el niño cree, para peor, que hace algo que, en realidad no hace. Le estás reforzando que es capaz de hacer algo de lo que no es capaz (es decir, flotar y nadar) y lo estás exponiendo a un posible accidente”, apuntó quien enseña el Infant Swimming Resource, un método que enseña a los niños habilidades específicas de autorrescate acuático.

La Mesa Interinstitucional por la Seguridad Acuática determinó que el ahogamiento es la primera causa de muerte por lesiones no intencionales en niños de 1 a 14 años. La gran mayoría de los accidentes en piscinas o aguas abiertas ocurre por la distracción de los cuidadores.

Un niño tarda, en general, 20 segundos en ahogarse. Pero no solo hay fallecimientos. Herraiz recordó que, en muchos casos, pueden producirse daños neuronales irreversibles, por ejemplo, por saltos mal ejecutados o actividades deportivas.

Los distintos tipos de flotadores que se compran en los supermercados no son elementos de seguridad. “No deben ser utilizados en forma de actividad lúdica”, apuntó la instructora. Ninguno de ellos cuenta con una certificación que garantice su nivel de seguridad. “Este tipo de juguetes ˗yo los considero juguetes˗, de plástico, inflables, no son más que un producto comercial. No se conoce que se pinchan o que el niño se los saca”, agregó. También el sol daña el material.

Aquellos con forma de cisnes o unicornios, entre otras figuras llamativas, son riesgosos también para los adultos, puesto que se trata de embarcaciones sin remo que van a expensas del viento.

Pero lo que es peor, para Herraiz, es que los flotadores le dan al niño “una verticalidad” que se llama “la posición del ahogado”: “El ahogado muere vertical, no horizontal; muere vertical buscando el aire. Y, en el caso de los niños, les incentivan esa postura”. Esto se hace sin ningún esfuerzo y, a menudo, durante horas en el verano.

Aquí interviene el cerebro: este recibe la información de que el cuerpo está suspendido en volúmenes de agua a través de las terminaciones nerviosas de la musculatura pero, como se está usando un flotador, la persona queda de pie y sigue respirando de forma mecánica porque tiene la cabeza fuera del agua. “El niño, en realidad, no tiene ninguna alarma ni ninguna consciencia de que su cerebro estuvo llevando adelante el registro de que ese lugar no es correcto porque sigue respirando”, explicó.

En general, Herraiz afirmó que los padres o tutores no deben exponer a los niños en volúmenes de agua ˗ya sea piscinas o en la playa˗ que no sepan dominar. Si se hace, deben contar con un chaleco salvavidas puesto en todo momento y que son aquellos que se venden o alquilan en casas de elementos náuticos. Con este, el pequeño tiene libertad de movimientos en piernas y brazos y tiene cierres de seguridad que impiden su apertura.

Lo correcto sería que el niño disfrutara de “láminas de agua”, es decir, un volumen de agua que no supere la altura de su tobillo o el grosor de su pierna. Es decir, una piscina con poco agua, el agua de una manguera o un balde. “El niño no va a correr riesgo de vida y va concebir ese volumen como amistoso y divertido. Esto forma parte de una conducta de educación de cómo concibe el mundo sin estar conviviendo con un accidente que siempre está latente”, aseguró.

Educación y conciencia: el rol de los padres.

Desde hace 45 años existe el Infant Swimming Resource (ISR), un método que enseña a los niños habilidades específicas de autorrescate acuático. En Uruguay, Guadalupe Herraiz lo enseña desde hace cinco años. Además, dicta clases de natación para niños de entre 1 año y hasta 6 años. La Escuelita de Natación Segura funciona en Carrasco y Punta del Este. Además, cuenta con la fundación Nademos por los Niños y desde hace años pelea para que el Parlamento apruebe un proyecto de ley sobre prevención del ahogamiento infantil.

La pediatra Alicia Fernández escribió recientemente en una columna en Eme que hay múltiples factores de riesgo sobre los que los padres pueden actuar: “En el caso de los niños, la falta de supervisión adecuada es uno de los principales; en el caso de los adolescentes, la falsa seguridad, el asumir riesgos y la falta de concientización sobre los peligros que implican algunas actividades”.

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