JOSEFINA MARTORELL

Médicos Sin Fronteras:"Llegás y prendés la luz o te podés bañar y eso es un lujo"

La directora general de la oficina de MSF para América del Sur de habla hispana, Josefina Martorell, tiene como objetivo que más uruguayos colaboren y sean voluntarios en la organización.

Josefina Martorell, directora general de la Oficina de MSF para América del Sur de habla hispana. Foto: F. Ponzetto
Josefina Martorell, directora general de la Oficina de MSF para América del Sur de habla hispana. Foto: F. Ponzetto

Cuando alguien piensa en la organización Médicos Sin Fronteras (MSF), piensa en que quienes trabajan en ella son probablemente médicos, enfermeros y técnicos vinculados a la salud. Sin embargo, muchas más personas pertenecen a la organización y su profesión no está relacionada con la medicina. Tal es el caso de Josefina Martorell, quien asumió como directora general de la oficina de MSF para América del Sur de habla hispana, y cuya profesión es economista.

—¿Cómo llegó una economista a MSF?
—Estudié economía en la Universidad de Buenos Aires y después relaciones internacionales en la Universidad de Barcelona. Siempre había querido trabajar en MSF, pero pensaba que tenía que ser médico. Las vueltas de la vida hicieron que mientras estaba en España fuera a una charla de una chica que trabajaba en Cruz Roja y contaba su experiencia. Ella era enfermera y le comenté que yo era economista, que me interesaba y me guió para que me presentara. Con la ayuda de una conocida armé el currículum, lo subí a la plataforma de MSF y entré en el proceso de selección que duró unos seis meses. A partir de entonces me ofrecieron irme a República Democrática de Congo en una misión de cinco meses, que terminaron siendo 14 meses.

—¿Qué misiones hiciste?
—Después de Congo me fui a Níger —no Nigeria, es un país diferente—, que es un lugar muy pobre porque tres cuartos del territorio son desierto y que tiene la mayor tasa de fertilidad del mundo; después me fui a República Centroafricana y Sudán del Sur. Con otra organización me fui a Afganistán. La mayor parte de mis misiones fue en África y en esta parte del mundo creemos que es como un país grande, en realidad es un continente muy rico con muchos países que no tienen nada que ver el uno con el otro y fue la experiencia más rica que tuve.

—¿Qué fue lo que más te sorprendió en las misiones?
—Cuando llegué a la primera misión me sorprendían cosas a las que no les damos valor acá, como tener agua corriente y electricidad. Esas cosas al principio me causaron mucha sorpresa, aunque después como a todo me acostumbré. El impacto fue cuando volví también, que llegás y prendés la luz o te podés bañar y eso es un lujo.

— ¿Qué te generó impacto?
— Me shockearon los conflictos que ocurren y que se justifican a través de la religión o las etnias. La verdad es que hay muchos temas que son puramente económicos y que no son solamente los estados africanos que se están peleando, sino que termina siendo un poco como una consecuencia y una geopolítica mundial. Me sorprenden las consecuencias en estos países sobre todo en las personas más vulnerables; me duele lo poco que desde occidente le damos bola a estas cosas, estas realidades. Al mismo tiempo, hay comunidades que hoy viven en lugares súper aislados que te señalan y te dicen blanco en suajili, porque nunca vieron un blanco y están aislados del mundo global. Esas cosas me sorprendieron y me chocaron de buenas y malas maneras.

Josefina Martorell, directora general de la Oficina de MSF para América del Sur de habla hispana. Foto: F. Ponzetto
Josefina Martorell, directora general de la Oficina de MSF para América del Sur de habla hispana. Foto: F. Ponzetto

—¿Y desde el punto de vista de la naturaleza?
— El lugar que más me impactó fue el Congo. Por ejemplo, ahí MSF tiene un proyecto en un lugar que está a 300 km de la ciudad, pero que en auto eran cinco días y por eso teníamos que ir en una avioneta. Llegabas al lugar y simplemente queda la naturaleza pura y cómo viven esas comunidades en lo que es selva real. Además, lo que más me impactó es que el Congo siendo el más rico en recursos naturales del mundo, tiene uno de los menores PBI per cápita.

—¿Qué hiciste en tus misiones?
—Como licenciada en economía me ocupaba de la parte financiera. Como organización trabajamos más en 70 países y tenemos un 97% de fondos privados. Hay seis millones de personas que son donantes o socios que nos dan apoyo. Tenemos que responder a todas estas personas y hacer las cosas de manera transparente para mostrar que hacemos las cosas bien y llegan al beneficiario final.

¿Cómo es tu trabajo ahora?
—Como directora de América del Sur de habla hispana coordino las distintas áreas. Manejamos operaciones y las actividades que se hacen en la región. Además, trabajamos para visibilizar el trabajo de la organización. Tenemos gente que se llama ‘personal internacional’ que son quienes se van a las misiones, entre ellos uruguayos. Después está la recaudación de fondos, en Uruguay hay alrededor de 14.000 colaboradores que donan todos los meses para apoyar a la organización.

—¿Cuáles son tus objetivos en el cargo?
— El principal objetivo es aportar cada vez más recursos al movimiento, principalmente de voluntarios en el mundo que quieran trabajar en la organización. Además, ahora reportamos a España y queremos independizarnos a tener el centro regional en América del Sur. Sin contar con Brasil, en la región hay alrededor de 150.000 personas que donan en mayor o menor medida de sus posibilidades a la organización y buscamos que eso siga creciendo.

¿Cómo colaborar con Médicos Sin Fronteras?

Desde hace algunos meses, diferentes colaboradores de Médicos Sin Fronteras recorren las calles de Uruguay buscando más don antes para hacer crecer las misiones de la organización. Con un mínimo de $290 mensuales, por ejemplo, se pueden comprar 26 raciones de alimento terapéutico contra la desnutrición, indica el sitio de la ONG. Las suscripciones pueden hacerse por la web de MSF y abonarse con tarjetas de crédito y débito.

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