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Leche materna, vajilla y bastidores de bordar: los exóticos materiales que usan las joyeras uruguayas

Cindy Kleist, María Lasarga y Virgina Sosa escuchan las historias que llevan sus clientes y las transforman en accesorios de diseño.

Perla de leche materna, Foto: Cindy Kleist
Perla de leche materna, Foto: Cindy Kleist

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Desde porcelana antigua y bastidores de bordar, hasta leche materna cristalizada. Tres diseñadoras uruguayas experimentan con materias primas fuera de lo común para crear joyas con historia. Las tres cuentan con líneas de productos prediseñados, pero coinciden en que una de las partes más valiosas de su trabajo es conocer las anécdotas que les llevan sus clientes, escuchar sus historias de vida y transformarlas en alhajas que llegan a costar hasta $ 9.100.

Collares de leche

El objetivo que tenía Cindy Kleist cuando se le ocurrió crear una perla con leche materna era lograr atesorar ese momento efímero. Cuando nació su hija Emma, hace 3 años, tuvo complicaciones con la lactancia y eso la hizo valorar el acto de amamantar y querer conservarlo. Por eso quiso buscar la manera de transformar ese momento especial en algo tangible.

“Lo primero que probé fue poner gotitas en el horno en una asadera, pero se quemaron”, recuerda a El País Kleist. Si bien las perlas hechas con leche materna existen en otros países, la diseñadora asegura que nunca pudo encontrar la “receta mágica”. A prueba y error logró cristalizar las gotas de leche y convertirlas en una perla, un elemento que se destaca en su catálogo de joyas.

Cindy Kleist
Las piezas con perlas de leche materna cuestan de $ 3.000 en adelante. Foto: Cindy Kleist

Según la diseñadora, las perlas de leche materna son cápsulas que contienen un pedacito de vida. Las clientas deben llevar -o enviar- aproximadamente 10 mL de leche para realizar la pieza, en un recipiente esterilizado como una jeringa. Luego de 20 días se obtiene la resina, que se incorpora al anillo, colgante o pulsera.

“Hace unos meses vino el futuro papá cuando faltaban pocos días para el nacimiento de su primer hijo. Estaba muy emocionado y ansioso esperándolo y quería sorprender a su mujer con una joya con leche materna, nada más único, significativo y personal para una mamá. Al nacer el bebé nos trajo la leche y cuando vio la pieza se emocionó mucho”, cuenta la diseñadora.

Ver las reacciones de sus clientes es la parte que más la conmueve de su trabajo. “Para los clientes es como venir a terapia”, dice y asegura que escuchar esas historias es una responsabilidad muy grande porque la lactancia es algo muy emotivo pero que a la gente le cuesta compartir.
Atraer al público uruguayo fue difícil. “Fue raro el proceso, mucha gente decía que era un asco”, recuerda Kleist. Sin embargo, hoy en día recibe encargos de perlas de leche materna durante todo el año, no solo en vísperas del día de la madre. Y para su sorpresa, muchos de los que solicitan este tipo de joyas son hombres. Las piezas con perlas de leche materna cuestan de $ 3.000 en adelante.

Aunque las perlas de leche materna se destacan en su catálogo, la diseñadora también recibe muchos pedidos de reciclaje de alhajas antiguas. Una abuela llega al atelier de Kleist con un prendedor de oro, y se va con 3 anillos, uno para cada una de sus nietas. Muchos eligen guardar las reliquias familiares, pero cada vez son más los que eligen utilizar esos materiales y transformarlos en otro accesorio más moderno al que puedan darle más uso. La diseñadora asegura que si el cliente lo solicita también puede evaluar hacer accesorios a partir de otros materiales. Para Lucía Soria, por ejemplo, realizó un trabajo inspirado en pasas de uva.

La hora del té

María Lasarga
A partir de un plato de porcelana la diseñadora puede crear varios colgantes. Foto: María Lasarga

María Lasarga es diseñadora Industrial. Estudió en Uruguay y ganó una beca en Italia para aprender a fabricar joyas. Ahí fue donde aprendió el oficio de la forma más tradicional, pero lo combinó con su formación previa para fundar el emprendimiento que lleva su nombre desde hace nueve años.

La idea de hacer joyería con pedazos de porcelana surgió cuando a una amiga suya se le rompió un plato del juego de té de su abuela y le pidió que le hiciera un anillo con una de las partes rotas. Si bien en su catálogo ofrece diseños clásicos, lo que más caracteriza el estilo de Lasarga son las piezas de porcelana antigua. En su catálogo tiene algunos diseños, pero también ofrece a los clientes la posibilidad de llevar su propia porcelana. Muchos eligen este método como una manera de dividir un único tesoro familiar. De un plato de té pueden salir varias joyas que se pueden repartir entre varios miembros de una familia. “En general me llega vajilla rota, cascada, o manchadas, si no trato de preguntar si no tienen alguna pieza que esté rajada, para no romper una que esté sana”, explica Lasarga a El País. Por eso prefiere los platos, ya que facilitan el recorte, las tazas tienden a romperse más por su curvatura.

Los accesorios de esta colección bautizada “La hora del té” cuestan entre $ 3400 y $ 9100. Si son personalizados, es decir hechas con un plato o taza de porcelana que lleva el cliente, demoran dos semanas.

María Lasarga
Los clientes pueden llevar sus propias piezas de porcelana antigua para reciclar. Foto: María Lasarga

Para Lasarga estas piezas tienen buena recepción en el mercado local porque son muy tradicionales, que recuerdan a la abuela, a la madre y a las reuniones familiares. Además permite extender la vida de algo que iba a dejar de usarse o eventualmente se iba a romper. En muchos casos la vajilla antigua no se puede usar ni en el lavavajilla ni en el microondas, pero al tener un valor afectivo se conservan. Al transformarse en una joya se alarga la vida de esos objetos y se les da otro valor.

Historias en 3cm.

Nuevo Reino
Los pequeños bastidores de bordar funcionan como marco para estos colgantes personalizados. Foto: Virginia Sosa

Virginia Sosa es capaz de contar historias en un diámetro de 3 cm. Los colgantes bordados están cargados de simbología. Ella se compara con una tatuadora, ya que sus clientes la contactan, le cuentan un montón de ideas y anécdotas, y ella las baja a tierra. Es que eso es lo que tiene el bordado, y según la creadora de Nuevo Reino -así nombró su emprendimiento de bordado- ese es uno de los motivos por los que el bordado volvió a ponerse de moda. “Hoy estamos hiperconectados, pero a través de algo volátil. El bordado es algo tangible es bajar la pelota al piso y conectarse con el proceso”, explica a El País.

Los que buscan su trabajo saben que es bordadora, y que una pieza puede llevarle una semana. Pero también saben que vale la espera. Lo que más le gusta es poder contar historias, escuchar lo que quiere el cliente, mezclarlo con colores y símbolos, y con una aguja convertir todo eso en un accesorio valioso, un amuleto. Los colgantes de Nuevo Reino vienen en distintos soportes, con borde de metal o de madera, y cuestan alrededor de $ 1.000.

Nuevo Reino

Los colgantes de Nuevo Reino cuestan alrededor de mil pesos.

El bordado tiene mucha carga emocional, “creo que hay pocas imágenes que tengan un olor tan marcado como los costureros, ¿quién no se acuerda del costurero de su abuela?”, se pregunta la bordadora. Sin dudas, la lata de galletas danesas hizo a más de un niño uruguayo decepcionarse, al encontrarse con hilos, agujas y botones en vez de galletitas. Ese es uno de los motivos, por los que cada vez más gente se esté interesando por el bordado.

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