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Desde visitas a escuelas rurales a un hospital de tortugas, el modelo único del Colegio Santa Elena

Con dos sedes y más de 1600 alumnos, el centro propone un nuevo modelo de aprendizaje en base a las características de cada uno de ellos. 

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Los alumnos reciben una formación muy rica en contenidos, pero también en actividades que alimentan el cálculo, la planificación y la comunicación.

La tecnología y los cambios culturales traen nuevas formas de enseñar, y abrazar estos paradigmas es la misión del Colegio Santa Elena. La institución tiene una tradición de 135 años en educación, y entre sus sedes de Buceo y Lagomar reúne a más de 1600 alumnos. Su propuesta combina la exigencia académica y la recreación con la formación en valores y el respeto al medio ambiente, al punto de que es el primer colegio del país con su propio hospital de tortugas.

Según Pablo Cayota, director del Colegio Santa Elena, estamos ante un cambio de época, y es un momento magnífico para romper el molde y experimentar. Mientras que hace algunos años el docente dirigía a un grupo homogéneo y programado para escuchar, hoy existe mayor diversidad y bilateralidad en el salón de clases. En este contexto, el desafío es lograr una formación personalizada, que alimente las habilidades individuales y al mismo la interacción entre estudiantes.

Para ello, una de las claves es el desarrollo de las competencias. La educación del colegio va desde los dos años hasta sexto de liceo, y a lo largo de este proceso los alumnos reciben una formación muy rica en contenidos, pero también en actividades que alimentan habilidades fundamentales como el cálculo, la planificación y la comunicación.

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Pablo Cayota, director del colegio Santa Elena, frente al edificio de la sede Lagomar.

Esto está muy vinculado al Aprendizaje en Base a Proyectos, una metodología que expone a los estudiantes a situaciones reales para resolverlas en equipo. Por ejemplo, una tarea muy habitual es estudiar la eficiencia energética del colegio. Los alumnos aprenden sobre el uso de energía, identifican las áreas de déficit, y finalmente elaboran un proyecto de ahorro con la ayuda de los profesores.

Este formato obliga a los estudiantes a salir a buscar las respuestas. Tienen que estudiar e intercambiar con sus pares, y en ese proceso identifican sus fortalezas y debilidades y las ponen al servicio del grupo. “Esta metodología es una forma de aprendizaje en sí misma, y una nueva manera de entender la docencia”, explica el director.

Un colegio inclusivo

La regla de oro en el Colegio Santa Elena es “educar en libertad”. Si bien es una institución de origen católico, su perfil laico abraza a estudiantes de toda creencia y pensamiento. Pero también se refiere a las herramientas pedagógicas, de manera que cada docente despierte a su manera la vocación de aprendizaje. En este escenario, hay una fuerte apuesta a la profesionalización de los docentes, con talleres y seminarios que atraen a especialistas nacionales e internacionales. Un ejemplo de ello es la Feria de Buenas Prácticas en la Educación, que este año llegó a su séptima edición.

Otra característica es la cantidad de personal, con un ratio de un educador cada 10 alumnos, que asegura un seguimiento cercano. “Somos un colegio inclusivo, tanto para aquellos niños que tienen dificultades como para quienes tienen mucha capacidad. Entendemos que ser exigentes no es someter a los niños a exámenes difíciles, sino personalizar los procesos de aprendizaje para que cada uno alcance el 100% de su potencial”, asegura Cayota.

Este principio atraviesa todo el espectro de inteligencias múltiples. En materia de arte, Santa Elena tiene coro, teatro en español e inglés, danza y talleres de plástica. La expresión corporal se entrena desde los primeros años con gimnasia acuática y artística, y a medida que crecen suman fútbol, handball, voley, hockey y un abanico de actividades deportivas.

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En materia de arte, Santa Elena tiene coro, teatro en español e inglés, danza y talleres de plástica.

El colegio tiene convenios con clubes polideportivos como Malvín, Huracán Buceo, Centro Gallego, Banco República, club Lagomar y Four Seasons, para que los alumnos tengan todas las instalaciones necesarias para practicar su deporte preferido, y compite en ADIC y la Liga Universitaria, torneos que no solo atraen a estudiantes sino también a ex alumnos y padres.

En materia de tecnología, posee “aulas móviles” equipadas con más de 30 notebooks, que a pedido del docente se reparten en clase y se utilizan como una herramientas más, y a partir de primero de escuela los chicos empiezan a aprender sobre robó tica, con proyectos que unifican varias áreas y logran enfoques interdisciplinarios.

Egresados bilingües y trilingües

El inglés está presente desde los primeros años, con un enfoque de bilingüismo por adición y logrando un enfoque integral. La mayoría de los alumnos incluso egresa con nivel de First o Proficiency, el examen que prepara para ser docentes de esta lengua. Además, tienen la opción de estudiar portugués y finalizar los estudios con el examen CELPE BRAS, que permite ingresar a las universidades de Brasil.

Aula extendida

También se aprende fuera del salón de clases. Uno de los objetivos del Santa Elena es formar buenos ciudadanos, y esto implica no solo educación social y cívica sino servicio a la comunidad. Por ejemplo, en los campamentos de trabajo solidario los alumnos realizan tareas en barrios de contexto crítico, y con el proyecto Ocasión hacen de tutores para niños con dificultades de aprendizaje. Incluso hay un programa de Informática para Abuelos, donde los adolescentes de segundo de liceo hacen de docentes para los adultos mayores y los introducen a las nuevas tecnologías.

Este concepto de aula extendida también se vincula a los viajes. A través del programa Expedición Uruguay, los alumnos de tercero de liceo aprenden en clase sobre la historia, geografía e industria de los departamentos del Uruguay profundo, y luego realizan un viaje de más de 2000 km por el interior donde constatan lo estudiado con la realidad. En ese recorrido disfrutan de paisajes y recorren pueblos, pero también conocen niños de las escuelas rurales.

Esta iniciativa se complementa con el programa Ver el Mar, en el que el colegio y las familias reciben a niños del interior. En este punto hay una especial relación con el liceo Tomás Gomensoro de Artigas. A partir de cuarto de liceo los alumnos conocen los países latinoamericanos de la región y y Europa, con un programa cultural y de intercambio estudiantil con una experiencia de inmersión en la lengua inglesa en Oxford.

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La propuesta deportiva incluye fútbol, handball, voley, hockey y un abanico de actividades. 


Otro aspecto llamativo es que el colegio forma parte de la red ambiental de Ciudad de la Costa, participando de distintas incitiativas. A modo de ejemplo, si uno pasa por esta rambla puede ver las palmeras que plantó hace cinco años con motivo de su aniversario 130, una por cada año, y que hoy crecen gracias al trabajo conjunto de educadores y alumnos.

Por último, un proyecto único es Tortugas, que se lleva adelante por parte de Educación Inicial en conjunto con la ONG Karumbé, dedicada a la protección de biodiversidad marina. El programa fue premiado por la organización Mundial de Educación Pre-Escolar, y consiste en la creación de hospitales de tortugas en el Colegio de Montevideo y en el apadrinamiento y rehabilitación por parte de los alumnos.

“Con este proyecto los niños aprenden sobre ciencia, biología, y contaminación. Pero también hay un aspecto emocional, ya que cuidan de los animales, se encariñan y finalmente deben liberarlos en su hábitat natural aprendiendo a soltar y liberar, con todo lo que eso implica. Hay escuelas de todo Montevideo que vienen al colegio a visitar los hospitales, y para nosotros es un verdadero orgullo”, concluye el director.

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El programa Tortugas fue premiado por la organización Mundial de Educación Pre-Escolar.


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